Un giro inesperado conecta a dos de los villanos más icónicos de la saga Metal Gear Solid
Una idea que rompe todo
Quien haya jugado a Snake Eater recordará la perturbadora “batalla” contra el Sorrow, donde el jugador debía caminar entre los fantasmas de todos los enemigos eliminados durante la aventura. Esa misma mecánica —usar a las víctimas caídas como un castigo psicológico— también aparece en la icónica pelea contra Psycho Mantis en el primer Metal Gear Solid. Dos villanos con poderes psíquicos, dos escenas paralelas y un mismo recurso narrativo: el trauma como arma.
A partir de esa coincidencia, los fans han empezado a atar cabos. El trasfondo de Psycho Mantis encaja en la línea temporal de la Guerra Fría y lo sitúa como descendiente de un agente soviético con habilidades sobrenaturales. Y nadie encaja mejor en esa descripción que el Sorrow.
¿Qué problemas resuelve esta teoría?
Otro detalle intrigante se encuentra en Metal Gear Solid 4, cuando el espíritu de Psycho Mantis es expulsado por el propio Sorrow. La escena siempre se percibió como un cameo extraño, casi arbitrario. Pero bajo la lente de esta teoría, adquiere un nuevo peso emocional: un padre deteniendo a su propio hijo, aunque sea desde el más allá.
la importancia del legado en la saga
Si añadimos a Psycho Mantis a esta ecuación, la saga refuerza su eje central: los hijos que intentan huir del destino de sus padres y acaban atrapados en él. Esta reinterpretación daría además un equilibrio poético a la franquicia, creando un triángulo de “hermanos” —Ocelot, Snake y Mantis— que representan distintas formas de cargar con el pasado.
¿Hay agujeros en la línea temporal?
Claro, no todo encaja a la perfección. El Sorrow muere en 1962, mientras que se supone que Psycho Mantis nace en los 70. El desfase es evidente, pero no imposible dentro de un universo donde personajes vuelven de entre los muertos, clonan soldados y manipulan el tiempo narrativo sin pudor. Como dirían muchos fans: si Kojima quisiera, encontraría la manera de justificarlo.
Del mismo modo, la biografía de Mantis apunta a que su padre murió en el incendio que él mismo provocó siendo niño. Pero si algo nos ha enseñado la saga es que la muerte nunca es definitiva en Metal Gear.
Un final digno de Kojima
Y quizá, cuando volvamos a cruzarnos con el Sorrow en el remake, muchos no lo veamos solo como un espectro del pasado, sino como el eco de un padre que dejó tras de sí más sombras de las que imaginaba.


