Timothée Chalamet presume de su mejor interpretación mientras medio Hollywood decide si aplaudirle o tirarlo a las bestias
Un actor que ya tiene derecho en Hollywood
Y Marty Supreme parece ser el punto de inflexión donde todo eso converge.
Dirigida por Josh Safdie y producida por A24, la película es un retrato libre de Marty Reisman, una leyenda del tenis de mesa cuya fama explotó entre finales de los años 40 y principios de los 50. No es un biopic clásico ni pretende serlo. Aquí hay exageración, sudor, ego y obsesión. En resumen: material perfecto para que Chalamet se luzca.
El propio actor lo deja claro en la entrevista:
“Llevo siete u ocho años entregando interpretaciones realmente comprometidas, de primer nivel. Y es importante decirlo en voz alta para que no se dé por hecho.”
¿Sobra seguridad? Puede
Y los resultados acompañan. Marty Supreme ya ha logrado tres nominaciones a los Globos de Oro, incluyendo Mejor Película (Musical o Comedia), Mejor Guion y Mejor Actor para el propio Chalamet. No está mal para alguien que, según ciertos sectores de internet, “solo pone caritas intensas”.
La sinopsis de la película no podría encajar mejor con el momento vital del actor:
“La historia de un joven con un sueño que nadie respeta, que va al infierno y vuelve en busca de la grandeza.”
Cambiad el ping-pong por el cine y tenéis casi un autorretrato no oficial.
Todo apunta a un hito en su carrera
Safdie y su coguionista Ronald Bronstein construyen aquí un relato que huye del clasicismo y apuesta por el caos emocional, algo muy en la línea del cine del director. Y en medio de ese torbellino, Chalamet parece moverse como pez en el agua, canalizando ambición, vulnerabilidad y arrogancia en un mismo personaje.
Ahora bien, la gran pregunta sigue en el aire:
¿Es Marty Supreme realmente su mejor trabajo?
Puede gustar más o menos su actitud, pero una cosa es segura: Timothée Chalamet no juega a ser promesa. Juega a ser legado.


