‘The Return of the Thin White Duke’ de Gaiman, en castellano

Atrás
Siguiente

Página 5

“¿Qué es más grande que el universo?” preguntó ella.

“El Infraespacio y el Infratiempo”, dijo el Duque. “Porque ambos incluyen al universo, y además todo lo que no es el universo. Pero sospecho que buscáis una respuesta más poética y menos precisa. La mente, entonces, porque puede contener un universo, pero también imaginar cosas que nunca han existido ni existen”.

La Reina no dijo nada.

“¿Es correcto? ¿Es erróneo?” preguntó el Duque. Añoró, por un momento, el susurro viperino de su consejero jefe, transmitiendo, a través de su conexión neural, la sabiduría acumulada de sus consejeros a lo largo de los años, o incluso el murmullo de su escarabajo de información.

“La segunda pregunta”, dijo la Reina. “¿Qué es más importante que un Rey?”

“Obviamente, un Duque”, dijo el Duque. “Porque todos los Reyes, Papas, Cancilleres, Emperatrices y otros sirven a mi voluntad y solamente a mi voluntad. Pero de nuevo, sospecho que estáis buscando una respuesta que sea menos exacta y más imaginativa. La mente, de nuevo, es más importante que un Rey. O que un Duque. Porque, aunque no soy inferior a nadie, hay algunos que podrían imaginar un mundo en el que haya algo superior a mí, y algo más superior a eso, y así sucesivamente.  ¡No! ¡Esperad! Tengo la respuesta. Es del Gran Árbol de la Vida: Kether, la Corona, el concepto de monarquía, es más importante que ningún Rey”.

Return of the White Thin Duke 6

La Reina miró al Duque con ojos ambarinos, y dijo, “La pregunta final para ti. ¿Qué no puedes retirar jamás?”

“Mi palabra”, dijo el Duque. “Aunque, ahora que pienso en ello, una vez que he dado mi palabra, a veces las circunstancias cambian y a veces los propios mundos cambian de formas desafortunadas e inesperadas. De vez en cuando, si se llega a eso, mi palabra necesita ser modificada de acuerdo con  las realidades. Diría la Muerte, pero, realmente, si me veo en necesidad de alguien de quien me he deshecho, simplemente les reincorporo…”

La Reina parecía impaciente.

“Un beso”, dijo el Duque.

Ella asintió.

“Hay esperanza para ti”, dijo la Reina. “Tú crees que eres mi única esperanza, pero, a decir verdad, yo soy la tuya. Tus respuestas estaban todas bastante equivocadas. Pero la última no estaba tan equivocada como el resto”.

El Duque consideró perder la cabeza por esta mujer, y encontró la posibilidad menos perturbadora de lo que hubiera esperado.

Una ráfaga de viento recorrió el jardín de flores muertas, y el Duque pensó en fantasmas perfumados.

“¿Te gustaría conocer la respuesta” preguntó ella.

“Respuestas”, dijo él. “Ciertamente”.

“Solamente una respuesta, y es esta: el corazón”, dijo la Reina. “El corazón es más grande que el universo, porque puede encontrar compasión por todo lo que hay en el universo, y el propio universo no puede sentir compasión. El corazón es más importante que un Rey, porque un corazón puede conocer a un Rey por lo que es, y aun así amarle. Y una vez que das tu corazón, no puedes retirarlo”.

“Yo dije un beso”, dijo el Duque.

“No estaba tan equivocada como las otras respuestas”, le contestó ella. El viento sopló en ráfagas más fuertes y salvajes y durante un segundo el aire estuvo lleno de pétalos muertos. Luego el viento se fue tan repentinamente como había aparecido, y los pétalos rotos cayeron al suelo.

Atrás
Siguiente