El fantasma de la ópera, sexto cómic publicado por Moztros de los Monstruos de Universal, vuelve a mostrar el personaje creado por Leroux en el noveno arte
La belleza del horror y la oscuridad de la obsesión traen a los cómics el regreso de un monstruo clásico. Existen personajes que, pese al paso del tiempo, continúan fascinando a generaciones de lectores y espectadores, disfrutándose aún más en las cercanías de la fiesta de Halloween. Así, El Fantasma de la ópera es uno de ellos.
Nacido de la imaginación del escritor francés Gaston Leroux en 1910, este misterioso habitante de las entrañas de la Ópera de París ha trascendido de su origen literario para convertirse en uno de los grandes iconos del terror gótico. Su historia, marcada por el amor no correspondido, la deformidad física, la obsesión y la tragedia, ha conocido numerosas adaptaciones cinematográficas, teatrales y musicales.
Entre estas adaptaciones destaca especialmente la película muda de 1925 protagonizada por Lon Chaney, cuya caracterización del Fantasma de Leroux se convirtió en una de las imágenes más reconocibles del cine de terror.
Precisamente esta versión cinematográfica constituye una referencia fundamental para comprender el regreso del personaje al cómic de la mano de Moztros (Skybound e Image Comics), con El Fantasma de la ópera, dentro de su colección Monstruos de Universal, dedicada a reinterpretar los monstruos clásicos de Universal Pictures.
En esta ocasión, el guionista Tyler Boss y el dibujante Martin Simmonds recuperan la leyenda del Fantasma para ofrecer un tomo que combina el terror gótico, el suspense criminal y el drama psicológico. El resultado es una obra que explora los aspectos más perturbadores de la trama original mediante un lenguaje visual particularmente expresivo.
La trama
La historia se lleva a cabo en el majestuoso escenario de la Ópera de París, un espacio donde la belleza de la música y la sofisticación de sus espectáculos contrastan con los oscuros secretos que se esconden entre bastidores. Lo que debería ser un templo dedicado al arte se convierte progresivamente en un escenario de amenazas y de violencia.
En este ambiente aparece Christine Daaé, una joven cantante cuyo talento despierta el interés de una misteriosa figura que parece conocer todos los rincones del edificio. Se trata del Fantasma, una presencia enigmática que habita los espacios ocultos de la ópera y ejerce una influencia cada vez mayor sobre quienes trabajan en ella.
Su relación con Christine no representa una historia de amor convencional, sino que la admiración artística se transforma en una obsesión enfermiza, mientras que la protección que aparentemente ofrece a la joven acaba revelando una inquietante voluntad de dominación.
A medida que se producen varios acontecimientos violentos y muertes misteriosas, el relato incorpora elementos propios de la investigación criminal. Los sucesos que rodean al teatro dejan de interpretarse únicamente como supersticiones para convertirse en hechos que requieren una explicación racional, aunque esta no siempre resulte fácil de encontrar.
Todo ello permite recuperar algunos de los momentos más reconocibles del mito del Fantasma, pero reinterpretados desde una perspectiva contemporánea que concede especial importancia a las motivaciones psicológicas de los personajes.
El guion de Tyler Boss
Tyler Boss, conocido por trabajos como 4 Kids Walk into a Bank, ¿Cuál es el lugar más lejano de aquí? y You’ll Do Bad Things, demuestra una notable habilidad para recuperar una historia clásica sin renunciar a introducir elementos propios. Su principal acierto consiste en desplazar parcialmente el centro del relato desde el romanticismo trágico hacia el misterio criminal y la manipulación psicológica.
Una de las modificaciones más interesantes afecta a Raoul, tradicionalmente presentado como el aristócrata enamorado de Christine. Aquí adquiere la condición de inspector de policía, lo que permite incorporar una investigación que sirve como hilo conductor de los acontecimientos.
Esta decisión proporciona al lector una perspectiva diferente, desde la que los supuestos fenómenos sobrenaturales también pueden interpretarse como manifestaciones de una criminalidad perfectamente humana. El Fantasma, por su parte, conserva su naturaleza contradictoria. Es un personaje capaz de despertar cierta compasión por su aislamiento, pero también de provocar rechazo por su comportamiento violento y posesivo.
Boss evita convertirlo en un simple villano, aunque tampoco justifica sus acciones mediante el sufrimiento que ha experimentado. Su obsesión por Christine se manifiesta a través de los celos, la intimidación y una necesidad de control que termina anulando cualquier posible dimensión romántica de su conducta.
Especialmente interesante resulta la evolución de Christine. Lejos de limitarse al papel de víctima indefensa, experimenta un proceso de transformación personal conforme progresa su carrera artística. Su creciente confianza contrasta con la influencia que el Fantasma pretende ejercer sobre ella, generando una tensión entre el deseo de alcanzar el éxito y el precio que puede suponer aceptar determinadas formas de protección.
En este sentido, la obra permite una lectura sobre las relaciones de poder y la violencia psicológica. El Fantasma no necesita recurrir constantemente a la agresión física para imponer su voluntad: también utiliza el miedo, el aislamiento y la manipulación emocional.
El ritmo narrativo constituye otro de los aciertos del guion, porque Boss alterna las escenas íntimas, en las que predominan los diálogos y la tensión psicológica, con episodios de violencia repentina. Esta combinación mantiene la incertidumbre y permite que los acontecimientos más impactantes adquieran una intensidad especial.
No obstante, la limitada extensión de la obra también condiciona el desarrollo de algunos personajes secundarios y obliga a acelerar determinadas situaciones. Aunque no perjudica gravemente al conjunto, sí deja la impresión de que algunas relaciones y conflictos podrían haber recibido un tratamiento más profundo.
El dibujo de Martin Simmonds
El dibujo de Martin Simmonds es el elemento que convierte esta obra en una experiencia visual verdaderamente singular. El artista británico, conocido por sus trabajos en El Departamento de la Verdad y en esta misma serie de Moztros de Monstruos de Universal, Drácula; desarrolla una propuesta gráfica que se aleja deliberadamente de la limpieza del dibujo convencional.
Sus páginas presentan una apariencia pictórica, con pinceladas visibles, contornos difuminados, rostros expresivos y una utilización muy personal de las luces y las sombras. Esta técnica resulta especialmente apropiada para una historia en la que la realidad y la percepción se confunden constantemente.
Los personajes parecen surgir de la oscuridad o desvanecerse entre manchas de color, mientras que los escenarios adquieren una cualidad casi onírica. La Ópera de París deja de ser un simple decorado para convertirse en un espacio vivo y amenazador, donde la belleza arquitectónica convive con una permanente sensación de encierro.
Simmonds demuestra además una extraordinaria capacidad para representar visualmente aquello que resulta difícil trasladar al lenguaje del cómic como es la música. Mediante composiciones dinámicas, formas abstractas y efectos cromáticos, consigue transmitir la intensidad emocional de las interpretaciones operísticas. Las notas parecen abandonar su condición sonora para transformarse en elementos visuales que recorren las viñetas y envuelven a los personajes.
El tratamiento del Fantasma merece una mención especial. Aunque se trata de un personaje físicamente real, su representación adquiere frecuentemente características espectrales. Su cuerpo se confunde con las sombras, su rostro queda oculto tras la máscara y su presencia se manifiesta mediante formas vaporosas que parecen extenderse por los escenarios.
De este modo, Simmonds consigue que el personaje resulte amenazador incluso cuando permanece inmóvil. Existe también una evidente dimensión simbólica en estas representaciones. Las sombras que rodean al Fantasma parecen materializar su influencia sobre los demás, mientras que las formas que envuelven a Christine transmiten visualmente la presión psicológica que experimenta.
El dibujo no se limita a ilustrar los acontecimientos, sino que permite expresar emociones y conflictos que no necesitan explicarse mediante diálogos. Esta propuesta recuerda por momentos al expresionismo del trabajo de Dave McKean en Batman: Arkham Asylum.
El trabajo cromático de Martin Simmonds merece un análisis independiente, puesto que constituye una parte esencial de la narración y no es un mero complemento del dibujo. La paleta está dominada por los rojos, azules, negros y dorados, empleados con una clara intención emocional. Los tonos rojizos evocan simultáneamente la pasión, el deseo, la violencia y la sangre, mientras que los azules transmiten frialdad, soledad y una sensación de presencia sobrenatural.
El rojo adquiere especial protagonismo en las escenas relacionadas con el Fantasma, porque no se utiliza únicamente para representar la violencia física, sino también para exteriorizar la intensidad de sus emociones y la naturaleza destructiva de su obsesión. Las rosas, elemento recurrente del relato, también participan de esta ambigüedad.
Los tonos oscuros, por su parte, permiten construir una atmósfera opresiva. Los pasillos, camerinos y espacios subterráneos de la ópera aparecen frecuentemente envueltos en sombras que ocultan información al lector y refuerzan la incertidumbre. Frente a ellos, los escenarios iluminados y los espacios destinados a las representaciones musicales presentan una mayor riqueza cromática, estableciendo un contraste entre el espectáculo público y los secretos que permanecen ocultos.
Simmonds consigue, en definitiva, que el color actúe como un auténtico narrador emocional. Cada cambio de tonalidad modifica la percepción de la escena y orienta al lector hacia sentimientos de fascinación, inquietud, tristeza o temor. En definitiva, este tomo de Monstruos de Universal: El Fantasma de la ópera, constituye una reinterpretación ambiciosa y visualmente deslumbrante de uno de los grandes mitos del terror.
Tyler Boss consigue actualizar la historia mediante una combinación de intriga criminal, drama psicológico y violencia, mientras que Martin Simmonds aporta una personalidad artística que transforma cada página en una experiencia estética. Todo ello, conserva los elementos esenciales que han convertido al Fantasma en un personaje universal, pero los reorganiza para ofrecer una lectura más inquietante sobre las relaciones humanas.
La edición
Monstruos de Universal: El Fantasma de la ópera, de Tyler Boss y Martin Simmonds, ha sido publicado por Moztros en rústica, con un formato de 17×26, a color y una extensión de 112 páginas que contiene los cuatro números de la miniserie Universal Monsters: Phantom of the Opera, publicado en EE.UU. por Image/Skybound.
LA NUEVA Y ATERRADORA VERSIÓN DE UNA HISTORIA QUE CREÍAS CONOCER
Cuando una ola de crímenes violentos sacude la Ópera de París, la carrera de Christine Daaé queda sumida en el caos. Pero el espectáculo debe continuar, y Christine descubrirá que nada ni nadie, y menos aún la misteriosa voz que le susurra desde las sombras, es lo que parece. Con la llegada de un viejo amigo que quiere investigar estos sorprendentes ataques, pronto comprenderá que no puede escapar del… FANTASMA DE LA ÓPERA.
El prestigioso equipo creativo formado por Tyler Boss y Martin Simmonds presenta una impactante historia de terror que estremecerá tanto a los lectores familiarizados con El fantasma de la ópera como a quienes vayan a descubrir por vez primera este clásico del género de terror.


