Reseña de Príncipe Valiente Integral: 1943-1950

Panini

Dolmen Editorial firma con Príncipe Valiente Integral: 1943-1950 una recuperación monumental de la obra maestra de Harold R. Foster

Cada domingo, durante más de cuarenta años, millones de lectores abrían el suplemento en color de su periódico y se encontraban con una página entera dedicada a un solo relato. Sin bocadillos. Sin onomatopeyas. Solo un texto al pie de cada viñeta y unos dibujos de precisión casi documental, con armaduras, barcos vikingos, castillos y bosques que parecían recortados de un libro de historia. Aquella página semanal contaba la vida entera de un hombre, desde la infancia en el exilio hasta la vejez, con una calma y una ambición que hoy resultan casi impensables. El tramo en el que esa serie alcanzó su plenitud, el que va de la mitad de los años cuarenta al final de la década, es el que rescata Dolmen Editorial en Príncipe Valiente Integral: 1943-1950.

Dolmen Editorial, El príncipe Valiente, El rey Arturo, Harold R. Foster

Un caballero errante en los días del rey Arturo

Harold R. Foster situó su historia en la Britania del rey Arturo, pero no la llenó de magos ni de prodigios. Su protagonista es Val, hijo de Aguar, rey destronado de Thule, que crece refugiado con los suyos en los pantanos de la costa inglesa. De ahí sale un muchacho terco y astuto que se planta en Camelot, sirve como escudero de Sir Gawain y acaba sentándose en la Tabla Redonda por méritos propios.

Lo que hace distinta a esta serie es que el tiempo pasa de verdad. Val no se queda congelado en una edad ideal. Envejece, se enamora, se equivoca, se casa y tiene hijos, y el lector envejece con él. En estos años el peso del relato recae sobre su relación con Aleta, reina de las Islas Brumosas, y sobre un tono que se mueve con una soltura pasmosa entre la tragedia, la aventura pura y la comedia doméstica. Foster nunca tuvo miedo de bajar a su héroe del pedestal. Lo pone enfermo, lo pone ridículo, lo pone celoso. Y esa humanidad es la que sostiene el conjunto casi noventa años después.

Dolmen Editorial, El príncipe Valiente, El rey Arturo, Harold R. Foster

El ilustrador que llegó a Chicago en bicicleta

Foster nació en Halifax, en la Nueva Escocia canadiense, en 1892, y se formó a golpe de oficio. Trabajó como dibujante para estudios comerciales en Winnipeg antes de tomar una decisión que suena a episodio de su propio cómic. En 1919 recorrió en bicicleta la distancia que separa Winnipeg de Chicago, por caminos sin asfaltar, solo para comprobar si allí había trabajo para él. Lo había. Dos años después se instaló en Estados Unidos, se coló como oyente en las clases de la Chicago Academy of Fine Arts y empezó a vivir del dibujo publicitario.

Su entrada en la prensa llegó por la puerta grande. A finales de los años veinte fue el encargado de adaptar a viñetas Tarzán de los monos, la novela de Edgar Rice Burroughs, y de 1931 a 1937 firmó la página dominical del personaje. Aquello le dio fama, pero también le dejó una espina clavada. Quería contar una historia propia. La fue madurando en secreto bajo los títulos de trabajo Derek, Son of Thane y Prince Arn, con cientos de bocetos y notas sobre la Edad Media. Cuando se la ofreció a United Feature Syndicate, su casa de entonces, se la rechazaron. William Randolph Hearst no cometió el mismo error. No solo la aceptó para King Features Syndicate, sino que le cedió la propiedad de la serie, algo insólito en aquel momento.

La primera página apareció el 13 de febrero de 1937 con el título Prince Valiant in the Days of King Arthur. Foster se ocupó por completo del personaje hasta 1971, cuando empezó a compartir el trabajo con otros creadores, y siguió ligado a los guiones hasta su retirada definitiva en 1980, dos años antes de morir. Por el camino recibió el premio Silver Lady de los Banshees en 1952 y el Reuben de la National Cartoonists Society en 1957, el mayor reconocimiento del oficio en Estados Unidos.

Dolmen Editorial, El príncipe Valiente, El rey Arturo, Harold R. Foster

Una plancha semanal con vocación de fresco

El apartado gráfico es la razón por la que esta obra sigue en todas las listas del noveno arte. Foster venía de la ilustración clásica y trasladó a la prensa recursos que allí no se usaban. Documentación exhaustiva de trajes, armas y arquitecturas. Claroscuros trabajados como en un grabado. Y, sobre todo, un sentido del encuadre que hoy llamaríamos cinematográfico, alternando primeros planos con panorámicas enormes dentro de la misma página. Al renunciar a los bocadillos y colocar el texto al pie, se liberó de una servidumbre de composición y pudo montar cada plancha como un fresco. Verla reproducida en blanco y negro, además, deja la línea al descubierto y permite disfrutar hasta el último trazo.

Su influencia es difícil de exagerar. Frank Frazetta consideraba su Tarzán una cima insuperable del arte estadounidense del siglo XX, y autores como Al Williamson, Steve Ditko o William Stout lo han citado como maestro. Fuera de las viñetas, el personaje llegó al cine en 1954 de la mano de Henry Hathaway para 20th Century Fox, con Robert Wagner como Val, Janet Leigh como Aleta y James Mason de villano. Hubo una segunda película en 1997, dirigida por Anthony Hickox con Stephen Moyer al frente, y una serie de animación, The Legend of Prince Valiant, emitida entre 1991 y 1993. La tira, mientras tanto, no ha parado nunca. Hoy la firman Mark Schultz y Tom Yeates, que mantienen viva una publicación semanal iniciada en 1937.

Y aquí entra el trabajo de la editorial. Dolmen Editorial lleva años haciendo algo que casi nadie hace en España, que es recuperar de forma sistemática el gran cómic clásico de prensa. En su catálogo conviven Dick Tracy, Terry y los piratas, Mandrake el mago o el Tarzán de Burne Hogarth, y esa constancia tiene un mérito enorme. Apostar por un formato de gran tamaño para que las planchas respiren como fueron concebidas no es una decisión cómoda, es una decisión de amor al medio y de respeto al lector.

El resultado es, sin rodeos, una joya. Para el coleccionista, porque completa un tramo esencial de la serie en una edición a la altura del material. Para quien llega nuevo, porque no hace falta ninguna erudición previa para caer rendido ante estas páginas. Y para cualquiera que se tome en serio el noveno arte, porque estamos ante uno de esos trabajos que explican, sin necesidad de discursos, por qué el cómic es un arte mayor. Recomendación absoluta.

Esta edición presentada por Dolmen Editorial viene en un formato de tapa dura con un tamaño de página de 26 x 36 cm. y contiene la traducción de las páginas dominicales publicadas entre 1943 y 1950 de la serie original Prince Valiant in the Days of King Arthur, distribuida en la prensa estadounidense por King Features Syndicate. El tomo contiene 360 páginas en blanco y negro. El precio de venta recomendado es de 59,95 € y se puso a la venta en mayo de 2026.


príncipe valiente

Príncipe Valiente Integral: 1943-1950

Prince Valiant, la obra maestra de Harold R. Foster, es una epopeya legendaria del cómic mundial que combina aventura, historia y arte con un nivel de detalle inigualable.

Publicada semanalmente desde 1937, narra las hazañas del valeroso caballero Val en tiempos del rey Arturo, convirtiéndose en un referente absoluto del cómic clásico por su belleza gráfica, su profundidad narrativa y sus valores universales: el honor, la justicia, la amistad y el amor.

En este volumen, el Príncipe Valiente y la reina Aleta, víctima de su secuestro, vagan por el desierto. Val está enfermo, enloquecido, debilitado. Y es Aleta quien se las apaña para que ambos sobrevivan. Y mientras la tragedia da paso a la comedia, el odio deja hueco para el amor, con uno de los besos más esperados de la historia del cómic.

Autor: Harold R. Foster

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