28 años después: El Templo de los huesos – Entre el heavy metal y el apocalipsis zombi

28 años después: El Templo de los huesos
Panini

La saga de Danny Boyle y Alex Garland, 28 años después, regresa con una secuela que cambia de director pero no de ambiciones. Nia DaCosta toma el relevo para continuar donde nos dejó la anterior entrega, aunque el resultado es tan irregular como fascinante.

28 años después: El Templo de los huesos

Si la película de 2024 funcionaba como un cuento alegórico sobre el Brexit y la identidad británica, 28 años después: El Templo de los huesos opta por un camino más visceral y menos sutil. El templo de huesos que da título al film es una estructura inquietante creada por el Dr. Ian Kelson (Ralph Fiennes), quien continúa sus experimentos con los infectados “alfa” mientras el mundo sigue hundiéndose en el caos.

La trama de 28 años después: El Templo de los huesos arranca justo donde terminó su predecesora: Spike (Alfie Williams) cae en manos de Sir Lord Jimmy Crystal (Jack O’Connell) y sus “Fingers”, una pandilla de psicópatas con pelucas rubias y chándales que rinden culto al diablo. Si esto te suena a La Naranja Mecánica mezclada con Mad Max, vas bien encaminado.

Fiennes se come la película (literalmente)

Ralph Fiennes es lo mejor de esta película. Su interpretación del doctor cubierto de yodo naranja que baila al ritmo de Iron Maiden y Duran Duran es puro cine. Verle bailar “The Number of the Beast” disfrazado de demonio mientras negocia con una banda satanista es uno de esos momentos que justifican el precio de la entrada.

28 años después: El Templo de los huesos

El actor británico alterna momentos de ternura con su paciente zombi Samson (Chi Lewis-Parry) con explosiones de locura desatada. Es como ver a Voldemort bajo los efectos de sustancias recreativas, y funciona sorprendentemente bien.

El problema del segundo acto

Aquí está el gran dilema: 28 años después: El Templo de los huesos se siente como una película de transición. No avanza demasiado la trama principal del universo y se dedica a explorar subtramas que, aunque entretenidas, parecen servir principalmente para preparar el terreno de la tercera entrega.

28 años después: El Templo de los huesos

El cambio de director se nota. DaCosta intenta emular los códigos visuales de Boyle sin terminar de conseguirlo, resultando en una experiencia más pulida técnicamente pero menos visceral y urgente que sus predecesoras. El montaje paralelo entre las diferentes tramas (Kelson investigando, los Jimmies sembrando el terror) resulta a veces confuso.

Por otro lado, esta es probablemente la entrega más sangrienta de la franquicia. Las escenas de tortura y sadismo perpetradas por la banda de Jimmy Crystal son genuinamente perturbadoras. Hay familias desolladas, crucifixiones y un nivel de gore que supera con creces a las películas anteriores.

El tono de 28 años después: El Templo de los huesos oscila entre el drama existencial y un humor negro que no siempre encaja. La caricatura extrema de los villanos, aunque interpretada con convicción por O’Connell, puede sacar al espectador de la experiencia.

La película plantea preguntas interesantes sobre fe, razón y supervivencia en un mundo destrozado. El enfrentamiento entre el científico ateo (Fiennes) y el fanático religioso (O’Connell) tiene momentos brillantes, aunque la ejecución no siempre esté a la altura de las ideas.

28 años después: El Templo de los huesos

Los zombis, curiosamente, quedan relegados a un segundo plano. La verdadera amenaza son los humanos supervivientes y sus diferentes formas de afrontar el colapso civilizatorio.

Veredicto

28 años después: El Templo de los huesos es una película extraña y desigual que funciona mejor en sus momentos individuales que como conjunto. Fiennes entrega una actuación memorable, la dirección de fotografía es competente y hay escenas realmente impactantes. Pero se siente incompleta, como el capítulo intermedio que efectivamente es.

Si eres fan incondicional de la saga, es visionado obligatorio. Si disfrutas del cine de terror extremo con reflexiones sobre la naturaleza humana, encontrarás cosas que apreciar.

Para los completistas de la saga: imprescindible. Para el resto: esperad a tener el tríptico completo antes de juzgar. Porque esta es una película que parece diseñada para cobrar sentido con el final de la trilogía.

28 años después: El Templo de los huesos

Puntos fuertes: Ralph Fiennes desatado, Jack O’Connell carismático incluso en la villanía, momentos visuales impactantes.

Puntos débiles: Trama que no avanza lo suficiente, tono irregular, se siente como una película de transición.

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