Conoce al Vengador que quiso reformarse vuelve al crimen y su confesión es devastadora
La caída de un Vengador
Las calles de Manhattan están que dan pena: delitos menores por todas partes y un ambiente de crispación que ni en un Black Friday mal organizado. En medio de este caos, Felicia se cruza con Tombstone, ahora convertido en el jefe del crimen de la ciudad. Y sorprendentemente, es “el razonable” de la ecuación. Compra la historia de que Hardy está jugando a superheroína para eliminar competencia, pero eso no significa que vaya a dejarla suelta como si nada.
Para asegurarse de que no arruine sus planes, Tombstone la entrega a alguien con músculo, historial criminal… y carnet de vengador: William Baker, el hombre que el mundo conoce como Sandman.
Así, sin anestesia. Felicia se queda helada… y nosotros también. Porque la frase, además de ser honesta, abre la puerta a un drama personal que lleva años cociéndose.
Un villano clásico atrapado en un bucle
Sandman ha ido y venido más veces entre el bien y el mal que las suscripciones de Netflix en época de crisis. Procedente del catálogo histórico de enemigos de Spider-Man, fue miembro fundador de los Seis Siniestros, parte de los Frightful Four y un dolor de cabeza recurrente para cualquier héroe con mala suerte. Pero con el tiempo empezó a plantearse si convertirse literalmente en arena era lo peor que le había pasado.
Impulsado por Spider-Man y La Cosa, Baker trató de enderezarse, y hasta llegó a unirse oficialmente a Los Vengadores en 1990. Pero como en Marvel nunca dejan que la gente tranquila sea feliz, apareció Wizard, líder de los Frightful Four, y lo lavó el cerebro para devolverlo al lado oscuro.
Lo inquietante es que nadie —ni amigos, ni compañeros de equipo— se preguntó si esa repentina recaída quizá tenía truco. Y eso dejó cicatrices. Muchas.
Identidades rotas, lealtades quebradas
Su vida se volvió un carrusel de tragedias: llegó a desarrollar una personalidad dividida, con un “William Baker” heroico y un “Flint Marko” criminal luchando por el control. En ocasiones, esas dos versiones llegaban incluso a separarse físicamente. A todo esto se sumó la presión de proteger a su hija, introducida tras el éxito de Spider-Man 3, que presentaba un Sandman más humano.
En The Amazing Spider-Man #45 (2024) lo vimos buscando tratamiento para su trastorno, aparentemente decidido por fin a tomar las riendas de su propia historia. Pero su regreso en Black Cat #4 deja dos posibilidades igual de amargas:
o Flint Marko ganó la batalla interna, o William Baker está demasiado cansado para seguir luchando por el bien.
¿Qué significa esta caída para Marvel?
El regreso de Sandman al crimen no es solo una anécdota: abre un nuevo capítulo en el eterno debate marvelita sobre si un villano puede cambiar de verdad. La idea de que un héroe caído vuelve a la vida criminal por pura precariedad económica es un golpe directo al corazón del género… y quizá, precisamente por eso, funciona tan bien.
A partir de aquí, las puertas quedan abiertas para un arco de recuperación, una espiral aún más oscura o incluso un enfrentamiento emocionalmente incómodo entre Felicia y Sandman. Baker no es un villano al uso: cada vez que cae, parte del fandom cae con él.
El destino incierto de un héroe roto
Lo único claro es que Sandman sigue siendo uno de los personajes más humanos dentro de los villanos clásicos… quizá precisamente porque nunca termina de encontrar su lugar.
Black Cat #4 ya está disponible en librerías especializadas.


