Netflix convierte en serie uno de los cómics más gamberros de los últimos años y la premisa es tan loca como suena con el guionista de X-Men: Primera Generación
A veces Hollywood abandona proyectos que parecían destinados a convertirse en blockbuster… hasta que alguien decide volver a abrir el cajón. Eso es exactamente lo que ha pasado con Barbaric, una adaptación que hace no tanto iba a ser una película con Sam Claflin, Michael Bay y hasta Patrick Stewart poniendo voz a un hacha alcohólica. Sí, has leído bien.
Ahora Netflix ha decidido cambiar de estrategia y apostar por una serie live-action basada en el cómic de Vault Comics, recuperando una historia que mezcla fantasía salvaje, humor negro y violencia desatada. Básicamente, como si Juego de tronos se hubiera tomado unas copas con Deadpool.
Una nueva adaptación para Netflix
El proyecto contará con Sheldon Turner, guionista de X-Men: Primera generación, como principal responsable creativo, acompañado por Robert Rovner, conocido por su trabajo en Supergirl. La apuesta no es pequeña, especialmente porque Barbaric tiene un material de base muy peculiar.
El cómic creado por Michael Moreci y Nathan C. Gooden sigue a Owen, un bárbaro brutal cuya vida cambia tras recibir una maldición bastante incómoda: solo puede usar su violencia para hacer el bien. El problema es que Owen no es precisamente un héroe noble ni un caballero con principios.
Y ahí entra uno de los elementos más delirantes de la historia: su inseparable compañera es un hacha parlante con problemas serios con el alcohol. Porque si vas a construir una fantasía salvaje, mejor hacerlo sin medias tintas.
El cambio de formato
Netflix ya había desarrollado esta propiedad como película, con un reparto llamativo detrás. Sam Claflin estaba vinculado como protagonista, Patrick Stewart iba a poner voz al arma más problemática del streaming y Michael Bay figuraba como director. Pero esa versión nunca llegó a despegar.
Ahora Claflin sigue ligado al proyecto, aunque de otra manera: ejercerá como productor ejecutivo, lo que deja en el aire si todavía podría aparecer delante de las cámaras.
La elección del formato serie no parece casual. Barbaric tiene un universo que encaja mejor en capítulos que en dos horas de montaje acelerado. Hay monstruos, hechicería, humor absurdo y una dinámica protagonista que pide tiempo para desarrollarse sin que todo parezca un tráiler extendido.
Además, Netflix sigue buscando su gran franquicia fantástica estable. Tras el éxito de The Witcher y otros intentos menos memorables, Barbaric podría convertirse en una opción distinta si mantiene intacto su tono irreverente.
En cuanto a Sam Claflin, el actor sigue teniendo agenda llena. Tras participar en producciones como Vanished, Lazarus o All the Devils Are Here, también aparecerá próximamente en Ebenezer: A Christmas Carol, junto a Johnny Depp y Rupert Grint, además del thriller F.A.S.T.
La nueva fantasía de Netflix
Lo realmente interesante aquí es el tono. Porque Barbaric no quiere ser la típica fantasía solemne llena de profecías interminables y personajes que hablan como si estuvieran redactando un testamento medieval. Quiere sangre, sarcasmo y caos.
Eso puede jugar a favor o en contra. Adaptar cómics con humor extremo y violencia estilizada nunca es sencillo, especialmente cuando el equilibrio entre gamberrismo y narrativa puede romperse rápido.
De momento, Netflix no ha confirmado fecha de estreno ni reparto oficial para esta nueva encarnación del proyecto. Pero solo la idea de ver a un bárbaro moralmente obligado a hacer el bien mientras discute con su hacha borracha ya merece al menos nuestra curiosidad. Porque siendo sinceros: entre tanta fantasía clónica, esto al menos tiene personalidad.
Un antihéroe con más problemas que músculos
Owen no encaja en el molde del héroe clásico de fantasía, y probablemente ahí está gran parte del encanto del material original. Si Conan era la encarnación del guerrero imparable y Geralt el profesional cansado pero eficiente, el protagonista de esta historia juega en otra liga: es un bruto impulsivo obligado a actuar con moralidad por imposición mágica, no por convicción. Ese contraste convierte cada conflicto en una bomba de relojería con potencial cómico.
El cómic de Vault encontró rápidamente su hueco entre los fans gracias a una mezcla poco habitual de fantasía oscura, humor irreverente y violencia exagerada, alejándose del tono solemne que domina muchas adaptaciones del género. Precisamente por eso, el gran reto audiovisual será conservar esa personalidad sin diluirla para gustar a todo el mundo. Porque cuando una propuesta rara intenta parecer convencional, suele perder justo aquello que la hacía interesante.


