Venom encuentra una nueva enemiga y se ve obligado a huir de Nueva York

Venom
Panini

Madame Masque convierte la identidad secreta de Mary Jane en un arma y empuja a Venom hacia una nueva etapa lejos de su hogar

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Durante un tiempo dio la sensación de que las identidades secretas estaban condenadas a desaparecer en los cómics. El cine había normalizado a héroes sin máscara pública y Marvel parecía cómoda con esa idea. Pero los tebeos, poco a poco, han ido corrigiendo el rumbo. Y Venom #253 es la demostración perfecta de por qué ese viejo recurso sigue siendo esencial. Lo que hace Al Ewing en este número es sencillo y cruel: convertir la identidad secreta en una debilidad real, tangible y peligrosa. Porque cuando un villano sabe quién eres… no necesita vencerte en combate.

Venom #253

En este punto de la serie, Mary Jane Watson como Venom ya no es una sorpresa, pero sí lo es la forma en la que esa revelación empieza a pasar factura. Madame Masque, consciente de quién se esconde bajo el simbionte, cumple su amenaza: o Mary Jane abandona Nueva York, o pagarán sus seres queridos. No hay discursos grandilocuentes ni planes rebuscados. Solo presión psicológica pura.

Este número marca además el cierre definitivo del desvío “Spider-Venom” y el regreso del dibujante habitual, algo que se nota desde la primera página. La historia vuelve a centrarse en Venom como concepto propio, no como extensión de Spider-Man, y eso refuerza la sensación de estar ante un nuevo comienzo… forzado y amargo.

El regreso inesperado de Paul suena mejor de lo esperado

Si hay un personaje que el fandom parecía haber desterrado sin posibilidad de indulto, ese era Paul Rabin. Y, sin embargo, Ewing vuelve a traerlo… y funciona. Ya no como pareja sentimental, sino como aliado incómodo, alguien que sigue orbitando alrededor de Mary Jane y de Dylan Brock.

La dinámica con Dylan es clave. El chaval lo acepta casi con naturalidad, y hay un momento sorprendentemente tierno cuando se pregunta dónde dormirá cuando vaya al nuevo piso de Paul. No era fácil humanizar a este personaje, pero aquí cumple una función emocional clara.

Incluso hay espacio para el humor cuando Paul menciona la versión de Friends de su universo alternativo. Un detalle pequeño, pero eficaz, que recuerda que su origen extradimensional no es solo una nota al pie.

Todo ese pequeño oasis se rompe cuando el apartamento de Paul es destruido. Mensaje recibido: Madame Masque no bromea.

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Madame Masque, villana sin complejos

Aquí no hay medias tintas. Madame Masque disfruta siendo malvada, y Ewing se recrea en ello. No busca redención ni complejidad moral forzada: abraza su rol de supervillana clásica, manipuladora y cruel.

Su posición dentro de A.I.M. también queda clara, eliminando competencia y dejando claro que el poder se ejerce, no se negocia. El momento en el que Flash Thompson avisa a Mary Jane mediante código Morse de que lleva un rastreador es uno de los más brillantes del número, tanto a nivel narrativo como visual.

Mary Jane decide usar esa vigilancia en su contra, fingiendo que se mudará a Los Ángeles. La escena del falso enfrentamiento con Paul, escuchado por los agentes de A.I.M., es puro oro: incluso los esbirros terminan tomando partido… casi todos contra Paul, claro.

Un despliegue artístico a la altura del golpe

El regreso de Carlos Gómez se nota, y mucho. Su trazo es agresivo, dinámico y muy físico, ideal para un Venom que se siente acorralado. El trabajo de Frank D’Armata potencia cada escena, especialmente las más tensas.

El código Morse, algo complicadísimo de representar en viñetas sin romper el ritmo, está resuelto con una claridad impecable. Y cuando toca acción, Gómez demuestra por qué es uno de los artistas más sólidos del título.

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Un futuro inquietante para Venom

La gran pregunta que deja Venom #253 es evidente: si Madame Masque puede atacar a cualquiera del entorno de Mary Jane, ¿qué la detendrá? Esa amenaza constante obliga al personaje a tomar una decisión drástica: alejarse de Nueva York.

No es una huida heroica, es una retirada estratégica. Y eso convierte este número en el verdadero punto de partida de una nueva era para Venom, más aislada, más peligrosa y con una enemiga que no necesita colmillos para hacer daño.

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