
El tercer tomo concluía a modo cliffhanger, con un Superboy que planeaba acabar con los miembros de la Legión de Superhéroes que habían viajado al pasado, aunque por la interacción en el espacio temporal a manos del Amo del Tiempo, estos héroes no se encaminaron a su pasado real, sino que fueron dirigidos hacia otra Tierra, en la que en lugar de haber habido un Superman, nos encontramos con otra versión, Superboy, quien también fue adoptado por los Kent. Este joven kryptoniano había mostrado al mundo sus poderes desde su juventud, quedando dicha realidad borrada del nuevo universo que DC había ideado tras los acontecimientos de Crisis en Tierras Infinitas, aunque Byrne lo vuelve a retomar a modo recuerdo, sabiendo desarrollar su planteamiento para que este no interfiriese en la continuidad que desde 1986 regía en dichos cómics.
Tras el magistral desarrollo del guionista para unificar a los dos héroes en un mismo espacio-tiempo y poner fin a dicha trama de forma coherente y épica, todo ello dentro de dos cabeceras (Action Comics #591 y Legion of Super-heroes #38), se nos presenta la incursión de un personaje afin a Batman dentro del universo de Superman, que no es otro que el villano de sobra conocido como el Joker. Su aparición es dentro del número #9 de la serie Superman, un cómic que sin grandes pretensiones intenta mostrar la maquiavélica forma de actuar de este psicópata, comparándose en su parte final con la del archienemigo de Superman, Lex Luthor, sobre el que veremos otra de sus oscuras facetas.
Le sigue a esta historia un arco argumental comprendido por los números #592-593 de la cabecera Action Comics, donde se hila en parte con lo visto en el segundo volumen de esta colección, momento en el que el último hijo de Krypton viajó a Apokolips, planeta en el que reside el villano Darkseid junto a sus acólitos. En esta ocasión, la historia comenzará con una guapa Big Barda, a quien vagamente vimos en una ilustración del mencionado tomo, que camina por las oscuras calles de Metrópolis, lejos de su residencia en Nueva Génesis, hasta que debido a un cúmulo de situaciones se ve amenazada por un mal ajeno a la Tierra y cercano a las huestes de Darkseid. Mientras tanto, el reportero Clark Kent decide investigar una extraña radiación que está afectando a los vecinos de la Barriada Suicida, y aunque sus consecuencias no son claramente negativas, debe conocer su origen. Estas dos historias se unificarán en una sola, dejándonos ver hechos tan “bizarros” como ver a Superman siendo protagonista de una película pornográfica (no os preocupéis por los más pequeños, ya que lógicamente no hay ninguna imagen subida de tono).

Este cuarto volumen continúa manteniendo la buena línea de sus predecesores, trabajo que recae principalmente sobre John Byrne, quien sabe compaginar las historias clásicas con un enfoque más adulto capaz de atraer a todo tipo de lectores. El autor canadiense se encarga también de la labor artística, aunque el número perteneciente a la cabecera de la Legión de Superhéroes es escrito por Paul Levitz y dibujado por Greg LaRocque, aun así, ambos artistas mantienen la misma linea estilística que había asentado Byrne.
ECC Ediciones continúa manteniendo el mismo estilo de formato de las anteriores entregas, reduciendo el número de páginas de 192 a 176, pero bajando también el precio a 17,95€, un detalle digno de agradecer en los tiempos que corren. Como ya he mencionado, este volumen contiene ocho números realizados por Byrne (Man of Steel #4-5, Action Comics #591-593, Legion of Super-heroes #38 y Superman #10-11), agrupados dentro de una colección que ningún fan de Superman puede perderse.




