Craig Perry, productor habitual de la franquicia, repetirá en esta ocasión junto a Sheila Hanahan Taylor, con Jon Watts, Dianne McGunigle y Toby Emmerich como productores adicionales. En total, la saga ha acumulado 983 millones de dólares, colocándose como la tercera más lucrativa de terror para New Line, solo por detrás de The Conjuring y It.
Sin embargo, esta nueva película llegará con una ausencia dolorosa: la de Tony Todd, intérprete del enigmático William John Bludworth, fallecido en noviembre de 2024. Bloodlines fue su último trabajo en pantalla, un rodaje que, según Perry, resultó “agridulce” por el delicado estado de salud del actor.
Los directores confesaron que el reto ahora será idear nuevos accidentes y trampas fatales que no repitan fórmulas vistas. “La muerte siempre tiene cuentas pendientes, pero hemos gastado nuestras mejores ideas en esta última película”, admitió Adam Stein. Un desafío que, conociendo el ingenio de esta franquicia, seguramente encontrarán la manera de superar.
En comparación con otros “guías” del cine de terror, Bludworth se mantenía en un espacio ambiguo: no era un villano, pero tampoco un salvador. Esa dualidad le permitió destacar frente a figuras como el Guardián de Creepshow o el enterrador de Phantasm. Su legado, unido a la voz profunda y la imponente presencia de Todd, seguirá siendo recordado por los fans como una de las piezas más icónicas de Destino Final.
Con la séptima entrega en el horizonte, queda por ver si se mantendrá el tono oscuro de Bloodlines o si apostarán por giros más arriesgados. Lo que está claro es que, en esta saga, nadie puede escapar de su destino… y los fans ya están preparando sus palomitas para verlo.