La película de Doctor Sueño por fin reconcilió a Stephen King con El resplandor de Kubrick

Panini

Mike Flanagan logró lo imposible con Doctor Sueño, unir la visión de King con la huella imborrable de Kubrick

Durante décadas, Stephen King y Stanley Kubrick han sido polos opuestos cuando se hablaba de El resplandor. El escritor odiaba la frialdad del filme y la forma en que desfiguraba a su protagonista. Pero entonces llegó Doctor Sueño, una secuela inesperadamente emocional que, bajo la dirección de Mike Flanagan, tejió un puente entre el cine y la literatura que nunca creímos posible.

Doctor Sueño y la reconciliación definitiva

Stephen King siempre renegó de la película de Kubrick. A pesar de que El resplandor se ha convertido en un clásico del cine de terror, el autor no ocultó nunca su desprecio: “Jack Torrance no tiene arco en esa película”, dijo en una entrevista. Y lo cierto es que Kubrick presentó a Nicholson como un loco desde el primer minuto, mientras que en la novela, Jack es un hombre con buenas intenciones que se va desmoronando por la influencia maldita del Hotel Overlook… y por su alcoholismo.

Esa lucha interna que King quiso reflejar —inspirada en sus propios demonios personales— nunca se vio en pantalla, y eso siempre le dolió. El Jack de la novela era trágico. El de Kubrick, simplemente aterrador.

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Para colmo, Kubrick se tomó varias licencias más: mató a Dick Hallorann, cambió el final con una escena congelada en un laberinto y añadió ese plano misterioso de la fotografía de 1921 que, lejos de aclarar, confundía. Lo que para muchos fue cine de autor, para King fue una traición.

Flanagan conecta dos mundos sin traicionar ninguno

Cuando Mike Flanagan se enfrentó al reto de adaptar Doctor Sueño, sabía que tenía un dilema. ¿Ignorar la película de Kubrick y seguir solo el libro? ¿O aceptar que el cine ya había dejado una marca imborrable? Hizo ambas cosas. Y le salió redondo.

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Flanagan respetó el imaginario visual de Kubrick —ese hotel, esa alfombra, esa bañera, ese hacha— pero recuperó el alma del libro original, y le dio a King la adaptación que merecía. En su Director’s Cut, incluso dividió el film en “capítulos” para imitar la estructura de una novela. Detalles así muestran una devoción rara de ver en Hollywood.

La escena más potente es cuando Dan (Ewan McGregor) habla con su padre en el bar del Overlook. No es solo un homenaje a Nicholson, es un momento emocional que reconstruye al personaje que Kubrick había reducido a una caricatura. Aquí, Jack tiene más matices. Y Dan, que también ha caído en el alcohol, se convierte en el reflejo de lo que su padre fue… pero con una oportunidad de redención.

El final que King siempre quiso

En Doctor Sueño, Dan sacrifica su vida para salvar a la joven Abra. Se enfrenta a sus traumas, acepta su don, y finalmente encuentra paz. Y lo hace haciendo volar por los aires el Hotel Overlook, como en el libro original de El resplandor. Esa explosión simbólica es también el cierre de un ciclo narrativo y emocional.

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Y no solo Dan cierra su arco. Wendy, su madre, aparece en una visión final donde ambos se reconcilian, ahora representados como en su mejor versión. Incluso Dick Hallorann, asesinado en el filme de Kubrick pero vivo en las novelas, tiene su espacio gracias a la habilidad de Dan para comunicarse con los muertos. Un guiño a los lectores que no deja fuera a los fans del cine.

Flanagan no solo salvó la historia: la mejoró. Hizo justicia a los personajes, respetó la mitología y ofreció una experiencia emocional que ni Kubrick ni las adaptaciones televisivas anteriores habían logrado. Doctor Sueño pasó injustamente desapercibida en taquilla, pero es, sin duda, una de las mejores adaptaciones de King jamás filmadas.

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