Sí, has leído bien: Goku en pantalón corto compitiendo contra Pikachu, Link o Ryu, todo en un mismo videojuego oficial. El objetivo era llevar Mario & Sonic al siguiente nivel, acercándose a la escala de Super Smash Bros., pero con el enfoque deportivo y olímpico como excusa narrativa.
Sin embargo, la única franquicia anime que llegó a considerarse seriamente fue Dragon Ball. Y aunque la imagen de Goku haciendo salto de longitud con su clásico “¡Kamehameha!” suena ridícula y gloriosa a partes iguales, el sueño se esfumó más rápido que un ultra instinto.
El crossover que se derrumbó por culpa de los derechos
A diferencia de Smash Bros., donde Nintendo tiene control sobre la mayoría de sus personajes, este ambicioso crossover olímpico dependía de acuerdos con empresas externas como Bandai Namco (Dragon Ball), Capcom (Street Fighter) o Konami (Metal Gear). Al final, el proyecto fue “demasiado grande para funcionar”, y se decidió recortar contenido antes de que todo el desarrollo se desmoronara.
Dragon Ball y los videojuegos
Lo irónico de todo esto es que Sonic en sí mismo ya tiene ADN Dragon Ball. Super Sonic es un homenaje evidente al Super Saiyan, y no son pocos los fans que llevan años imaginando un combate entre ambos. Un título como Mario & Sonic at the Olympics podría haber ofrecido un encuentro simbólico entre esos dos universos, cerrando un ciclo cultural entre videojuegos y anime que empezó hace décadas.
Y no olvidemos que Dragon Ball sigue tan vigente como siempre, con juegos como Dragon Ball: Sparking! ZERO o colaboraciones en títulos móviles como Fortnite o PUBG. Lo que parecía imposible hace una década, hoy es solo cuestión de tiempo (y licencias).