Panini Comics rescata en Archivos DC. Wonder Woman en los cincuenta la etapa más disparatada, luminosa y entrañable de la Princesa Amazona
Un avión invisible cruza el cielo de una América que estrena televisores, barrios residenciales y miedo atómico. A los mandos va una princesa llegada de una isla escondida, capaz de desmantelar una red de espías por la mañana y de esquivar por la tarde, una vez más, la propuesta de matrimonio de un piloto demasiado insistente. Los superhéroes han pasado de moda y casi todas las editoriales los han guardado en un cajón, pero Wonder Woman sigue en los quioscos con su lazo dorado, sus brazaletes y una lógica de cuento de hadas en la que todo cabe. Dinosaurios, robots idénticos a ella, alienígenas en platillo volante y pruebas imposibles se suceden página tras página con una inocencia que hoy resulta tan desconcertante como entrañable. Ese mundo de colores vivos y aventuras sin complejos, el de la Princesa Amazona en plena posguerra, es el que rescata Panini Comics en Archivos DC. Wonder Woman en los cincuenta.
Para entender estas historias conviene mirar un poco atrás. William Moulton Marston, el psicólogo que creó al personaje en 1941 junto al dibujante Harry G. Peter, murió en 1947. Poco después las riendas pasaron a Robert Kanigher, que fue guionista y editor de la serie durante más de veinte años. Kanigher heredó una heroína pensada como símbolo de independencia femenina y la llevó hacia un terreno más aventurero, más romántico y menos provocador. Los tiempos tampoco ayudaban. En 1954 el psiquiatra Fredric Wertham cargó contra los tebeos en La seducción del inocente, un libro en el que Wonder Woman salía muy mal parada, y ese mismo año nació el Comics Code Authority, el organismo de autocensura que vigiló la industria durante décadas.

Lazos mágicos y bodas que nunca llegan
Las historias de este volumen se mueven entre el cuento mitológico, la ciencia ficción ingenua y el folletín romántico. Kanigher tenía una costumbre muy marcada. Le encantaba explicar de dónde salía cada pieza del equipo de Diana, así que el lector descubre cómo ganó su lazo mágico tras superar tres pruebas divinas, cómo consiguió una tiara capaz de traducir cualquier idioma o cómo reunió las piezas de su avión invisible. Lo curioso es que esas explicaciones se contradicen a menudo entre sí. Al guionista le importaba más el impacto de cada aventura que la coherencia del conjunto, y esa libertad absoluta forma parte del encanto.
Otro de los grandes motores es Steve Trevor. El piloto vive obsesionado con casarse con Wonder Woman y no duda en recurrir a apuestas tramposas para conseguirlo, mientras ignora por completo a Diana Prince, la discreta compañera que trabaja a su lado en los servicios de inteligencia militar. Visto hoy, ese juego chirría bastante. El tomo funciona también como retrato de una sociedad que, tras la guerra, quería devolver a las mujeres al hogar, y conviene leerlo con esa perspectiva.
La heroína prueba suerte además en el mundo laboral. Aquí la vemos como consejera sentimental de un periódico, como estrella de cine o haciendo de niñera de una cría de tiranosaurio. Por sus páginas desfilan dobles malvadas llegadas de otras dimensiones, robots que la imitan, invasores de otros planetas y hasta un viejo amigo como Robin Hood. Tampoco faltan las aventuras de la Sociedad de la Justicia de América, el grupo en el que Diana pasó años relegada al papel de secretaria, ni una reportera dispuesta a viajar hasta la Isla Paraíso para desvelar los secretos de la amazona.
El volumen permite asistir también al paso de la Edad de Oro a la Edad de Plata (la célebre Silver Age). Tras la marcha de Peter, Kanigher reescribió el origen de la heroína, reveló que sus poderes eran regalos de los dioses del Olimpo y presentó a Wonder Girl, una versión adolescente de la propia Diana. Era el arranque de un nombre que con los años heredarían otras heroínas.

Dos lápices para una amazona
El apartado gráfico es uno de los grandes atractivos del tomo, porque reúne dos formas casi opuestas de entender al personaje. Harry G. Peter nació en California en 1880 y se curtió como ilustrador en el San Francisco Chronicle y en revistas como Judge. Tenía 61 años cuando dio forma visual a Wonder Woman. Su trazo, sinuoso y con aire de grabado antiguo, ya parecía de otra época en los cincuenta, pero tiene una personalidad que no se parece a nada. Peter dejó la serie en 1958, el mismo año de su muerte.
Su relevo fue la pareja formada por Ross Andru y el entintador Mike Esposito, que se encargó de la amazona durante casi una década. Con ellos llega un dibujo más limpio y dinámico, en sintonía con los superhéroes que renacían en esos años. Andru dejaría después huella en Marvel Comics, donde dibujó durante años a Spider-Man, fue cocreador del Punisher junto a Gerry Conway y firmó en 1976 el histórico cruce entre el trepamuros y Superman.
El propio Kanigher es una figura esencial en la historia de DC Comics. Escribió la historia de Showcase que en 1956 presentó a Barry Allen como nuevo Flash, considerada el punto de partida de la Edad de Plata. También creó a Canario Negro, dio vida al Sargento Rock junto a Joe Kubert e inventó con Andru a los Metal Men. Completan el equipo John Broome, guionista de las aventuras de la Sociedad de la Justicia y años después cocreador de Hal Jordan, el Green Lantern de la Edad de Plata, junto a Gil Kane, y los artistas Frank Giacoia, Arthur F. Peddy y Bernard Sachs, que se repartieron esos episodios de grupo.

Un avión invisible rumbo a Hollywood
Muchas de las ideas que Kanigher exprimió en estas páginas acabaron saltando a la pantalla. La más evidente es el avión invisible, que aquí recibe incluso su propio relato de origen. La serie de televisión que protagonizó Lynda Carter entre 1975 y 1979 lo convirtió en uno de sus elementos más recordados, y Patty Jenkins le rindió homenaje en Wonder Woman 1984. En la película, Gal Gadot usa la misma magia que oculta la isla de las amazonas para volver invisible un avión robado y escapar del radar junto al Steve Trevor de Chris Pine. Ese mismo filme arranca con una competición atlética en la isla, muy en la línea de las pruebas que Diana supera una y otra vez en estos cómics.
La relación con Steve Trevor también llegó casi intacta a la televisión. En la serie, Lyle Waggoner daba vida a un Trevor incapaz de reconocer a la heroína detrás de las gafas de Diana Prince, el mismo juego de identidades que alimenta muchas de estas historias. Y el nombre de Wonder Girl, nacido en estas viñetas, llegó a la pequeña pantalla en la primera temporada con una jovencísima Debra Winger como Drusilla, la hermana pequeña de Diana.
Los guiños no acaban ahí. En una de las aventuras la amazona se convierte en estrella de Hollywood casi siete décadas antes de que Gal Gadot la llevara al cine, y otra empieza con Diana delante del televisor viendo un episodio de Las aventuras de Superman, la serie de George Reeves, en un descarado ejercicio de promoción cruzada.
Archivos DC. Wonder Woman en los cincuenta no es un tomo para quien busque la épica moderna del personaje. Sus tramas son sencillas, a menudo disparatadas, y algunas actitudes han envejecido mal. Pero como documento histórico tiene un valor enorme y como entretenimiento conserva una frescura sorprendente. Es la mejor puerta de entrada a la Wonder Woman que resistió la década más difícil para los superhéroes y que preparó el terreno para todo lo que vino después. Imprescindible para los seguidores de la amazona y muy recomendable para cualquier lector con curiosidad por la historia del cómic.
Esta edición presentada por Panini Comics viene en un formato de rústica con solapas, con un tamaño de página de 17 x 26 cm. y contiene la traducción del recopilatorio original Wonder Woman in the Fifties, con material de los números 45, 50, 60, 66, 72, 76, 80, 90, 94, 95, 98 a 101, 103, 105, 107 y 108 de Wonder Woman, 56 y 57 de All Star Comics y 97 a 100 de Sensation Comics. El tomo contiene 320 páginas a color. El precio de venta recomendado es de 35 € y se puso a la venta en abril de 2026.

Archivos DC. Wonder Woman en los cincuenta
Durante la década de los cincuenta, la Princesa Amazona lucha en nombre de la justicia contra organizaciones de espías, robots, malvadas sociedades secretas, seres sobrenaturales y mucho más. Además, una reportera descubre los mayores secretos de Diana en un viaje a la Isla Paraíso.
Autores: Robert Kanigher, John Broome, Harry G. Peter, Ross Andru, Mike Esposito, Frank Giacoia, Arthur F. Peddy y Bernard Sachs



