10 obras maestras de DC que cambiaron el cómic para siempre

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Panini

Diez títulos de DC que redefinieron el medio, rompieron reglas y obligaron a la industria a madurar… a regañadientes

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Hay cómics buenos, cómics muy buenos y luego están esos que cambian las reglas del juego y hacen que todo lo que viene después tenga que adaptarse. DC Comics, para sorpresa de absolutamente nadie, ha firmado algunos de los títulos más influyentes de la historia del medio. Historias que no solo redefinieron a sus personajes, sino que obligaron a la industria a tomarse en serio a sí misma. Aquí no hablamos de nostalgia barata ni de “esto me gustaba cuando era niño”. Hablamos de auténticas obras maestras que marcaron un antes y un después. Algunas incomodaron, otras rompieron juguetes y unas cuantas hicieron ambas cosas a la vez.

El caos bien organizado y el villano que cruzó la línea

Antes de que los eventos editoriales fueran una plaga anual, Crisis on Infinite Earths lo cambió todo en 1985. Unificó universos, mató personajes importantes (sí, de verdad) y demostró que un crossover podía ser algo más que ruido comercial. Marv Wolfman y George Pérez pusieron los cimientos de la DC moderna… y también del caos editorial futuro. Gracias por todo, supongo.

Con Batman: The Killing Joke, Alan Moore decidió que el Joker no debía ser divertido. Brutal, incómodo y todavía polémico, este cómic redefinió al villano y oscureció para siempre el tono de Gotham. El problema es que muchos aprendieron la lección equivocada.

El terror adulto y el origen definitivo

La etapa de Alan Moore en Saga of the Swamp Thing convirtió un cómic menor en literatura de terror y reflexión existencial. Aquí nació el germen de Vertigo y la certeza de que el cómic podía ser tan adulto como quisiera… sin pedir permiso.

Frank Miller y David Mazzucchelli entregaron con Batman: Year One el manual definitivo de cómo rehacer un personaje sin traicionarlo. Crudo, urbano y humano, este Batman es el que todavía seguimos usando. Todo lo demás son variaciones.

Animal Man y el cómic que te mira a los ojos

Grant Morrison cogió a un personaje de segunda fila y lo convirtió en una bomba metaficcional. Animal Man rompió la cuarta pared cuando aún dolía hacerlo y demostró que el cómic podía reflexionar sobre sí mismo sin dejar de emocionar.

DC: The New Frontier, nostalgia bien entendida

Darwyn Cooke firmó con DC: The New Frontier una carta de amor al pasado de DC sin caer en el museo. Visualmente apabullante, este cómic recordó que mirar atrás también puede ser avanzar.

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The Sandman y la legitimación cultural

Neil Gaiman convirtió The Sandman en algo más que un cómic: una obra literaria serializada. Sueños, mitología y humanidad mezclados con una ambición narrativa que todavía intimida. Después de esto, nadie pudo decir que el cómic no era “cultura”.

El Batman que no perdona y la grandeza sin cinismo

Con The Dark Knight Returns, Frank Miller envejeció a Batman… y al género entero. Oscuro, político y desafiante, este cómic definió el tono del superhéroe moderno para bien y para mal. Sí, sobre todo para mal cuando se malinterpreta.

Grant Morrison y Frank Quitely demostraron con All-Star Superman que Superman no necesitaba ser oscuro para ser profundo. Ciencia ficción, emoción y optimismo bien entendido. Todavía hay quien no lo ha pillado.

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El punto de no retorno a lo naif

Y sí, el número uno tenía que ser Watchmen. No porque lo diga todo el mundo, sino porque lo cambió todo de verdad. Deconstrucción, política, estructura narrativa y una precisión quirúrgica que sigue estudiándose décadas después. El problema no fue Watchmen. El problema fue intentar copiarlo sin entenderlo.

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