miércoles, agosto 17, 2022

¿Son mediocres los protagonistas de shonen actuales?

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«Mediocres» es un término muy usado, y más contra los últimos protagonistas de shonen; pero ¿está bien empleado?

Si hay una queja constante entre los espectadores de Anime, principalmente Shonen, es aquella sobre cómo narran a sus personajes protagónicos. Términos como «planos», «clichés», y la infaltable «Mary Sue», son el pan diario dentro de este círculo artístico (insultos incluidos).

Una de las principales causas de este conflicto radicaría en el infaltable choque generacional entre sus espectadores; un problema no menor, si pensamos en lo mucho que la industria está dando énfasis en el público infantil, pese a tener un fan base mayor de edad lo suficientemente grande.

Sí, existe ese mito en la animación de que es un arte concebido «exclusivamente para niños», y aunque sea absurdo, no quita que es el principal referente de los productores a la hora de difundir una obra. Ergo, este no es motivo para que una historia sea inherentemente mala (o por lo menos, sus protagonistas). Tal vez sea porque esa personalidad inmadura y, a veces, sofocante, golpea muy fuerte a la vista de ojos maduros, quienes ya no empaticen con ciertos arquetipos; pero de ahí a acusar a una pieza de «mediocre» solo por dicho enfoque, es caer bajo. Muy, muy bajo.

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  • Shonen

Analizando a los protagonistas de shonen actuales

Algo curioso de la demografía shonen va de cómo fue dándole a los niños una imagen cada vez más representativa. Este es el primer choque entre el público, ya que pasamos por tres décadas con protagonistas emulando la apariencia de un adulto joven. De nuevo, esto no es inherentemente malo. El problema es cuando se arroga cierta superioridad, en vista de que pueden abordar temas más complejos, si el objetivo es ganarse a los mayores. Y eso entre comillas, pues no son los únicos en alcanzar ese extremo.

Si pensamos, por ejemplo, en personajes como Himura Kenshin en Samurai X (Furuhashi, 1994), su historia abarca una idea densa en un período histórico de transición política y social. Evidentemente, es un tema que se aprecia con mayor dimensión luego de pasar la Enseñanza Media (educación secundaria en Chile), pues el espectador se maneja en los temas necesarios, además de tener una mente más madura, como para poder entender la premisa.

Algo similar se puede decir de personajes como Saitama (One Punch Man, Murata,2009), quien deconstruye la ilusión del medio ante su noción de poder bruto. A esto se suma la propuesta del mismo a dilemas como el sentido de vivir, el vacío tras cumplir tus metas y ya no saber a qué dedicarte, o el mismo cinismo tras estos «buenos samaritanos», quienes parecen salvar solo a quién conviene. Pero, de nuevo, ¿esto hace malas a las propuestas de menor grosor? Es más, ¿acaso no se puede abordar lo mismo en un formato más pueril?

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Tanjiro y Deku, unos niños muy humanos

La verdad de las cosas es que muchos de los protagonistas acusados de esta falta suelen tener las mismas capas de estas «eminencias», y si no las tienen, las van ganando con el tiempo. Un ejemplo es Tanjiro, de Demon Slayer (Gotouge, 2016). Su personaje destaca por la manera en que sus ideales de compasión son puestos a prueba con cada demonio, instantes en que debe decidir entre ayudar a los suyos o a sus enemigos, pues acabado el duelo, es él quien debe contemplar los restos de una criatura que una vez fue humana, agrietando cada vez más su corazón.

Este argumento es un claro homenaje a lo que hizo al Van Hellsing de Hugh Jackman tan humano; un asesino que pide perdón a diario por ser, incluso, más monstruoso que los supuestos monstruos que caza. Es igual que Tanjiro, vive en un mundo brutal que saca lo peor de todos, pero cuando la bestia cae, puede contemplar de primera mano esa bondad que un día perdió, y que, gracias a Dios, él todavía conserva. Es, sobretodo, trágico. Y si Gotouge pudo captar sin problemas ese argumento, es porque realmente se puede ser un niño y hablar con mayores.

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El problema de Tanjiro quizás sea el mismo que otro protagonista de la Shonen Jump: Deku, cuyo arco principal sigue demasiado las líneas que Masashi Kishimoto grabó desde Naruto (2002). Es decir, la idea de este protagonista desvalido, pero con un poder descomunal, el mismo que resulta contraproducente frente a su discurso inicial sobre «esfuerzo y convicción». Lo único rescatable es que Horikoshi supo captar en Midoriya esa hidalguía y esa determinación por ayudar al resto, siendo más que solo el portador del One For All.

Cuando Deku enfrenta a Todoroki, es el único en darse cuenta del daño que el hielo hace a su cuerpo sin fuego, y aunque le da las armas para vencerle, este «Naruto Verde que llora» cumple con su deber como héroe: salvar a un inocente. Además que el mismo no es solo «power ups»; el chico es inteligente. Llenó almanaques enteros sobre los héroes de todo el mundo, usa los recursos de su entorno para resolver sus problemas y, poco a poco, aprendió a regular las reacciones de su cuerpo al quirck. Notable.

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«Personajes reflejos»

Ahora, es cierto que no todos llegan a ese pico de calidad, y que uno de los pecados de los mangakas es el abuso de los «personajes reflejos», idealizaciones de lo que el público, o ellos mismos, querrían ser en un mundo fantástico. Es aquí donde entran personajes como Kirito o Meliodas, los «Rangers Rojos» por excelencia y que no ofrecen más que dramas forzados y muestras absurdas de poder. Con este enfoque, la historia prioriza más elogiar la figura de sus protagonistas, y el resto se reduce a un decorado. Aún así, en ciertos momentos, se aprecian las interacciones con los personajes secundarios, quienes, en parte, crean instantes más llamativos.

Lo malo con estos personajes «reflejos» es que todo en su historia los deja mal parados; sus diálogos con los otros miembros del cast los hacen ver vacíos, las batallas contra sus villanos tienen más arreglos que una mesa de cumpleaños, y el romance, ¿para qué hablar del romance? Nada más triste que una relación sin historia ni arco de crecimiento. Los «te amo» porque sí ya no tienen gracia, no sin esa cadena de sucesos que va creciendo con la obra, como Luz y Amity, si quieren un ejemplo.

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Aún así, si hubiera que rescatar algo de estos personajes es que vuelven más notorio el crecimiento de sus autores, porque cuando estos mismos se dan cuenta de las falencias de su premisa, mientras deciden correr ciertos riesgos y ceder el protagonismo a personajes de mejores capas, es cuando hayan las claves para escribir mejor al protagonista. Kawahara lo descubrió con SAO, Tabata lo descubrió con Asta, y aunque Mashime no fue gentil con Natsu, Eden Zero probó cómo creció su dibujante.

En resumen, ¿son mediocres los protagonistas del shonen actual? No. ¿Tienen lo requerido para encabezar una obra de calidad? Por supuesto. ¿Hay desperfectos en su camino? Efectivamente, pero tampoco son problemáticas que no se puedan solucionar, y mientras existan «Tanjiros» que denoten por su compás moral, o «Dekus» encarnando el significado del heroísmo, es señal de un buen trabajo.

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