Desde que se unió al equipo siendo casi una niña, Kitty Pryde ha estado expuesta a situaciones traumáticas que dejaron cicatrices emocionales imposibles de borrar. Fue secuestrada y manipulada por Ogun, el maestro de Lobezno, que la convirtió en asesina bajo la identidad de Shadowcat. Más tarde, protagonizó uno de los sacrificios más duros de la franquicia al quedar atrapada dentro de una bala gigante para salvar la Tierra, condenándose a vagar sola por el espacio.
Y la lista no termina ahí. Durante la caída de Krakoa, Kitty se vio obligada a ejecutar a agentes de Orchis en Jerusalén, un episodio sangriento que la destrozó emocionalmente. Ahora, tras los últimos acontecimientos, la vemos arruinada, sin rumbo y atrapada en el flujo temporal, un destino muy lejano al de la heroína luminosa que muchos esperaban.
En ese espejo paralelo, los lectores pueden imaginar a una Kitty distinta, menos marcada por la violencia y la tragedia, lo que cuestiona si los sacrificios que ha realizado eran realmente necesarios para convertirla en la heroína que conocemos.
En Exceptional X-Men #12, la editorial nos obliga a mirar a Kitty desde otra perspectiva: la de alguien que entregó todo a la causa mutante y terminó pagando un precio demasiado alto. Quizás ese sea su verdadero poder, el de reflejar la vulnerabilidad de quienes, aun con habilidades extraordinarias, nunca dejan de ser humanos.
Lo cierto es que, más allá de la respuesta, Kitty Pryde ha logrado algo que pocos personajes alcanzan: encarnar tanto las luces como las sombras del heroísmo. Y eso, al final, es lo que la hace eterna en la memoria de los lectores.