World of Warcraft, Overwatch, Hearthstone y Diablo protagonizan dos semanas de anuncios clave, pero hay una ausencia que vuelve a doler a los fans veteranos de Blizzard
Un plan conjunto, no simples parches
“No son actualizaciones en aislamiento. Forman parte de hacia dónde se dirige Blizzard”, explica la compañía en el vídeo oficial del evento.
Y lo cierto es que el calendario no es menor. Estas son las fechas clave (adaptadas a horario de España):
- 30 de enero – World of Warcraft: State of Azeroth
- 4 de febrero – Overwatch Spotlight
- 9 de febrero – Hearthstone Spotlight
- 11 de febrero – Diablo 30th Anniversary Spotlight
Cada franquicia tendrá su propio escaparate, con anuncios centrados tanto en contenido inmediato como en planes a medio y largo plazo.
El siguiente capitulo
Según la propia Blizzard, el vídeo incluye cerca de 400 objetos reales de sus archivos físicos, una especie de museo emocional para fans de varias generaciones. Pura nostalgia bien medida, diseñada para reconectar con su identidad histórica.
El elefante en la habitación
Sin embargo, hay un momento del vídeo que ha generado más tristeza que hype: el pequeño “santuario” dedicado a StarCraft. No hay anuncios, no hay fechas, no hay promesas claras. Solo recuerdos.
Y eso duele, porque StarCraft no es una saga cualquiera. El original, lanzado en 1998, definió el auge de los eSports, especialmente en Corea del Sur. Más tarde, StarCraft II intentó devolver al género RTS al primer plano con su trilogía iniciada en 2010… pero todo se detuvo en 2015 con Legacy of the Void.
Desde entonces, silencio casi absoluto.
¿Está realmente muerta la saga?
Porque, seamos claros: StarCraft es estrategia en tiempo real o no es StarCraft para buena parte de su comunidad.
Aun así, algunos mantienen la esperanza puesta en la próxima BlizzCon, donde Blizzard podría, por fin, romper el silencio y mostrar qué papel jugará la franquicia en su futuro.
Blizzard mira adelante pero no a todos por igual
Pero la ausencia de StarCraft en este “siguiente capítulo” vuelve a sentirse como una herida abierta. Una que, once años después, sigue esperando respuesta.


