Reseña de Vendetta de Colin y Seguí

Vendetta Colin Segui Norma editorial
Panini

Vendetta reúne al guionista Fabrice Colin y al dibujante Bartolomé Seguí en una adaptación de la novela A Quiet Vendetta de R. J. Ellory

Vendetta de Colin y Seguí ha sido publicada en España por Norma Editorial, donde se narra un suspense criminal de largo recorrido que mezcla la mafia radicada en los Estados Unidos con la corrupción política y la memoria histórica entre Cuba y el gigante norteamericano.

Nos encontramos ante una obra de género negro contemporáneo con ecos de un relato del mafioso clásico. Colin y Seguí no buscan reinventar el género, sino depurarlo, para lo que construyen una historia dura, melancólica y violenta donde el peso del pasado condiciona cada decisión.

La obra bebe tanto de la novela negra estadounidense como del polar francés y encuentra su fuerza en la atmósfera y en la humanidad quebrada de sus personajes. La premisa resulta especialmente atractiva porque conecta dos tiempos narrativos como son el presente de una investigación criminal en la que se ven afectadas varias agencias federales, como el FBI, y locales, como las policías de Nueva Orleans y Nueva York, y el largo recorrido vital de un antiguo sicario marcado por décadas de sangre y lealtades rotas.

La trama

La historia de Vendetta arranca en Nueva Orleans, en 2006, con el secuestro de Catherine Ducane, hija del gobernador de Luisiana. El responsable indirecto de la situación, Ernesto Pérez, es un viejo asesino ligado a la mafia, quien exige hablar con el agente Ray Hartmann antes de colaborar con las autoridades.

A partir de ahí se despliega una narración que retrocede durante medio siglo para reconstruir una compleja red de crimen organizado, venganzas personales y relaciones de poder entre Cuba y Estados Unidos. La historia evita en todo momento el efectismo fácil. Es cierto que hay violencia, pero esta nunca es gratuita y cada acto brutal deja una cicatriz moral y narrativa.

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El gran acierto de la obra es cómo transforma un suspense criminal en una reflexión sobre el tiempo y la culpa. La vendetta -venganza en italiano- del título no se limita a la revancha física, sino que es también una herencia emocional que atraviesa generaciones. Colin maneja muy bien los saltos temporales, manteniendo el suspense mientras dosifica la información sobre el pasado de Ernesto Pérez.

El guion

El trabajo de Fabrice Colin destaca por su elegancia estructural. La adaptación comprime una novela compleja sin que la lectura resulte atropellada. El ritmo alterna escenas de la investigación con largos pasajes de la memoria criminal, creando una sensación de fatalidad muy propia del género negro clásico.

Los diálogos son secos y precisos, sin excesos literarios. Colin entiende que este género funciona mejor cuando los personajes hablan poco y callan mucho, donde los silencios pesan tanto como las confesiones.

Además, el guion consigue humanizar a estos personajes moralmente ambiguos. Ernesto Pérez no es un simple mafioso envejecido, por el contrario, es un hombre consumido por las decisiones que tomó décadas atrás. El contraste con Ray Hartmann funciona muy bien porque ambos representan dos formas distintas de enfrentarse a la verdad y la justicia.

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En algunos momentos, la densidad de los nombres, las alianzas y los episodios históricos puede exigir una atención extra al lector, pero esa complejidad también contribuye a la riqueza del conjunto.

El dibujo y el color

Bartolomé Seguí vuelve a demostrar por qué es uno de los grandes narradores gráficos españoles contemporáneos. Su estilo combina la claridad narrativa con una gran capacidad atmosférica. No necesita barroquismos visuales para transmitir la tensión, simplemente le basta una mirada, una habitación vacía o un encuadre nocturno.

El dibujo tiene una sobriedad muy cinematográfica. Las escenas de interiores, bares, despachos y calles húmedas de Nueva Orleans respiran autenticidad. Seguí maneja especialmente bien los rostros cansados y los cuerpos envejecidos, reforzando la idea de desgaste moral que atraviesa toda la obra.

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El color juega un papel fundamental, en el cual predominan los tonos apagados, junto con ocres y azules fríos que envuelven el relato en una sensación constante de decadencia. Cuando aparecen colores más cálidos, sobre todo en los recuerdos vinculados a Cuba o a épocas pasadas; se percibe inmediatamente el contraste emocional y temporal.

La narrativa visual resulta limpia y muy legible incluso en las escenas más complejas. Seguí prioriza siempre la claridad sobre el lucimiento gráfico y eso beneficia enormemente al tono negro de la obra. Quizá no sea un cómic revolucionario, pero sí uno extraordinariamente bien ejecutado.

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En definitiva, Vendetta es un suspense sólido, elegante y adulto. No busca sorprender mediante giros imposibles, sino construir una tragedia criminal marcada por la memoria, la corrupción y el peso del pasado. Fabrice Colin ofrece un guion muy bien medido, mientras que Bartolomé Seguí aporta una puesta en escena impecable y profundamente atmosférica.

La obra gustará especialmente a los lectores aficionados al género negro clásico, a las historias de la mafia y a los relatos criminales con trasfondo histórico. También confirma la enorme versatilidad de Seguí, capaz de moverse con naturalidad entre la novela negra, el drama político y el retrato humano.

La edición de Norma Editorial

La edición de Vendetta de Norma Editorial presenta el cómic en cartoné, con un formato de gran tamaño, 22,5 x 29,5 cm, con una extensión de 128 páginas a color y una reproducción muy cuidada del apartado gráfico, traducida al castellano por Gema Moraleda.

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SEGUÍ NOS BRINDA UN THRILLER A LA ALTURA DE LOS GRANDES CLÁSICOS DEL GÉNERO

En 2006, el secuestro de Catherine Ducane, hija del gobernador de Louisiana, desencadena una investigación que abarca cinco décadas y que destapa un turbio entramado de mafia, corrupción y muerte. El agente especial Ray Hartmann se encuentra en un extremo de la investigación.

En el otro está Ernesto Pérez, un sicario retirado con más de una cuenta que saldar. Y, entre ellos, una historia laberíntica que serpentea durante medio siglo entre Cuba y Estados Unidos.

El guionista Fabrice Colin y el dibujante Bartolomé Seguí (Carvalho, Premio Nacional del Cómic por Las serpientes ciegas) adaptan la novela A quiet vendetta, un tenso thriller criminal firmado por el escritor inglés R. J. Ellory.

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