‘The Return of the Thin White Duke’ de Gaiman, en castellano

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Había habido hace tiempo seis corceles de combate, uno por cada uno de los Señores y Señoras del Atardecer. Eran brillantes, hermosos, imparables, y cuando el Duque se vio forzado a terminar la carrera de cada uno de los Gobernantes del Atardecer, se negó a destruir sus corceles de combate, situándolos en cambio donde no pudieran hacer ningún daño a los mundos.

El Duque tomó la clave y tocó un arpegio de apertura. La puerta se abrió, y un corcel de combate negro como la tinta, negro azabache, negro como el carbón, salió pavoneándose con gracia felina. Levantó la cabeza y miró al mundo con ojos orgullosos.

Return of the White Thin Duke 4“¿A dónde vamos” preguntó el corcel de combate. “¿Contra qué luchamos?”

“Vamos a Más Allá”, dijo el Duque. “Y en cuanto a contra quién debemos luchar… bien, eso está por ver”.

“Puedo llevarte a cualquier lugar”, dijo el corcel de combate. “Y mataré a aquellos que intenten hacerte daño”.

El Duque subió a lomos del corcel de combate, notando el frío metal blando como carne viva en sus muslos, y le exhortó a avanzar.

Un salto y ya estaba corriendo por la espuma y el flujo del Infraespacio: caían juntos a través de la locura entre los mundos. El Duque rió, en ese momento, donde ningún hombre podía oírle, mientras viajaban juntos por el Infraespacio, viajando eternamente en el Infratiempo (que no puede calcularse con los segundos de una vida humana).

“Esto da la impresión de ser una trampa, de algún tipo”, dijo el corcel de combate, mientras el espacio tras las galaxias se evaporaba a su alrededor.

“Sí”, dijo el Duque. “Estoy seguro de que lo es”.

“He sabido de esta Reina”, dijo el corcel de combate, “O de algo como ella. Ella vive entre la vida y la muerte, y llama a guerreros y héroes y poetas y soñadores  a su maldición”.

“Eso tiene sentido”, dijo el Duque.

“Y cuando regresemos al espacio real, esperaría una emboscada”, dijo el corcel de combate.

“Eso suena más que probable”, dijo el Duque, mientras llegaban a su destino, y salían del Infraespacio de vuelta a la existencia.

Los guardianes del palacio eran tan hermosos como el mensajero que le había advertido, y tan fieros, y estaban esperando.

“¿Qué estás haciendo” dijeron en voz alta, mientras se preparaban para el ataque. “¿Sabes que los forasteros están prohibidos aquí? Quédate con nosotros. Déjanos amarte. Te consumiremos con nuestro amor”.

“He venido a rescatar a vuestra Reina”, les dijo.

“¿Rescatar a la Reina” dijeron entre risas. “Ella tendrá tu cabeza en una bandeja antes de mirarte. Muchos han venido a salvarla, a lo largo de los años. Sus cabezas están en bandejas de oro en su palacio. La tuya será simplemente la más reciente”.

Return of the White Thin Duke 5

Había hombres que parecían ángeles caídos y mujeres que parecían demonios resucitados. Había personas tan hermosas que hubieran sido todo lo que el Duque había deseado alguna vez, si hubieran sido humanos, y ellos se empujaban hacia él, piel contra caparazón y carne contra armadura, de modo que ellos podían notar su frialdad, y él podía sentir su calor.

“Quédate con nosotros. Déjanos amarte”, susurraron ellos, estirando los brazos hacia él con afiladas garras y dientes.

“No creo que vuestro amor resulte bueno para mí”, dijo el Duque. Una de las mujeres, de pelo rubio y ojos de un peculiar azul translúcido, le recordó a alguien largo tiempo olvidado, una amante que había salido fuera de su vida hacía mucho tiempo. Encontró su nombre en la memoria, y lo hubiera dicho en voz alta, para ver si ella se volvía, para ver si ella le conocía, pero el corcel de combate golpeó con afiladas zarpas, y los pálidos ojos azules se cerraron para siempre.

El corcel de combate se movía rápido, como una pantera, y cada uno de los guardianes cayó al suelo, se retorció y se quedó quieto.

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