lunes, septiembre 21, 2026

Reseña de La noche de los gatos

La noche de los gatos Sebastià Cabot
Panini

La noche de los gatos de Sebastià Cabot, publicada por Cartem Cómics, es una obra atípica de género negro que muestra un esperpéntico caso con una pareja de investigadores muy peculiares

Sebastià Cabot presenta a una pareja de investigadores inverosímil en su obra La noche de los gatos, publicada por Cartem Cómics dentro de su colección Spanish Bombs. De este modo Marius Riutort, un escritor de novela policíaca se ve envuelto en una investigación policial en la que un joven policía, Boldoni, es el encargado de ella.

Esta obra fue publicada originalmente en Francia por Éditions L’Œuf en 2022, un polar bajo el título Chat noir, nuit blanche, que se adentra en los códigos clásicos del género negro para someterlos a una profunda deformación humorística.

Reseña de La noche de los gatos

La editorial francesa L’Œuf define el álbum del autor balear como un polar de espíritu grand-guignol, caracterizado por un humor macabro; una descripción que resulta especialmente acertada, porque Cabot recoge elementos reconocibles del género negro policial y los lleva deliberadamente hasta el exceso. El resultado se encuentra a medio camino entre el homenaje y la parodia del género.

La trama

El punto de partida podría pertenecer a una novela negra convencional, porque al caer la noche, varias prostitutas son asesinadas en los callejones de Tangentópolis. Por otra parte, el autor presenta a Marius Riutort, un anciano escritor de novelas policíacas, misántropo, irritable y prácticamente aislado del mundo en su deteriorado apartamento.

Marius ha de abandonar su refugio y vagar por la calle al quedarse en ropa interior y sin las llaves, donde se cruza con Boldoni, un policía tan bienintencionado como torpe e ingenuo que se disfraza de prostituta hace él mismo de cebo, para intentar detener al asesino.

Reseña de La noche de los gatos

A partir de este encuentro accidental se constituye la extraña pareja protagonista con el cinismo y el mal humor de Marius; junto con la ingenuidad, el entusiasmo y la voluntad de Boldoni.

La persecución del asesino se convierte en una delirante odisea nocturna, seguida de persecuciones, tiroteos y situaciones cada vez más improbables se van sucediendo hasta convertir Tangentópolis en un gigantesco escenario del absurdo.

Sebastià Cabot y el género negro

El mallorquín Sebastià Cabot es un autor de cómic e ilustrador, licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona. Antes de concentrarse especialmente en la narrativa gráfica desarrolló una trayectoria vinculada a las artes plásticas y al arte contemporáneo. Esa formación resulta interesante para comprender una obra en la que dibujo, composición y deformación visual tienen tanta importancia como el propio argumento.

Esta trayectoria permite situar La noche de los gatos dentro de una producción muy personal en la que no existe una separación entre la concepción literaria de la historia y su interpretación gráfica, porque ambas responden a una misma mano. Además incluye referencias clásicas a películas del género negro francés, así como algunas más cercanas a los 7 caballos que vienen de Bonanza.

El guion parte de una estructura reconocible del género negro para deformarla continuamente. Cabot conoce perfectamente los arquetipos del género, utilizando al escritor desencantado, el policía, el asesino, la mujer de la calle, los bajos fondos y la ciudad corrupta, pero ninguno permanece intacto.

Reseña de La noche de los gatos

El crimen constituye el motor narrativo, pero Cabot parece estar menos interesado en construir un suspense detectivesco realista que en utilizar sus convenciones para mostrar una sociedad absurda, hipócrita y moralmente deteriorada. Todos los personajes y la propia Tangentópolis son exagerados hasta adquirir una dimensión caricaturesca.

Especialmente acertada resulta la pareja formada por Marius y Boldoni. De este modo, frente al investigador brillante y metódico habitual del relato detectivesco, el lector se encuentra a dos personajes manifiestamente imperfectos. Marius es un personaje desagradable, colérico y antisocial; mientras que Boldoni, es torpe e ingenuo. Estos defectos los humanizan y permiten que el lector sienta cierta simpatía hacia ellos.

El texto no se limita a servir de acompañamiento a la acción, sino que posee una verdadera personalidad de autor, abundante humor y capacidad para proporcionar entidad a los dos protagonistas, siendo una de las virtudes de esta novela gráfica, porque detrás del caos aparente existe una construcción consciente de los personajes y las situaciones.

El humor procede muchas veces de la ruptura de las expectativas. Así, una situación inicialmente dramática desemboca en algo absurdo; un personaje aparentemente amenazador resulta ridículo; o una investigación policial deriva hacia situaciones imposibles siguiendo a un gato. La violencia también queda sometida a este procedimiento y Cabot convierte lo macabro en una parte del mecanismo humorístico.

El dibujo

El apartado gráfico es probablemente uno de los elementos que mejor permite comprender las intenciones del autor. La noche de los gatos está realizada en blanco y negro, una elección perfectamente compatible con su filiación con el género negro, pero su dibujo se aleja deliberadamente del realismo.

Las masas oscuras, los contrastes y las sombras conviven con los cuerpos grotescos, las expresiones exageradas y situaciones ridículas. El dibujo participa de esta manera del mismo juego que desarrolla el guion, porque adopta los códigos del género negro para inmediatamente deformarlos mediante la caricatura.

Reseña de La noche de los gatos

Los personajes parecen en muchos momentos más esbozos expresivos y caricaturas grotescas de seres humanos que representaciones naturalistas. Cabot exagera los cuerpos, sus rostros y gestos. Los defectos físicos y morales se amplifican, pero también determinadas virtudes, por lo que la apariencia externa acaba funcionando como una prolongación gráfica del carácter.

Esta deformación es un tipo de dibujo especialmente apropiado para una obra satírica y crítica como esta. Sebastià Cabot no necesita representar fielmente la realidad porque su propósito consiste precisamente en deformarla para hacer visibles sus contradicciones. La caricatura permite exagerar la corrupción, la estupidez o la arrogancia, hasta convertirlas en unas características inmediatamente reconocibles.

Reseña de La noche de los gatos

La exageración gráfica resulta especialmente eficaz en Marius y Boldoni. El aspecto del viejo escritor refuerza su condición de individuo malhumorado y desencantado, mientras que la expresividad corporal de Boldoni contribuye a transmitir su ingenuidad y su comicidad. La distancia entre ambos se percibe visualmente incluso antes de manifestarse mediante los diálogos.

La deformación no se limita a los personajes, sino que también afecta a la puesta en escena y a la percepción del espacio. Para ello, el autor utiliza perspectivas y encuadres que contribuyen a la sensación de inestabilidad. La sucesión de acontecimientos y la composición gráfica generan así una sensación de movimiento constante.

La edición

La noche de los gatos de Sebastià Cabot ha sido publicado dentro de la colección Spanish Bombs por Cartem Cómics, en tapa dura, con unas medidas de 21×29’7 cm, en blanco y negro, con una extensión de 124 páginas.

La noche de los gatos Sebastià Cabot Cartem Cómics

Atrévete a cruzar la noche y no mires atrás

En una ciudad corrupta donde un asesino en serie siembra el pánico entre las prostitutas, un escritor misántropo y un policía tan torpe como honesto se ven arrastrados a una noche de persecuciones, mafiosos y revelaciones grotescas que culminan en una verdad tan absurda como perturbadora.

Un thriller negro contemporáneo que combina sátira corrosiva y violencia estilizada para reinventar el noir desde el exceso y la inteligencia.

Tangentópolis no duerme: se descompone

En Tangentópolis, una ciudad podrida hasta los cimientos, la noche no es un escenario romántico sino un ecosistema hostil. Cuando cae el sol, alguien asesina brutalmente a prostitutas sin dejar rastro ni explicación. No hay épica ni glamour: hay callejones húmedos, luces de neón cansadas y una violencia que parece formar parte del paisaje urbano. En ese contexto arranca La noche de los gatos, una obra que entiende el género negro no como un decorado, sino como un estado moral.

Sebastià Cabot construye una ciudad que funciona casi como un personaje más: decadente, cínica, resignada. Un lugar donde el mal no sorprende, pero sí inquieta cuando adquiere una lógica inesperada. La premisa es directa y contundente, pero lo que realmente sostiene la historia es el modo en que el absurdo y la brutalidad conviven con una naturalidad inquietante.

Un escritor en calzoncillos y un policía con mala puntería

Marius Riutort, escritor de novela policíaca, misántropo profesional y cascarrabias por vocación, vive ajeno a los crímenes hasta que una noche, por una cadena de infortunios domésticos, se queda fuera de casa en calzoncillos. Es entonces cuando se cruza con Boldoni, un joven policía torpe y bienintencionado que intenta detener a un asesino disfrazado de prostituta. La escena, que podría parecer puramente cómica, es el detonante de una espiral narrativa que ya no concede tregua.

A partir de ese encuentro, se convierte en una carrera contrarreloj donde caben persecuciones, tiroteos, mafiosos, torturas y orgías enmascaradas, pero también algo tan improbable como la adopción de un cerdito en mitad del caos. El contraste no es gratuito: Cabot juega con los códigos del noir clásico para tensarlos hasta el límite y, en ocasiones, romperlos con una ironía afilada.

Humor corrosivo al servicio de un thriller incómodo

Lo diferencial de La noche de los gatos no es solo su argumento extremo, sino su equilibrio tonal. El humor no trivializa la violencia, la expone desde otro ángulo. La risa que provoca es incómoda, a veces seca, a veces absurda, pero siempre inteligente. Cabot entiende que el género negro contemporáneo necesita revisitar sus propias convenciones, y lo hace con una mirada que mezcla irreverencia y respeto.

El descubrimiento final es una metáfora grotesca sobre la hipocresía social, la compasión selectiva y los márgenes invisibles de la ciudad. Bajo la capa de disparate late una crítica ácida que conecta con lectores acostumbrados a que el noir sea algo más que una trama de detectives.

Tradición negra, espíritu contemporáneo

La obra dialoga con el legado del hard boiled clásico —detectives cínicos, policías desbordados, ciudades enfermas— pero introduce una sensibilidad claramente actual. No hay héroes, apenas supervivientes. No hay redención fácil, sino decisiones precipitadas en una noche que parece durar siglos. Cabot combina el pulso del thriller con una conciencia de farsa que recuerda que el género también puede reírse de sí mismo sin perder intensidad.

En ese sentido, la lectura resulta dinámica y exigente a la vez. El ritmo es alto, pero no superficial; cada escena suma capas a la atmósfera general. Es una obra que puede atraer tanto a lectores habituales del cómic negro como a quienes buscan propuestas más arriesgadas, dispuestas a incomodar y sorprender.

Un enfoque narrativo y visual de alto contraste

Narrativamente, la historia se concentra en una única noche, lo que refuerza la sensación de urgencia y encierro. El tiempo comprimido permite que la tensión escale de forma orgánica, mientras los personajes se revelan a través de la acción más que del discurso. No hay largas explicaciones: hay decisiones precipitadas, consecuencias inmediatas y un crescendo que desemboca en una revelación tan grotesca como coherente dentro de su propio universo.

En el plano visual, Cabot apuesta por una estética que potencia los contrastes: luces y sombras marcadas, encuadres que subrayan el absurdo de ciertas situaciones y una expresividad que oscila entre lo caricaturesco y lo inquietante. El resultado es una experiencia de lectura intensa.

Una noche excesiva que deja huella

La noche de los gatos no busca agradar a todos. Busca dejar marca. Es una historia negra, salvaje y disparatada que convierte el exceso en herramienta narrativa y que entiende que el lector contemporáneo aprecia tanto la tensión como la ironía.

Bajo su superficie irreverente hay una reflexión amarga sobre la ciudad, la violencia y la forma en que elegimos mirar —o no mirar— aquello que ocurre en sus márgenes.

Cuando se cierra el libro, queda la sensación de haber atravesado una noche tan delirante como lúcida.

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