La histórica cita del noveno arte en Francia se hunde entre boicots, denuncias por mala gestión y una guerra abierta con las instituciones públicas
El que debía ser un año más de celebración para el Festival Internacional de Cómic de Angoulême ha acabado convirtiéndose en un ejemplo de cómo arruinar uno de los eventos más importantes del mundo del cómic. La edición de 2026 ha sido cancelada oficialmente, y la noticia ha sido tan ruidosa como los escándalos que la preceden: acusaciones de sabotaje, retirada de fondos públicos, denuncias por violencia sexual mal gestionada, boicots masivos y un ambiente laboral que muchos han calificado de “tóxico”.
Angoulême 2026, una crónica de una muerte anunciada
Los rumores ya venían desde hace semanas. El frenazo en los preparativos del evento más prestigioso del cómic europeo, solo por detrás de Comiket en Japón y Lucca Comics & Games en Italia, no presagiaba nada bueno. Ahora se confirma: Angoulême 2026 no se celebrará, y el comunicado de la empresa organizadora 9eArt+ no se ha cortado un pelo. En él, se acusa directamente a los organismos públicos de interferir de forma deliberada con el objetivo de expulsarles del control del festival.

“La responsabilidad recae sobre los financiadores públicos que, con intención manifiesta, han saboteado la continuidad del festival”, ha declarado Franck Bondoux, fundador de 9eArt+, señalando que las subvenciones —en torno a 1,5 millones de euros anuales— son indispensables para su organización. Sin ese apoyo económico de Estado, región y municipio, no había forma de sacar adelante la edición de 2026.
Para más inri, el propio ayuntamiento, con el alcalde Xavier Bonnefont al frente, había convocado una rueda de prensa días antes para criticar abiertamente la gestión del evento y sugerir que era hora de un relevo.
Una bomba que lleva un año cocinándose
La tormenta no apareció de la nada. El conflicto viene gestándose desde enero de 2025, cuando se reveló que una trabajadora fue despedida tras denunciar una violación durante la edición anterior. Desde entonces, la confianza en la gestión privada de 9eArt+ se ha ido desmoronando.
En noviembre estalló el escándalo con una cascada de boicots. Más de 20 ganadores del Grand Prix —incluidos gigantes como Riad Sattouf, Jacques Tardi o Anouk Ricard— anunciaron que no participarían. Editoriales como Dargaud, Dupuis, Glénat o Delcourt se sumaron al rechazo, y colectivos de autoras como el movimiento #Girlcott señalaron al festival como símbolo de todo lo que va mal en la industria del cómic: machismo, precariedad, opacidad y exclusión.
La gota que colmó el vaso fue la decisión del Ministerio de Cultura, liderado por Rachida Dati, de retirar una ayuda de 200.000 euros. Se ofreció una posible restitución si los creadores respaldaban la continuidad del festival, pero esa mano tendida no encontró respuesta.
¿Y ahora qué? El futuro, en el aire
El panorama para los próximos años es incierto. Aunque 9eArt+ ha recordado que el festival les pertenece legalmente, también abren la puerta a una transición negociada hacia un nuevo modelo de gestión. Mientras tanto, ciudades como Saint-Malo o Colomiers ya están recogiendo el testigo y reportan un aumento de interés por parte de autores y editoriales que han abandonado Angoulême.
Desde la ADBDA (Asociación para el Desarrollo del Cómic en Francia), ya se está trabajando en una nueva licitación para 2028. Se baraja una estructura mixta con control público y participación directa de los creadores. Pero la sombra del desastre de 2026 pesa mucho, y la confianza del sector está gravemente dañada.
Lo que está claro es que el Angoulême que conocíamos ha muerto. Y lo ha hecho devorado por la burocracia, la falta de transparencia y un sistema que olvidó que los protagonistas del cómic son quienes lo crean.


