Blade, el cazavampiros reivindicativo

Blade
Panini

Descubre los orígenes reivindicativos de Blade, el cazavampiros más famoso de Marvel Comics.

Entre las décadas de los años sesenta y los setenta, en Estados Unidos se vivían tiempos convulsos, ya que la retirada de las tropas de Vietnam y el escándalo Watergate, que expuso a Richard Nixon (del que hablamos con más detalle en su momento) como un mentiroso, un encubridor de delincuentes y el principal responsable de las atrocidades cometidas por su ejército, llevó a los ciudadanos a replantearse la manera con la que estaban acostumbradas a relacionarse con las figuras autoritarias del país. A Marvel siempre le ha gustado buscar la forma de hacer una crítica social de la actualidad con personajes reivindicativos y este caso no fue una excepción, como se muestra con la aparición del cazavampiros Blade.

Este personaje vio la luz por primera vez en una aventura escrita por el guionista Marv Wolfman y dibujada por el artista Gene Colan, que lleva por título His name is… Blade!, cuya publicación tuvo lugar en el cómic Tomb of Dracula nº 10 (1973). A continuación, se reproduce la portada del ejemplar en cuestión, que muestra la primera imagen de este peculiar cazador de vampiros, que apareció justo en el momento indicado no solo para librar a los habitantes de Nueva York de los terrores nocturnos sino para jugar un papel aún más importante en la sociedad americana, tal y como podrás comprobar si continúas con la lectura de este artículo hasta el final.

Blade, Gene Colan, Marv Wolfman

Al haber sido creado en la década de los setenta, a pesar de no ser uno de los personajes más famosos de La Casa de las Ideas, Blade sí que llegó a ser reconocido como uno de los primeros iconos negros de Marvel, ya que otros personajes con similitudes raciales, como Pantera Negra, Halcón o Luke Cage, solo habían hecho acto de presencia un año antes que el protagonista de este artículo, aunque también hay que reconocer que, fuera de las viñetas, el cazavampiros no empezó a ser conocido por aquellos no iniciados en el noveno arte hasta la década de los noventa, época en la que comenzó a ser mostrado, tanto en versión animada como en live-action.

Y es que 1973 es considerado por los historiadores como el año en que finalizó el Movimiento por los Derechos Civiles, cuando Earl Warren indicó que, dada la imposibilidad de igualdad de oportunidades, la segregación racial en las escuelas era algo anticonstitucional. Pese a que no se podía negar que estaba produciéndose un avance, tampoco se podía dejar de admitir que la lucha debía proseguir, ya que, por desgracia, los disturbios en las calles seguían siendo habituales, a pesar de encontrarse casi a mediados de los años setenta.

Y es que el mes en el que salió a la luz el cómic de la colección de Drácula en el que Blade hacía su primera aparición tuvo lugar un hecho terrible. Se produjo un levantamiento de las minorías étnicas a modo de denuncia por el asesinato de un mexicano de doce años, llamado Santos Rodríguez, a causa de un disparo realizado por un policía de Dallas que lo había detenido por un pequeño robo en una gasolinera y se le había ocurrido la barbaridad de arrancar una confesión jugando a la ruleta rusa.

Resulta evidente que, en aquel año, la idea de que La Casa de las Ideas apostara por un héroe afroamericano que se enfrentara contra aquello que nadie más parecía capaz de hacer frente, sonaba de lo más correcto. Sobre todo teniendo en cuenta que, según palabras del propio Christopher J. Priest, que por aquel entonces trabajaba como becario de Marvel, Mar Wolfman era el único miembro de la editorial que no le gastaba bromas raciales. Sabiendo este detalle, no resulta nada extraño que este guionista fuera el creador de Blade.

¿La idea original del escritor era que el personaje funcionara como representante de la población civil, salvando a los oprimidos de las tramas de la clase política, aunque enmascarándolos como vampiros? Es posible que nunca sepamos hasta que punto se acerca esta teoría a la verdad, pero no cabe la menor duda de que si Blade era el icono que la gente de la época necesitaba, fue Marv Wolfman el que supo concedérselo.

En cualquier caso, las versiones tanto animadas como en live-action que surgieron a partir de los años noventa, algunas de las cuales continúan vigentes en la actualidad, presentaron un cambio radical en el aspecto visual del personaje que funcionó de una manera tan positiva que no tardó en dar el salto a los cómics, como se muestra en la imagen que hay bajo este párrafo. Por tanto, pese a tratarse del mismo personaje, es difícil reconocer al Blade original, pero eso no podrá quitarle su papel reivindicativo en la década de los setenta.

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