El propio Del Toro ha explicado en varias ocasiones que este es el filme de sus sueños. “Es una película que llevo queriendo hacer desde hace 50 años, desde que vi por primera vez Frankenstein. Necesitaba crecer y tener herramientas que hace diez años no tenía. Ahora soy lo bastante valiente —o lo bastante loco— para hacerlo”. Con esas palabras, el cineasta deja claro que estamos ante su obra más íntima y arriesgada.
Si pensamos en películas previas de Frankenstein, el foco estaba en la criatura y en la ambición desmedida de su creador. Ahora, la decisión de que un mismo rostro encarne amor romántico y amor maternal ofrece una lectura más oscura y profunda. Esta capa extra puede convertir a la versión de Del Toro en la más provocadora y emocionalmente compleja jamás vista en pantalla.
El director nunca ha ocultado su devoción por Mary Shelley, a quien incluso mencionó en su discurso de los BAFTA de 2018 cuando ganó por La forma del agua. Para él, la joven autora de la novela es “la figura más importante del legado inglés” y una fuente de inspiración constante. No es extraño entonces que se haya volcado con una obra que no solo homenajea el mito de Frankenstein, sino que lo reinterpreta con su sello inconfundible.
Con la combinación de un reparto sólido, la sensibilidad oscura y fantástica del director y esta arriesgada propuesta de casting con Mia Goth en un doble papel, Frankenstein se perfila como una de las películas más inquietantes y esperadas del año.