Jim Carrey y el Lupin III que nunca vimos, la alocada adaptación que quedó en el cajón

Panini

Un guion de los 90 prometía unir al maestro del robo con el rey de la comedia

En la industria del cine, hay proyectos que parecen tan locos que es difícil imaginar cómo habrían sido en pantalla. Uno de ellos fue la versión en imagen real de Lupin III con Jim Carrey como protagonista, escrita por Peter Briggs, guionista de Hellboy, a finales de los años 90. Y aunque hoy suena a un cruce de universos delirante, el proyecto estuvo más cerca de existir de lo que muchos creen.

Briggs ha revelado que esta fue “el guion más loco que he escrito en mi vida”, una aventura cinematográfica en la que Carrey daría vida al ladrón más carismático del manga, bajo la dirección de Tsui Hark y con la producción de A. Kitman Ho, habitual colaborador de Oliver Stone. El plan parecía redondo… hasta que los derechos de la obra se esfumaron.

Lupin III

Para quienes no estén familiarizados con el personaje, Lupin III nació en las páginas del manga de Monkey Punch entre 1967 y 1969. El protagonista es nieto del legendario Arsène Lupin creado por Maurice Leblanc, y ha protagonizado un sinfín de aventuras en cómic, televisión y cine. En Japón es un icono cultural, pero en Occidente su mayor salto llegó con el filme animado El Castillo de Cagliostro (1979), debut como director del mismísimo Hayao Miyazaki.

En la propuesta de Briggs, Jim Carrey aportaría su elasticidad facial y su humor físico para dar vida a un Lupin excéntrico y desbordante de energía, acompañado por un elenco de secundarios aún por definir, pero con la promesa de un tono a medio camino entre el slapstick y la acción de alto voltaje. Una idea que, a finales de los 90, encajaba perfectamente en el Hollywood que apostaba por adaptaciones arriesgadas como The Mask o Men in Black.

El director previsto, Tsui Hark, es un cineasta vietnamita con una carrera marcada por la acción trepidante y la estética vibrante, conocido por películas como Double Team y Knock Off con Jean-Claude Van Damme. A su lado, A. Kitman Ho aportaría la experiencia de producciones como Platoon o Wall Street. Era, sobre el papel, un equipo capaz de fusionar el ritmo del cine asiático con el espectáculo hollywoodiense.

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Sin embargo, los problemas con los derechos del personaje truncaron el sueño. Briggs recuerda que Alex Ho, involucrado en la producción, “acabó perdiendo los derechos, así que nunca se hizo”. Una frase que condensa lo que en Hollywood ocurre con demasiada frecuencia: ideas brillantes que se pierden en el laberinto de licencias y contratos.

La historia no es única. Otras adaptaciones de Lupin III han llegado a buen puerto, como el filme japonés de acción real dirigido por Ryuhei Kitamura en 2014 o la aclamada cinta animada Lupin III: The First en 2019, pero ninguna ha intentado un experimento tan atrevido como mezclar al ladrón nipón con el histrionismo de Jim Carrey.

Resulta inevitable imaginar qué habría aportado Carrey al personaje. Su capacidad para transitar entre la comedia desenfrenada y momentos más contenidos podría haber dado un nuevo matiz a Lupin, que en el manga combina humor y carisma con una inteligencia afilada. Además, el contexto de finales de los 90 —con el anime empezando a ganar terreno fuera de Japón— habría hecho de esta película un pionero en la ola de adaptaciones que vendría después.

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Por su parte, Peter Briggs no quedó marcado negativamente por la experiencia. Al contrario, siguió trabajando en Hollywood y dejó su sello en la exitosa Hellboy de Guillermo del Toro (2004), donde Ron Perlman encarnó al demonio detective acompañado por Selma Blair, Jeffrey Tambor y John Hurt.

En retrospectiva, el Lupin III de Carrey es uno de esos “¿y si…?” que alimentan la imaginación de los fans. Tal vez habría sido un caos absoluto, tal vez una joya de culto. Lo cierto es que, en un panorama actual donde Hollywood busca desesperadamente historias con identidad, rescatar ideas así no parece tan descabellado. Y quién sabe… quizás en algún cajón siga guardado ese “guion más loco” esperando su oportunidad.

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