‘The Return of the Thin White Duke’ de Gaiman, en castellano

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El Duque se detuvo delante del palacio de la Reina. Se deslizó desde su corcel de combate hasta la tierra fresca.

“A partir de aquí continúo solo”, dijo. “Espera, y un día regresaré”.

“No creo que regreséis jamás”, dijo el corcel de combate. “Yo esperaré hasta que el propio tiempo se agote, si es necesario. Pero aún así, temo por vos”.

El Duque tocó con sus labios el acero negro de la cabeza del corcel y se despidió de él. Siguió adelante para rescatar a la Reina. Se acordó de un monstruo que había gobernado mundos y que nunca moriría, y sonrió, porque él ya no era ese hombre. Por primera vez desde su primera juventud, tenía algo que perder, y el descubrimiento de eso le hizo joven de nuevo. El corazón comenzó a latirle con fuerza en el pecho mientras caminaba a través del palacio vacío, y se río a carcajadas.

Return of the White Thin Duke 3Ella le estaba esperando, en el lugar donde las flores mueren. Ella era todo lo que él había imaginado que sería. Su falda era sencilla y blanca, sus pómulos altos y muy oscuros, su pelo era largo y del infinito color oscuro de un ala de cuervo.

“Estoy aquí para rescataros”, le dijo.

“Estás aquí para rescatarte a ti mismo”, le corrigió ella. Su voz era casi un murmullo, como la brisa que agita las flores muertas.

Él inclinó la cabeza, aunque ella era tan alta como él.

“Tres preguntas”, susurró ella. “Respóndelas correctamente, y todo lo que desees será tuyo. Fracasa, y tu cabeza descansará para siempre en una bandeja de oro”. Su piel era del color pardo de los pétalos de rosa muertos. Sus ojos eran del dorado oscuro del ámbar.

“Haced vuestras tres preguntas”, dijo él, con una seguridad que no sentía.

La Reina estiró un dedo hacia él y lo pasó suavemente por su mejilla. El Duque no podía recordar la última vez que alguien le había tocado sin su permiso.

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