Riordan reconoce que la adaptación televisiva permite que ciertos gestos y silencios entre ellos tengan más fuerza. Las emociones se ven, no solo se leen, y eso inevitablemente crea una tensión que los libros solo dejaban entre líneas. Aun así, insiste en mantener el ritmo lento y respetuoso de su relación, porque la historia original funciona precisamente por esa construcción a fuego lento.
El autor fue directo, quizá demasiado: “Y, oh, boy, esperad a ver la tercera temporada.” Vamos, que algo viene. Algo grande. Y probablemente algo que hará que los fans empiecen a teorizar como si estuvieran descifrando profecías del Oráculo.
Además, está el elefante —o mejor dicho, el cíclope— en la habitación: los actores crecen. Y eso afecta a cómo percibimos la relación. Riordan lo explicó sin rodeos: ver a los intérpretes más mayores inevitablemente lleva al público a leer dinámicas más maduras. Pero, dentro de la historia, Percy y Annabeth siguen en modo “crisis constante”.
Por otro lado, Annabeth tiene uno de los arcos más interesantes del conjunto. Su inteligencia, su inseguridad y su necesidad de demostrar que puede brillar sola suelen convertirse en motores narrativos poderosos. La serie podría profundizar todavía más en esa tensión entre la herencia de Atenea y su propia identidad, lo que inevitablemente repercutirá en su relación con Percy. Y sí, eso nos deja a todos deseando que Disney+ renueve la temporada 3 ayer.