Hacemos un repaso a los juegos de mundo abierto que entendieron que explorar es mucho más que seguir una misión
Videojuegos de mundos abiertos
Los ejemplos más brillantes no siguen un patrón concreto. Unos apuestan por el horror marino, otros por el western más sucio, y otros por viajes espaciales que harían sudar a Neil Armstrong. Pero todos comparten algo: ponen la libertad por delante de la narrativa, y aun así logran contar historias memorables.
Libertad bajo el agua y con criaturas que mejor no enfadar
Puede que Subnautica no se venda como juego de terror, pero quien haya descendido demasiado rápido sabe que el océano tiene su propia manera de decir “no vuelvas por aquí”. La gracia es que el juego no te empuja a nada. Te deja explorar arrecifes coloridos, ruinas alienígenas o abismos imposibles mientras sigues una historia lo suficientemente abierta como para que la vivas a tu ritmo.
Su apuesta por un planteamiento narrativo flexible hace que cada partida se sienta distinta. Y sí, también porque nunca sabes qué demonios va a salir de la oscuridad para examinar tu submarino como si fuera una lata de sardinas.
El multijugador donde las risas importan tanto como el botín
El juego no te obliga a seguir un camino concreto. Puedes perseguir tesoros, cazar monstruos marinos o dedicarte a tocar la concertina mientras tu barco se hunde. La libertad aquí se vive en equipo, y ese es su mayor encanto.
El rey absoluto del caos organizado
A estas alturas, sería raro encontrar a alguien que no haya intentado despegar un coche por una montaña en GTA V… y fallado estrepitosamente. El secreto de su éxito es sencillo: Rockstar diseñó un mundo tan lleno de posibilidades que incluso ignorar la historia principal puede convertirse en otro tipo de narrativa.
Los Santos es una ciudad que reacciona, vibra y se deja explorar sin prisas. Y aunque la historia de Michael, Franklin y Trevor es una de las más potentes del género, la verdadera esencia del juego está en lo que haces cuando “no estás haciendo nada”.
Del desastre inicial a la libertad futurista
Pocas redenciones han sido tan espectaculares. Lo que empezó como un lanzamiento desastroso se ha convertido en uno de los mundos abiertos más densos y estimulantes de la ciencia ficción. Night City es un organismo vivo, una ciudad que respira excesos, violencia corporativa y tecnología inestable.
Fantasía medieval como patio de recreo
Sí, Skyrim tiene dragones, magia y un destino épico para el jugador. Pero, siendo sinceros, la mayoría entramos para perder horas robando quesos, uniendo gremios o intentando escalar montañas que claramente no estaban pensadas para eso. Y ahí está su encanto.
Su mapa inmenso, sus misiones opcionales y esa sensación de que siempre hay algo nuevo detrás de la siguiente colina hicieron que se convirtiera en un clásico inmortal.
El oeste jamás fue tan real
Lo fascinante es su capacidad para hacerte sentir parte de ese universo, como si Arthur Morgan existiera más allá de la pantalla. Cada campamento, cada encuentro aleatorio, cada paseo a caballo… todo transmite una autenticidad arrolladora.
La libertad convertida en galaxia infinita
Lo que empezó como un experimento polémico terminó siendo el mayor triunfo de la libertad creativa en videojuegos. Con sus mundos generados proceduralmente, cada jugador construye su propia aventura. Puedes colonizar planetas, explorar galaxias o usar tu tiempo para pescar criaturas extraterrestres porque, sinceramente, ¿por qué no?
No hay un límite claro, ni una ruta ideal. Solo un universo gigantesco esperando a que lo moldees a tu gusto.


