La etapa más salvaje y espacial del gigante esmeralda que Panini Comics recoge en el imponente tomo Hulk de Donny Cates y Ryan Ottley
Pocas criaturas del cómic cargan con tanto peso simbólico como la mole verde. Hulk nació como una pesadilla, la parte de nosotros que grita cuando el mundo aprieta demasiado. Durante décadas ha sido monstruo, víctima, héroe a regañadientes y espejo de la rabia que todos escondemos. Justo después de que Al Ewing cerrara una de las etapas más aplaudidas del personaje con El Inmortal Hulk, Marvel Comics dio un volantazo en la dirección contraria y lanzó al gigante literalmente al espacio. El resultado es una historia extraña, sangrienta y desbocada, mitad space opera y mitad terapia de choque, en la que Bruce Banner deja de huir de su monstruo para convertirlo en un arma. Pocos personajes se prestan a experimentos tan atrevidos. Toda esa locura es la que recoge ahora Panini Comics en el tomo Hulk de Donny Cates y Ryan Ottley, dentro de su línea Marvel Deluxe.
Un cohete con forma de gigante enfurecido
La premisa es una de las ideas más chifladas que ha tenido el personaje en años. Bruce Banner asegura haber encontrado la manera de tomar el control absoluto. Su mente pilota el cuerpo de Hulk desde dentro, como si fuera una nave espacial. Para alimentar ese motor, encierra el espíritu del monstruo en una sala de máquinas y le arroja enemigos sin descanso, de forma que la furia acumulada se transforma en combustible. La estructura recuerda casi a un videojuego, con niveles y jefes finales cada vez más grandes. Con esa idea bajo el brazo, Banner pone rumbo a las estrellas en una misión peligrosa y solitaria. Cree que por fin es libre. Cree que ha domado a la bestia. Pero la rabia no se apaga tan fácil, y algo dentro de esa máquina empieza a despertar.
Lo más llamativo es el tono. Aquí no hay sutileza ni horror gótico, sino acción a pantalla completa, peleas descomunales y un Banner frío, casi antipático, que resuelve sus traumas a puñetazos cósmicos. En su viaje se cruzan viejos conocidos como Thor e Iron Man, y cada encontronazo sube la apuesta. También asoma una versión de Betty Ross que funciona como su conciencia, una pequeña ancla emocional en medio del delirio. Es un cómic que se lee como un mazazo. No siempre profundiza tanto como promete, pero es difícil no dejarse arrastrar por su energía.

Donny Cates, el gamberro que rozó la gloria
Donny Cates es uno de esos guionistas que llegan para hacer ruido. Tras curtirse en el cómic independiente con obras tan personales como God Country, fichó por Marvel Comics y encadenó una etapa sonada tras otra. Thanos, Venom o su paso por Thor lo convirtieron en una de las voces más comentadas del catálogo, y por el camino creó personajes tan queridos como el Motorista Fantasma Cósmico. Su carrera es la de alguien que nunca ha tenido miedo a romper juguetes ajenos. Su estilo es fácil de reconocer. Le gustan los conceptos enormes, casi imposibles, y los giros que dejan la boca abierta. Si hubiera que buscarle un linaje, Cates sería una especie de hijo bastardo de Mark Millar y Jason Aaron, con el gusto por el impacto y el espectáculo del primero y la vena mítica y emocional del segundo.
Con semejante carta de presentación, su Hulk tenía todos los ingredientes para colarse entre las mejores etapas de la historia del personaje. La idea era gigantesca, el dibujante era el ideal y las primeras entregas prometían un viaje inolvidable. Y sin embargo, la etapa nunca llegó a cumplir del todo esa promesa. Por problemas personales, según explicó él mismo cuando necesitó parar y respirar para reponerse de un accidente que tuvo duras consecuencias mentales y físicas, el guionista tuvo que apartarse de la serie antes de terminarla. Lo que iba a ser una saga larga y ambiciosa se comprimió y se cerró antes de tiempo, teniendo a Ottley en sus últimos números como único capitán del barco. Queda la sensación agridulce de una gran obra que se quedó a medio camino, un tentador ‘podría haber sido’ que persigue a quien la lee.

El lápiz que lo salvó todo
Si algo sostiene este tomo de principio a fin es su apartado gráfico. Ryan Ottley es, sin exagerar, uno de los mejores dibujantes de género superheroico que han existido jamás. Lo demostró durante catorce años en Invencible, la serie creada por Robert Kirkman, en la que firmó ciento veintisiete de sus ciento cuarenta y cuatro números y ayudó a diseñar buena parte de su universo. Allí dibujó algunas de las peleas más brutales y mejor coreografiadas del cómic moderno. Quien haya visto Invencible en Prime Video reconocerá enseguida esa violencia elegante y ese sentido del ritmo, porque nacen directamente de sus viñetas. Antes de Hulk, además, había brillado en El Asombroso Spiderman.
En las páginas del gigante verde, Ottley se lo pasa en grande. Sus splash pages son puro músculo y furia, con sangre esmeralda salpicando y criaturas colosales que parecen salirse del papel. Dibuja el caos con una claridad asombrosa, de modo que siempre entiendes qué ocurre por muy demencial que sea la escena. Curiosamente, él nunca quiso quedarse mucho tiempo, pues tras su maratón en Invencible prefería no encadenarse a un solo título. Y aun así, cuando Cates se marchó, fue Ottley quien tomó las riendas del guion para cerrar la historia por su cuenta, trabajando sobre las notas que su compañero había dejado. No es casualidad. Nadie entendía mejor el corazón salvaje de esta serie.
Al final, este Hulk es un cómic de contrastes. Un concepto valiente y un artista en estado de gracia, lastrados por un desenlace que llega antes de lo que debería. Aun con ese pero, merece muchísimo la pena. Es divertido, es bestia y es distinto a casi todo lo que se ha hecho con el personaje. Es también el tomo perfecto para recuperar de golpe una etapa que en su día se leyó a trompicones. Si buscas un Hulk introspectivo y terrorífico al estilo de Ewing, quizá esta no sea tu etapa. Pero si te apetece ver al gigante esmeralda completamente desatado en el espacio, dibujado por uno de los más grandes, este tomo de Panini Comics es una compra muy recomendable.
Esta edición presentada por Panini Comics viene en un formato de cartoné con un tamaño de página de 17 x 26 cm. y contiene la traducción de los números 1 a 14 de la serie original Hulk, además del especial Hulk Vs. Thor: Banner of War Alpha, los números 25 y 26 de Thor y el material del Free Comic Book Day The Avengers/Hulk 2021. El tomo contiene 432 páginas a color. El precio de venta recomendado es de 48 € y se puso a la venta en mayo de 2026.

Hulk de Donny Cates y Ryan Ottley
Tras los acontecimientos de El Inmortal Hulk, Bruce Banner cree que por fin controla por completo a su alter ego esmeralda… pero hay cosas que ni siquiera su mente brillante puede imaginar. Mientras Bruce se lanza a las profundidades del espacio exterior en una peligrosa misión, Hulk descubrirá que no está solo. ¿Podrá un Dios del Trueno más poderoso que nunca vencer a un Bruce Banner que ahora controla su furia? ¿Y se arrepentirá Iron Man de interponerse entre estos dos titanes? Donny Cates, el creador del Motorista Fantasma Cósmico, lanza a Hulk al espacio, en una monumental etapa dibujada por el espectacular Ryan Ottley (El Asombroso Spiderman).
Autores: Donny Cates, Ryan Ottley, Daniel Warren Johnson, Martin Coccolo y Frank Martin



