La jugada de traer de vuelta a Billie Piper llega en un momento delicado para la franquicia. Las audiencias de la etapa de Russell T Davies han caído respecto a lo esperado, pese a la millonaria alianza con Disney+. Aunque la producción ha tenido un aspecto más internacional, la serie ha sufrido críticas por lo que algunos consideran un exceso de mensajes sociales demasiado marcados.
En este contexto, la BBC parece haber buscado un golpe de efecto rápido: darle al público un rostro que representa nostalgia, vínculo emocional y fuerza narrativa. ¿Es una solución temporal o una maniobra a largo plazo? Esa es la pregunta que queda en el aire.
Más allá de la sorpresa, hay que recordar el peso histórico de Rose Tyler en Doctor Who. Fue la primera compañera de la era moderna y la que permitió conectar con una nueva generación de espectadores. Recuperar esa cara en plena crisis de audiencias no parece casualidad.
Por ahora, solo sabemos que su fichaje fue improvisado, que la actriz disfrutó guardando el secreto y que los productores parecen dispuestos a mover ficha con rapidez. Quizá eso implique que Piper solo sea un puente hacia la próxima encarnación del Doctor, o tal vez estemos ante una reinvención más profunda de la mitología.
Con más de sesenta años de historia, Doctor Who sigue siendo una de las propiedades más queridas de la ciencia ficción. La duda ya no es si la serie sobrevivirá, sino en qué forma lo hará. Y ahí, el regreso inesperado de Rose Tyler podría ser una pista de lo que vendrá.