Marvel ha hecho algo inusual: crear una serie sobre sí misma. “Wonder Man” no es el típico espectáculo de superhéroes con villanos megalómanos y batallas espectaculares. Es una carta de amor a Los Ángeles, a la actuación y, sobre todo, un ejercicio de autocrítica disfrazado de comedia que resulta ser más drama del que esperábamos.
Wonder Man: un actor que quiere interpretar a un superhéroe (no al revés)
La premisa juega con las expectativas del espectador familiarizado con los cómics. En el material original, Wonder Man es un superhéroe que se convierte en actor. Aquí, los creadores Destin Daniel Cretton y Andrew Guest le dan la vuelta al guion: Simon Williams (Yahya Abdul-Mateen II) es un actor en apuros que daría cualquier cosa por interpretar en el cine al superhéroe clásico conocido como Wonder Man. Una ironía que resume perfectamente el tono de toda la serie.
Simon no quiere ser un vengador, quiere ser Daniel Day-Lewis. Sus dones son un obstáculo para alcanzar sus sueños de grandeza interpretativa, como explica el co-creador Andrew Guest.
Trevor Slattery roba la función (otra vez)
Si alguien pensaba que esta sería la consagración de Yahya Abdul-Mateen II como estrella del MCU, Ben Kingsley tiene otras ideas. Su Trevor Slattery, el actor británico venido a menos que ya conocimos en “Iron Man 3” y “Shang-Chi”, domina cada escena en la que aparece. No es culpa de Abdul-Mateen II, que hace un trabajo notable construyendo a un personaje ansioso y autoconsciente, sino que Kingsley simplemente es Kingsley.
La química entre ambos actores es el corazón palpitante de la serie. Son dos actores en extremos opuestos de sus carreras aprendiendo a preocuparse por alguien más que ellos mismos. Guest lo define como “una historia de amor sobre dos narcisistas”, y no le falta razón.
Cuando la comedia es en realidad un drama con buena iluminación
Al enfrentarnos a los primeros capítulos nos encontramos con lo que creemos que es una comedia, pero quien espere carcajadas constantes se llevará una sorpresa. “Wonder Man” arranca sonrisas, sí, pero son sonrisas amargas. Vemos a Simon autosabotearse una y otra vez, cargando con el peso de sus inseguridades, sus secretos y su desesperación por triunfar en una industria que no perdona.
Como dice Abdul-Mateen II sobre su personaje: “Simon es tanto inseguro como demasiado confiado. Es ambicioso y ensimismado pero tiene problemas para hacer amigos”. Esa contradicción genera más incomodidad que risas, especialmente cuando las consecuencias de sus decisiones se acumulan episodio tras episodio.
Una clase magistral sobre el oficio de actuar
Si hay algo que eleva “Wonder Man” por encima de ser simplemente “la serie rara de Marvel”, es su profundo respeto por la actuación como arte. No estamos hablando de la actuación como profesión glamurosa, sino como algo visceral que nace de las experiencias vividas, del dolor y la alegría transformados en energía creativa.
Guest, que viene de comedias como “30 Rock” y “Brooklyn Nine-Nine”, cambió de registro al trabajar con Kingsley: “Ben es apasionado sobre el papel de los actores en nuestra sociedad y lo que significa tener a alguien cuyo trabajo es intentar entendernos como humanos”. Esa filosofía permea cada conversación entre Simon y Trevor sobre el oficio.
La serie está repleta de meta-referencias cinematográficas, desde proyecciones de “Midnight Cowboy” hasta homenajes a “The Player” de Robert Altman. Trevor cita a Shakespeare cuando habla de que el propósito del teatro es “sostener un espejo ante la naturaleza”, una frase que Kingsley le compartió a Guest de su propia experiencia.
Los Ángeles como personaje principal
Las diseñadoras de producción Cindy Chao y Michele Yu, ambas angelinas, convierten la ciudad en un personaje más. No es el Los Ángeles de postal que vemos en tantas producciones, sino el de los residentes: el teatro Highland Park, el bar Taix en Echo Park, el Clark Street Diner, el edificio Talmadge de 1924 en Koreatown donde Trevor tiene su apartamento deteriorado…
Como señala Cretton: “No solo el glamour de una alfombra roja, sino también la realidad de vivir en un apartamento de una habitación en Lexington Ave”. X Mayo, que interpreta a la agente de Simon, lo resume mejor: “Para hacer esto por la ciudad, por la industria, por las personas que trabajan en servicios de catering o los tipos caminando por Hollywood Boulevard tomando fotos de las estrellas en el Paseo de la Fama”.
El reparto que completa el cuadro
Zlatko Burić, memorable en “Triangle of Sadness”, encarna a Von Kovak, un director excéntrico que es parte Werner Herzog, parte Krzysztof Kieślowski, parte Christopher Nolan. Arian Moayed regresa como el Agente Cleary del Departamento de Control de Daños, aportando el contrapunto de quien observa toda esta absurdidad hollywoodiense desde fuera.
Y luego está la ya citada X Mayo como Janelle Jackson, la agente que puede decirle verdades incómodas a Simon porque cree realmente en su talento. Mayo improviso tanto en el set que muchas de sus líneas terminaron en el corte final, dándole a su personaje una frescura especial.
Una serie que apuesta por la diferencia
“Wonder Man” no se parece a nada que Marvel haya hecho antes, y eso es tanto su mayor fortaleza como su posible debilidad comercial. No hay batallas épicas ni amenazas multiversales. Es íntima, incómoda y profundamente humana, incluso cuando uno de sus protagonistas parece que pueda tener poderes.
Guest admite que Marvel “sabía que era una apuesta” y espera que “les salga bien”. Y eso se nota también en el aspecto: el director de fotografía Brett Pawlak trabajó con Cretton para darle un aspecto indie y terrenal, alejándose deliberadamente de la estética pulida y espectacular del MCU tradicional.
El veredicto
Como dice el propio Simon en uno de los momentos más honestos de la serie: a veces lo único que necesitas hacer es decir tus líneas y salir. Pero “Wonder Man” se queda más tiempo del necesario, observando el dolor detrás de cada audición fallida, cada momento de duda, cada pequeña victoria que sabe a poco. Y en esa vulnerabilidad encuentra algo genuino que pocas producciones de Marvel se atreven a explorar.
“Wonder Man” funciona mejor cuando abraza su rareza y se enfoca en la relación entre Simon y Trevor. Funciona menos cuando intenta encajar en el molde de “contenido del MCU” con conexiones forzadas al universo mayor. Es una serie para quienes disfrutan de dramas de personajes con toques de comedia negra, no para quienes buscan la próxima gran saga de Vengadores.
No es una obra maestra, pero es valiente. Y en el MCU actual, eso ya es algo digno de aplauso.


