El Hijo 2 se esfuma: la secuela que prometía un universo oscuro queda en nada

El Hijo 2
Panini

Un anuncio inesperado dejó a los fans de El Hijo con la miel en los labios

Brandon Breyer, Brightburn 2, James Gunn, secuela cancelada

Durante años, la sombra de una posible secuela de Brightburn planeó sobre los fans, alimentada por pistas, declaraciones ambiguas y ese final que gritaba “franquicia”. Sin embargo, la realidad ha terminado siendo mucho menos espectacular: la secuela está cancelada. Y no por falta de ganas ni de ideas, sino por un choque mucho más terrenal: los derechos de la película están hechos un desastre.

El Hijo 2

Todo comenzó con aquella sorpresa de 2019, cuando la cinta dirigida por David Yarovesky reinterpretó el mito del “niño llegado del espacio” con una maldad tan fría que dejó a medio planeta mirando con recelo cualquier nave que cayera en Kansas. La película funcionó bien en taquilla, costó poco y recaudó bastante, lo cual ya situaba a Brightburn en esa categoría jugosa de producciones pequeñas con grandes posibilidades de expansión.

Pero lo que parecía una sencilla historia de origen maligno pronto se convirtió en una novela de despachos mucho más fea.

En 2024, cuando ya parecía que el silencio prolongado era la única respuesta, James Gunn soltó la bomba en Threads: “No hay planes en absoluto para una secuela ahora mismo”. Y claro, la frase cayó como un jarro de agua fría entre quienes ya estaban esperando ver a Brandon Breyer dominando el mundo con una sonrisa torcida.

El jarro de agua helada no se quedó ahí. Gunn añadió que la secuela había sido considerada, que sí, que lo hablaron “al principio”, pero luego venía el giro inesperado: “Los derechos están completamente jodidos (yo solo poseo la mitad), así que es muy poco probable que llegue a hacerse”. Con esa frase, medio internet decidió adoptar el luto simbólico.

Los hilos que nunca llegaron a tejerse

Lo más irónico de todo esto es que Brightburn 2 parecía en marcha desde hace años. El propio Yarovesky, con un entusiasmo contagioso, decía en entrevistas que tenía ideas para expandir el universo y que su modelo a seguir sería Cloverfield: proyectos en secreto, trailers sorpresa, nuevas perspectivas… pura gasolina para el hype.

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Ese entusiasmo se mezclaba con declaraciones del propio Gunn, que en su día reconoció que se estaban “considerando opciones” para una secuela. El público, obviamente, hizo lo que mejor sabe: especular, teorizar y dar por hecho que el proyecto era inevitable.

Pero Brightburn pertenecía a varias manos a la vez: parte de los derechos estaban con Gunn, parte con productores externos, y parte con compañías que no acababan de alinearse en una estrategia común. Demasiados propietarios para un universo tan pequeño. Cuando toca decidir quién cobra, quién manda y quién firma, la cosa deja de ser divertida.

Cuando el monstruo legal es más fuerte que el monstruo de la película

El golpe definitivo llegó en marzo de 2024, cuando Gunn lo confirmó públicamente: Brightburn 2 no va a hacerse. No es una cuestión de creatividad, ni de falta de ideas, ni de malos resultados. Es simplemente un muro legal.

Y esto duele especialmente porque Brightburn dejó un final tan descaradamente abierto que casi era un contrato moral con el público: Brandon volaba por el mundo sembrando caos, mientras imágenes de informativos mostraban criaturas y sucesos que insinuaban un universo entero de horrores superpoderosos. El tipo de cierre que parece promesa más que conclusión.

La idea de una especie de “Liga de la Maldad” alternativa al estilo Evil Justice League hizo que muchos fans vieran en Brightburn el origen de algo más grande. Pero las mejores intenciones no pueden contra la burocracia.

La puerta no está del todo cerrada

Pese al panorama, no todo es oscuridad absoluta. Que los derechos estén enredados no significa que no puedan desenredarse. Si los propietarios llegaran a un acuerdo —ya sea vendiendo, agrupando derechos o permitiendo una coproducción clara— el proyecto podría reflotar.

Además, la película fue rentable, tuvo críticas entre mixtas y positivas y generó bastante conversación. No es precisamente el perfil que una productora abandona sin más. Si algún estudio huele posibilidad de franquicia barata y efectiva, puede que las negociaciones resurjan tarde o temprano.

Pero hoy, a efectos prácticos, Brightburn 2 está muerta. Y no porque Brandon Breyer se haya cargado el proyecto con sus láseres oculares, sino porque los papeles legales han resultado ser un villano mucho más temible.

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El legado que deja… y el que podría haber dejado

El caso de Brightburn es un recordatorio de que el éxito en taquilla no siempre garantiza continuidad. El cine está lleno de secuelas truncadas por motivos igual de mundanos: derechos, acuerdos rotos, contratos imposibles. Brandon Breyer podría destruir un avión con la mirada, pero no puede hacer nada contra abogados con bolígrafos.

De momento, lo único claro es que el público seguirá imaginando lo que pudo haber sido: un universo sombrío lleno de “superhéroes” corruptos, un villano adolescente en pleno ascenso global y la posibilidad de ver historias que retorcieran aún más el mito del salvador venido del espacio.

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