El trabajo de Malavia es un ejemplo de cómo una simple portada puede sacudir al lector antes incluso de abrir el cómic. La serie escrita por Dan Slott e ilustrada por Rafael Albuquerque ya había establecido un tono donde la Kryptonita inunda las calles de la Tierra, cayendo incluso en manos de delincuentes comunes. Pero esta portada da un paso más: sugiere que el verdadero peligro puede no estar fuera, sino dentro del propio Superman.
Aunque la historia interior aún no confirma esta visión tan macabra, la portada provoca preguntas irresistibles. ¿Podría la Kryptonita llegar a cristalizarse en el organismo de Clark? ¿Qué clase de villano sería capaz de manipularla de esta manera? El mero hecho de imaginar al Hombre de Acero enfrentando un enemigo en su interior es tan impactante que parece material propio de un sello Black Label, más adulto y visceral.
La portada logra algo que no siempre ocurre en el cómic mainstream: provocar emociones contradictorias en el lector. Admiración por la valentía artística, compasión ante la visión de un Superman sufriendo y, al mismo tiempo, repulsión por lo grotesco de la imagen.
Lo que sí está claro es que DC Comics sabe cómo atraer miradas con portadas memorables. El impacto visual es tal que muchos lectores se sentirán obligados a seguir la colección, aunque solo sea por ver si esa pesadilla cobra vida dentro de la historia.