La serie de Apple TV, Pluribus, deja caer pistas perturbadoras sobre canibalismo que ahora encajan demasiado bien
Cuando pensábamos que Pluribus no podía ser más inquietante, llega el episodio 5 y nos suelta un mazazo final que da sentido a detalles que habíamos pasado por alto. Carol, interpretada por Rhea Seehorn, se adentra en una investigación sobre los infectados que acaban conectados a una especie de mente colmena. Pero lo que descubre al final del episodio cambia por completo el tono de la serie: una cámara frigorífica, envases de leche sospechosos y una pista que nos lleva a pensar lo peor… ¿estamos ante una comunidad de caníbales?
La serie no lo confirma directamente, pero las señales están por todas partes. Desde el episodio 2 ya vimos a infectados recogiendo cadáveres y cargándolos en camiones de una empresa láctea. En ese momento parecía un simple recurso visual, pero ahora que sabemos que esos mismos cartones de leche están siendo consumidos por infectados en recuperación… la cosa se pone bastante turbia. La clave estaba en los detalles, y Vince Gilligan lo sabía desde el principio.
Una pista visual, una frase casual… y el horror se revela
En el episodio 4, Carol visita a Zosia, una infectada que parece estar mejorando tras beber de uno de esos misteriosos cartones. ¿El contenido? Nunca se dice. ¿El efecto? Claramente regenerador. Pero es en el episodio 5 donde el puzle se completa: carteles con la palabra “reuse”, códigos de barras que llevan a cámaras frías y una escena metafórica con lobos que atacan una tumba —que no es otra cosa que una representación de lo que hacen los infectados con los muertos.
Y por si fuera poco, hay una conversación clave entre el señor Diabate y los infectados. Cuando les pregunta si matarían animales, ellos responden que no dañarían a “ningún ser vivo”. Su solución: él mata, ellos cocinan. No hace falta ser un genio para atar cabos.
Gilligan y su manual de pistas escondidas
El giro no sorprende tanto si recordamos quién está al mando. Vince Gilligan ya nos dejó boquiabiertos con Breaking Bad, especialmente con la trama del accidente aéreo en la temporada 2, tan cuidadosamente sembrada desde los títulos de los episodios hasta las escenas más pequeñas. Lo suyo no son las sorpresas gratuitas: es un artesano del foreshadowing, y en Pluribus vuelve a demostrarlo.
Lo interesante es que, aunque todo apunta al canibalismo, Gilligan también es experto en jugar al despiste. No sería raro que la historia aún guardase una vuelta de tuerca más oscura o más ambigua. Porque si algo hemos aprendido viendo sus obras, es que siempre hay una capa más, y lo que parece una verdad revelada puede ser solo otra pieza en un rompecabezas más grande.
Rhea Seehorn, la brújula moral del caos
Desde Better Call Saul hasta Pluribus, Rhea Seehorn ha demostrado que puede sostener sobre sus hombros la tensión emocional de cualquier historia. Su personaje, Carol, no solo es el eje de la narrativa: es la única conexión real con lo que queda de humanidad. Mientras el resto acepta sin rechistar las reglas de esta nueva sociedad infectada, ella es la que plantea preguntas, la que se revuelve contra lo establecido y la que arriesga todo por buscar la verdad. Su escena defendiendo la tumba de Helen contra los lobos resume perfectamente su papel: proteger lo que nos hace humanos, aunque eso la enfrente a todos.
Un universo que apenas comienza
Si Pluribus sigue este ritmo, podríamos estar ante la nueva serie de culto de Apple TV. Gilligan y su equipo están cocinando (esperemos que no literalmente) un relato sobre cómo las sociedades justifican lo injustificable en nombre de la eficiencia. El uso de metáforas, códigos visuales y narrativas paralelas recuerda a The Leftovers o incluso a Black Mirror, pero con una identidad muy marcada. Y eso, en un panorama lleno de distopías recicladas, ya es un logro digno de elogio.


