El regreso de un viejo maestro lo cambia todo en el nuevo rumbo de Las Tortugas Ninja en IDW
Un número que pone a las Tortugas en jaque
El cómic retoma los acontecimientos justo donde terminó el número anterior: la aparente muerte del alcalde de Nueva York, Baxter Stockman, a manos de una entidad demoníaca llamada Ujigami. Un ser que, para sorpresa del lector —y todavía no de los protagonistas—, es en realidad una versión resucitada y corrompida de Splinter.
Un dilema ético
Aquí está el núcleo del conflicto. Splinter siempre fue la brújula moral de las Tortugas, el maestro que les enseñó a proteger a los inocentes, a no cruzar ciertas líneas y a mantenerse unidos como familia. Ahora, convertido en Ujigami, hace exactamente lo contrario: elimina sin piedad a todos los enemigos de sus “hijos”.
Y eso coloca a las Tortugas en una situación tan incómoda como fascinante: tienen que defender a sus propios villanos.
Una idea que viene de lejos
Este conflicto no surge de la nada. Durante la etapa anterior, Jason Aaron ya había explorado una larga separación entre los hermanos, con tensiones emocionales que no se resolvieron del todo. Yang recoge ese legado y lo utiliza como gasolina para este nuevo incendio narrativo.
El resultado es un enfrentamiento interno constante. Leonardo intenta liderar, falla y paga las consecuencias, mientras Raphael no pierde la oportunidad de recordárselo, porque el pique fraternal es tan esencial en esta saga como las katanas o el caparazón.
En el apartado visual, Freddie Williams II y el colorista Andrew Dalhouse brillan especialmente en las escenas de acción, cargadas de dinamismo, violencia contenida y una atmósfera casi sobrenatural. Mantener el nivel tras la marcha de Jason Aaron y Juan Ferreyra no era fácil, pero IDW ha salido sorprendentemente bien parada del relevo creativo.
Un ambiente nuevo para los personajes
Defender a criminales despiadados va contra todo instinto. Sin embargo, si las Tortugas permiten que alguien decida quién merece vivir o morir, se convierten en algo que siempre han combatido. Esa contradicción moral atraviesa todo el número y deja claro que esta historia va a largo recorrido.
El mayor enemigo al que se han enfrentado
Yang juega con esa tensión de forma inteligente, repitiendo ciertas frases y conceptos para mostrar que los personajes intentan convencerse de que todo está bajo control… cuando claramente no lo está. La posible redención de Splinter, o su condena definitiva, flota en el aire como una herida abierta.
Y eso, sinceramente, es mucho más aterrador que cualquier mutante gigante o clan ninja.


