Reseña de Lem y Grandullón (2026)

Lem y Grandullón Miguel A Giner Bour GP Ediciones
Panini

Lem y Grandullón de Miguel A. Giner Bou publicada por GP Ediciones, muestra la historia entre un humano y un robot tan dispares entre sí, como unidos en una amistad, pero la vida en la fábrica les dará nuevos motivos para afianzarla

Lem y Grandullón publicado por GP Ediciones es entrar en una historia que, desde fuera, puede parecer sencilla o incluso infantil, pero que en realidad esconde mucha más profundidad de la que aparenta. Miguel Ángel Giner Bou vuelve a demostrar aquí su capacidad para hablar de los temas importantes con una gran sensibilidad y sin caer en lo obvio.

Miguel Ángel Giner Bou ha trabajado tanto en el cómic como en la animación, alcanzando gran notoriedad con El día 3, obra con la que ganó el Premio Nacional del Cómic en 2019 junto a la dibujante Cristina Durán.

Miguel A. Giner Bou se caracteriza por abordar temas sociales y humanos con cercanía, buscando siempre la empatía del lector, por lo que Lem y Grandullón es un cómic que habla de la diferencia, de la identidad y de cómo nos relacionamos con los demás cuando no encajamos del todo.

La trama

La historia sigue a Lem, un humano que no termina de encajar en su entorno, y a Grandullón, un robot peculiar presente desde hace años en su vida. Entre los dos se establece una relación especial, casi mágica, que sirve como refugio frente a un mundo que a veces resulta difícil de entender.

A medida que avanza el relato, una vez llegan a la fábrica que les ha contratado se va descubriendo que no todo es tan simple como parece. Lo que empieza como una historia amable va dejando entrever capas más complejas, relacionadas con la soledad, el miedo o la necesidad de ser aceptado.

Cómic Europeo, Cómic Nacional, Novela gráfica

No es una trama llena de giros espectaculares, pero sí de pequeños momentos que van construyendo algo emocionalmente muy potente, donde incluso las frías máquinas se humanizan.

El guion

El guion de Lem y Grandullón destaca por su aparente sencillez, pero que en realidad está muy trabajado. Giner Bou construye la historia desde el punto de vista de los protagonistas, con un lenguaje accesible, pero sin simplificar los temas que trata.

Hay una clara intención de hablar de lo diferente sin convertirlo en algo extraño o negativo. Al contrario, la historia invita a aceptar y entender, cómo los personajes quieren ser más humanos y ser aceptados por sus pares. Además, el ritmo está bien medido, poque combina los momentos más ligeros con otros más emocionales, dejando espacio para que el lector respire y asimile lo que está ocurriendo.

Lem y Grandullón es un cómic que funciona en varios niveles. Puede leerse como una historia entrañable, casi como un cuento, pero también como una reflexión sobre lo que significa ser diferente y encontrar tu lugar.

Es una obra sensible, honesta y fácil de leer, pero que deja poso. No busca impactar con grandes artificios, sino conectar poco a poco con el lector y cuando lo hace, lo hace bien, desde la emoción y la empatía.

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El dibujo y el color

En el apartado gráfico Giner Bou, utiliza un estilo expresivo y cercano, con personajes muy bien definidos emocionalmente gracias a los trazos que aporta el autor. En el dibujo, las formas son suaves, casi redondeadas, lo que ayuda a generar una sensación de calidez y cercanía, incluso cuando la historia toca temas más delicados.

El color juega un papel importante, ya que el autor utiliza una paleta que acompaña el tono del relato, alternando momentos más luminosos con otros más contenidos, reforzando así las emociones de cada escena.

La edición

Lem y grandullón de Miguel A. Giner Bou ha sido publicada GP Ediciones en rústica con solapas, con unas medidas de 19×26 cm, a color y con una extensión de 136 páginas.

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Lem, un humano un poco cínico, y Grandullón, un viejo robot que es bastante corto, en parte por el desgaste de los años, en parte porque fue un robot de asalto y no necesitaba un sistema operativo excesivamente complejo, buscan trabajo en un planeta arrasado, sin vegetación ni prácticamente vida.

Cuando encuentran empleo en una vieja fábrica, todo parece indicar que el trabajo que realizan no es otro que el de mover chatarra y residuos de un lado a otro, sin parar.

Es como si hubiera quedado una inercia extraña en los programas originales y los androides siguen trabajando sin cuestionarse nunca nada, al fin y al cabo no están programados para otra cosa. Pero, ¿qué pasa con los humanos, ellos sí que tienen sentido crítico y libre albedrío? Si es así, ¿por qué siguen la inercia y las rutinas?

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