Cuando la nostalgia choca de frente con juegos de cámaras imposibles, bugs letales y decisiones de diseño que hoy darían vergüenza ajena
Juegos de los 90 que hoy son injugables
Durante aquella transición salvaje del 2D al 3D, los estudios experimentaban sin red. No existían estándares claros para cámaras, control de personajes o interfaces. Y eso se nota. Mucho. Algunos juegos lograron evolucionar; otros quedaron como documentos arqueológicos interactivos.
Un príncipe y una fantasía final
Prince of Persia 3D quiso llevar una saga legendaria al terreno tridimensional… y tropezó con todo. Cámara errática, combates lentos y saltos imprecisos convierten cada fase en una lucha contra el propio juego. No fue hasta The Sands of Time cuando la franquicia entendió cómo debía moverse en 3D.
Final Fantasy VI, pese a ser uno de los JRPG más queridos de la historia, arrastra un problema serio en sus versiones originales: un bug capaz de corromper la partida guardada si se usa una habilidad concreta en el momento equivocado. Raro, sí. Pero suficiente para arruinar decenas de horas de juego.
El problema de las cámaras
Bubsy 3D es casi una lección de lo que no se debe hacer en un plataformas tridimensional. Cámara rebelde, controles torpes y un diseño de niveles confuso lo convierten en un suplicio más que en un reto. El odio que recibe no es casualidad.
La versión de Resident Evil 2 para Game.com es un ejemplo de ambición mal entendida. Intentar meter un survival horror tan complejo en una portátil limitada dio como resultado rendimiento desastroso y mecánicas mutiladas. Valiente intento, pésimo resultado.
Lo mismo ocurre con Duke Nukem 3D en Game.com. Sin posibilidad de mirar libremente ni correr, el shooter pierde toda su identidad, quedando como una sombra irreconocible del original.
Bugs y más bugs
Superman 64 es directamente una leyenda negra. Anillos imposibles, controles criminales y bugs que bloquean la partida hacen que incluso volar resulte frustrante. Un manual de cómo destrozar a uno de los mayores iconos del cómic.
Mario Artist, pensado como herramienta creativa para el 64DD, sufre hoy por la rareza del periférico y funciones online desaparecidas. Fue avanzado para su tiempo… pero ese tiempo ya pasó.
Y cerramos con Myth II: Soulblighter, un juegazo con una trampa mortal: un bug de desinstalación capaz de borrar partes del disco duro. Sí, literalmente. Un riesgo que hoy no compensa ni por nostalgia.
Cuando la nostalgia se estrella contra la realidad
Volver a estos títulos es también asomarse a una época sin manual de instrucciones, donde los estudios aprendían a base de golpes. Muchos de estos juegos no son malos por concepto, sino por haber llegado demasiado pronto. El salto al 3D pilló a la industria con el pie cambiado y se notó en cámaras imposibles, controles sin pulir y decisiones técnicas que hoy resultarían impensables. Aun así, sentaron bases que otros supieron aprovechar después, convirtiendo sus errores en lecciones valiosas para el futuro del medio.
Estos títulos son hijos de su tiempo, y eso no los hace menos importantes. Pero también demuestran que no todo clásico merece ser revisitado sin avisos previos. A veces, el mejor recuerdo es precisamente eso: un recuerdo.


