Toriyama dejó preparado un proyecto que promete convertirse en uno de los grandes JRPG de la década
Dragon Quest XII
La importancia de esta noticia es enorme. Han pasado más de diez años desde el lanzamiento de una entrega principal de la serie, y las expectativas están por las nubes. Aunque todavía no se han mostrado demasiados detalles jugables, los primeros materiales promocionales han despertado el entusiasmo de los seguidores gracias a una propuesta visual espectacular y una premisa mucho más luminosa de lo que se esperaba inicialmente.
El argumento girará en torno a un protagonista que deberá descubrir la verdad detrás de unas misteriosas visiones relacionadas con los sueños. Todo ello mientras busca alcanzar un futuro mejor en una aventura que promete combinar fantasía, exploración y una narrativa cargada de misterio.
Mucho más que el padre de Dragon Ball
De hecho, gran parte del encanto de la franquicia proviene precisamente de esos diseños inconfundibles. Los slimes, caballeros, dragones y aventureros que han acompañado a millones de jugadores durante generaciones nacieron bajo el lápiz del artista japonés.
Por eso, la confirmación de su participación en esta nueva entrega tiene una carga emocional especial. No se trata únicamente de un videojuego esperado. También representa una oportunidad para contemplar una última gran colección de personajes creados por una de las mentes más influyentes de la historia del manga y los videojuegos.
Lo más curioso es que este anuncio llega en un momento especialmente importante para la franquicia. El reciente éxito de los remakes de las tres primeras entregas ha demostrado que Dragon Quest sigue teniendo una base de seguidores muy sólida tanto en Japón como en Occidente. Square Enix parece decidida a aprovechar ese impulso para convertir esta nueva aventura en un punto de entrada para nuevos jugadores sin perder la esencia clásica que ha definido a la saga durante casi cuatro décadas.
Una despedida difícil de igualar
Eso convierte a Dragon Quest XII: Beyond Dreams en una especie de homenaje involuntario a dos figuras fundamentales para la industria japonesa. Una despedida construida sobre décadas de creatividad, innovación y cariño por parte de millones de jugadores.



