‘Mortal Kombat II’: sangre, patadas y poca historia en el regreso del torneo más sangriento del cine

Mortal Kombat II
Panini

Karl Urban se pone las Ray-Ban de Johnny Cage y Adeline Rudolph empuña los abanicos de Kitana en una secuela que entrega peleas viscerales a destajo pero tropieza con un guion tan sólido como papel mojado. Espectáculo de palomitas, nada más y nada menos es lo que nos ofrece ‘Mortal Kombat II’

‘Mortal Kombat II’: Shao Kahn vuelve a llamar a la puerta del Earthrealm

Todo empieza con un flashback de manual en ‘Mortal Kombat II’: la pequeña princesa Kitana ve cómo el brutal Shao Kahn —una mole con casco de calavera y un mazo de púas que haría las delicias de Thor en su peor día— arrasa su reino de Edenia y la adopta como hija de guerra. Veinte años después, ese mismo Shao Kahn (un imponente Martyn Ford) está a un paso de completar diez victorias consecutivas en el torneo Mortal Kombat, lo que le daría dominio total sobre el Earthrealm, es decir, sobre nosotros. El problema: Raiden (Tadanobu Asano) y Sonya Blade (Jessica McNamee) necesitan un guerrero más para completar el equipo. ¿Y a quién recurren? A Johnny Cage (Karl Urban), ex estrella de acción de los noventa que ahora firma autógrafos en convenciones de cosplay y que está convencido de que sus nuevos reclutadores van disfrazados.

Ese arranque doble —el melodramático de Kitana y el cómico de Cage— es lo mejor que ofrece el guion de Jeremy Slater. La pena es que no tarda demasiado en desinflarse.

Karl Urban: el comodín que no llega a salvar la partida

Karl Urban llega a esta franquicia con el mismo desparpajo con que Kurt Russell aparecía en “Golpe en la Pequeña China“. Su Johnny Cage es un campeón de artes marciales reconvertido en reliquia noventera: patillas, chupa de cuero, el pelo con mechas de George Michael y un sarcasmo que intenta combinar lo peor de Chuck Norris y lo mejor de un sketch de comedia. Funciona a ratos —sobre todo cuando se enfrenta a Baraka (CJ Bloomfield), cuyo líder de clan queda alucinado ante sus habilidades— pero el guion le recicla los mismos chistes una y otra vez hasta que el efecto se agota. El problema no es Urban, que hace lo que puede: es que el personaje carece de arco real.

Mortal Kombat II

«Las peleas funcionan; la historia, mucho menos. ‘Mortal Kombat II’ es exactamente lo que promete en el título: ni más ni menos.»

Kitana: la mejor baza de la película, demasiado desaprovechada

Adeline Rudolph —conocida por ‘Riverdale’ y ‘Las escalofriantes aventuras de Sabrina’— es la gran novedad del reparto de ‘Mortal Kombat II’ y, sobre el papel, la que tiene el arco más jugoso: princesa guerrera criada por el hombre que mató a su padre, armada con un par de abanicos con filos de cuchilla que hacen un daño considerable en el clímax. La actriz de origen hongkonés-británico se lo toma en serio y hay momentos en que brilla con solvencia, especialmente en esa pelea final que podríamos identificar como el punto más alto de la función.

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El problema es que ‘Mortal Kombat II’ la aparca durante demasiado tiempo para ocuparse de otros frentes. Su historia de venganza tiene potencial emocional, pero el montaje y el guion la mantienen en un segundo plano la mayor parte del metraje, de modo que cuando llega su momento estelar, el impacto es menor del que debería. Por fin el desenlace llega, pero sin la carga emocional que cabría esperar de tanto tiempo de preparación.

El resto del reparto: entre lo memorable y el cartón

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El jugador más valioso (si me permitís el símil) indiscutible de ‘Mortal Kombat II’ sigue siendo Josh Lawson como Kano, el sociópata australiano de buen humor que recorre cada escena con una aplomo socarrón capaz de neutralizar diálogos que a cualquier otro actor le habrían aplastado. Vuelven también los imprescindibles Hiroyuki Sanada como Scorpion y Joe Taslim como Sub-Zero en apariciones breves pero effectivas. Entre los villanos, Damon Herriman compone a Quan Chi como un cruce entre Darth Maul y el fantasma de Jacob Marley, correteando por los márgenes del relato con más estilo que relevancia argumental.

El conjunto de personajes secundarios —Liu Kang (Ludi Lin), Sonya Blade, Jax (Mehcad Brooks), Mileena (Tati Gabrielle)— tiene escasa presencia en el guion. El film salta de unos a otros con tanta prisa que ninguno termina de cuajar. Incluso Ed Boon, cocreador del videojuego original, aparece en un cameo como barman que provoca más ternura que carcajada.

Peleas: cuando las manos hablan mejor que los diálogos

La razón de ser de ‘Mortal Kombat II’ —y su principal argumento de venta— son los combates, y en ese terreno la película cumple con nota suficiente. McQuoid mueve las piezas de un escenario a otro, del Earthrealm al Outworld y de ahí al Underrealm —un infierno por niveles que recuerda vagamente a la estética de Star Wars— con generosidad de fuego, electricidad y miembros amputados. Los fatalities están ahí. Los poderes elementales, también. El sombrero que gira como una sierra circular y el torso de alguien cayendo sobre él, también.

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El inconveniente es que esa abundancia de combates acaba por difuminar las reglas del juego. ¿Qué decide quién gana cada pelea? ¿Cómo funcionan exactamente los poderes? Las normas del torneo son negociables según convenga a la trama, y eso resta tensión a las escenas más largas. Cuando todo puede pasar porque el guion lo decide, el riesgo narrativo desaparece.

McQuoid y la trampa del fan service

Simon McQuoid ya acreditó en la entrega de 2021 que conoce y respeta el material de origen. El problema es que toda esa conciencia no sirve de nada si el corazón de la película no late con fuerza. El director parece más seguro entre las coreografías de acción que en los pasajes de transición, y esos pasajes —que son la mayoría del metraje— arrastran un ritmo pastoso que hace que los 116 minutos pesen más de lo necesario.

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El guionista Jeremy Slater (responsable también de ‘Godzilla x Kong: The New Empire‘) construye un armazón funcional pero sin sorpresas: el amuleto de turno, los malos que hacen trampas, los buenos que se superan contra todo pronóstico. Nada que no hayamos visto en cualquier película de superhéroes de los últimos quince años, solo que con más sangre.

Por otra parte, ‘Mortal Kombat II’ está repleta de guiños al canon del videojuego, referencias a ‘El señor de los anillos’, a Keanu Reeves y hasta a ‘Big Trouble in Little China’, y eso tiene su gracia.

Veredicto: entretenimiento sin ambición, para fans con expectativas calibradas

‘Mortal Kombat II’ no es la catástrofe de ‘Mortal Kombat: Annihilation‘ (1997), referente histórico de lo que no debe hacerse con una adaptación de videojuego. Supera ese listón sin demasiado esfuerzo. Es una película de palomitas ruidosa, sangrienta y ocasionalmente divertida que sabe lo que quiere ser y no pretende ser otra cosa. Los fans del juego encontrarán sus dosis de fatalities, sus personajes queridos y algunos momentos de satisfacción pura. El espectador que busque algo más —una historia con peso, personajes construidos con mimo, un villano de verdad aterrador— saldrá con la sensación de haber asistido a la demostración técnica de un juego que nunca arranca del todo.

Mortal Kombat II

FICHA TÉCNICA

Título original: Mortal Kombat II  |  Dirección: Simon McQuoid  |  Guion: Jeremy Slater  |  Reparto: Karl Urban, Adeline Rudolph, Jessica McNamee, Josh Lawson, Ludi Lin, Mehcad Brooks, Tati Gabrielle, Lewis Tan, Damon Herriman, Chin Han, Tadanobu Asano, Joe Taslim, Hiroyuki Sanada, Martyn Ford  |  Música: Benjamin Wallfisch  |  Distribución: Warner Bros. Pictures  |  Duración: 116 min.  |  Clasificación: R  |  Estreno en España: 8 de mayo de 2026

CALIFICACIÓN: ★★½ (2,5/5)

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