The Running Man: Una distopía que golpea más cerca de casa

The Running Man
Panini

The Running Man, la nueva adaptación del clásico de 1982, llega en el momento justo, con Glen Powell huyendo por su vida en un thriller que mezcla acción sin descanso y crítica social afilada.

Edgar Wright vuelve a los orígenes de Stephen King en ‘The Running Man’

Hay algo profético en el hecho de que Edgar Wright estrene su visión de The Running Man precisamente en 2025, el mismo año en que Stephen King ambientó originalmente su novela cuando la publicó bajo el seudónimo de Richard Bachman en 1982. No es casualidad: es destino cinematográfico.

Un juego mortal en prime time

Wright y su colaborador habitual Michael Bacall han construido un thriller despiadado donde la televisión no solo entretiene, sino que devora vidas enteras. Ben Richards (Glen Powell) no es un héroe de acción al uso. Es un trabajador de la construcción, un tipo de barrio que solo quiere comprar medicinas para su hija enferma. Cuando la todopoderosa corporación conocida como “la Cadena” le veta de cualquier empleo, solo le queda una salida: participar en “The Running Man”, el concurso más mortífero de la televisión.

Las reglas son brutales en su sencillez: sobrevivir 30 días mientras te persigue un escuadrón de asesinos profesionales. Cada movimiento retransmitido en directo. Cada día que sobrevives, más dinero para tu familia. Nadie ha completado los 30 días. Nadie.

Wright regresa al libro (y mejora la película del 87)

Si recordáis la versión de 1987 con Arnold Schwarzenegger, olvidadla. No faltan los guiños (más o menos obvios) a la versión ochentera y tenemos muchos de los elementos de aquella (el espectaculo televisivo, el engaño, la crítica), pero Wright y Bacall han optado por una adaptación mucho más fiel a la novela de King, sacando la acción del escenario cerrado de aquella película y lanzando a Ben a través de un vasto paisaje estadounidense: ciudades abarrotadas, carreteras perdidas, una huida frenética desde Co-Op City hasta la frontera canadiense.

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El director de Baby Driver y Scott Pilgrim contra el mundo despliega aquí toda su maestría visual en secuencias de acción que no dan tregua, con una puesta en escena que convierte cada rincón de Estados Unidos en una trampa mortal.

Glen Powell en su mejor papel hasta la fecha

Después de Top Gun: Maverick y Twisters, Powell demuestra que puede cargar una película entera sobre sus espaldas. Y no solo físicamente (que también: el actor sufrió sus buenos cortes y magulladuras durante el rodaje). Su Ben Richards es un hombre ordinario empujado a circunstancias extraordinarias, y Powell encuentra el equilibrio perfecto entre vulnerabilidad y determinación. Cada golpe duele, cada decisión pesa. No hay trucos de superhéroe aquí, solo pura supervivencia.

Pero a Powell le rodea un buen elenco de secundarios. Josh Brolin está magnético como Dan Killian, el productor ejecutivo de la Cadena que convence a Ben de participar con promesas doradas mientras orquesta su destrucción. Colman Domingo brilla como Bobby T, el presentador del programa que convierte la crueldad en espectáculo familiar. Y Lee Pace, oculto tras una máscara durante toda la película, consigue ser amenazante solo con su presencia física como McCone, el cazador principal.

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Las apariciones de William H. Macy como un traficante del mercado negro y Michael Cera como un rebelde impredecible añaden capas de humanidad (y peligro) al viaje de Ben. Y Katy O’Brian roba cada escena como Laughlin, una concursante que vive cada día como si fuera el último, porque probablemente lo sea.

Una distopía demasiado familiar

Lo más inquietante de The Running Man es lo cercana que se siente. La Cadena controla empleos, sanidad, información… y televisión. En cada hogar hay un televisor obligatorio que no solo te muestra contenido: también te vigila. Los concursos ofrecen dinero en efectivo a cambio de dignidad, integridad física o directamente tu vida.

“Stephen King fue capaz de predecir cómo se desarrollaría la telerrealidad en las cuatro décadas siguientes”, señala Wright. Y tiene razón. En una era de reality shows cada vez más extremos y audiencias sedientas de contenido viral, la visión de King de 1982 parece una advertencia más que una fantasía.

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Es curioso que en poco tiempo coincidan en los cines dos adaptaciones de Richard Bachman, y que ambas tengan tanto en común: la crítica a la situación socio-economica, la parodia (terrible) del cruel espectáculo televisivo… Está claro lo que pasaba por la mente de King en aquellos años.

Acción sin respiro, diseño de producción espectacular

La dirección de fotografía de Chung-hoon Chung (It, Heretic) captura tanto la grandeza como la miseria de este futuro alternativo. El diseño de producción de Marcus Rowland (Rocketman) construye un mundo que resulta extrañamente reconocible pese a ser distópico. Y el montaje de Paul Machliss, colaborador habitual de Wright, mantiene un ritmo frenético que apenas da tiempo a respirar.

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Una mención especial merece la secuencia en casa de Elton, que Michael Cera describe como “una trampa para ratones diseñada al estilo de Solo en casa“. Y es que ademas de la importancia del humor (a veces negro, otras veces cercano al absurdo) en esta película, esa secuencia es puro caos coreografiado, el tipo de secuencia de acción que tan bien se le da a Wright y que sabe ejecutar con gran precisión visual.

¿Vale la pena verla?

The Running Man

The Running Man funciona en múltiples niveles. Como thriller de acción puro y duro, es implacable y emocionante. Como sátira del entretenimiento televisivo y la desigualdad económica, es afilada y pertinente. Y como adaptación de Stephen King, finalmente hace justicia a la intensidad emocional de la novela original.

Con 2 horas y 13 minutos de duración, Wright mantiene la tensión sin decaer, entregando una experiencia cinematográfica que combina adrenalina, ingenio y algo importante que decir sobre el mundo en que vivimos.

The Running Man se estrena en cines el 21 de noviembre.

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