El director de Studio Ghibli desvela el verdadero significado del enigmático personaje de El viaje de Chihiro
Durante años, fans de todo el mundo han debatido sobre el extraño comportamiento de Sin Cara, pero ahora el propio Hayao Miyazaki ha puesto las cartas sobre la mesa: el inquietante espíritu representa a las personas que no saben quiénes son sin los demás.
En una reciente intervención publicada tras una reposición televisiva de El viaje de Chihiro en Japón, Hayao Miyazaki explicó que Sin Cara simboliza a quienes “quieren aferrarse a alguien, pero no tienen un sentido de identidad propio”. Vamos, lo que comúnmente se conoce como gente pegajosa, de esa que te agobia con mensajes, halagos y favores que nadie ha pedido.
El personaje, que durante gran parte de la película apenas articula palabra, encarna ese tipo de dependencia emocional que puede acabar contaminando todo a su paso. Y no es casualidad: Miyazaki asegura que “hay montones de Sin Caras” en el mundo real. No se refiere a espíritus sin rostro (que sepamos), sino a ese tipo de personas que buscan desesperadamente afecto y aceptación, pero no desde el amor propio, sino desde el vacío.
Sin Cara en El viaje de Chihiro
Cuando Chihiro se cruza por primera vez con Sin Cara, éste no parece más que un bicho raro en segundo plano. Pero conforme avanza la trama, vemos cómo el personaje empieza a imitar los deseos de quienes le rodean, intentando ganarse su favor con oro y banquetes. El problema es que, como no tiene una identidad clara, todo se le va de las manos.
El resultado: un festín descontrolado, baños de codicia y finalmente una espiral de destrucción. Todo esto porque nadie le puso límites y él mismo no sabe quién es. ¿Os suena?
Es en su incapacidad de conectar de forma genuina donde radica el drama del personaje. Cuando intenta comprar el afecto de Chihiro, y esta lo rechaza, su rabia y frustración explotan, devorando literalmente a quienes antes lo adulaban. Más que un villano, Sin Cara es una advertencia: cuando alguien no se quiere a sí mismo, buscará desesperadamente que otros lo hagan por él, a cualquier precio.
Pero hay esperanza. Gracias a la bondad de Zeniba, la hermana de la malvada Yubaba, Sin Cara encuentra finalmente un espacio donde ser útil y aceptado sin necesidad de fingir ni impresionar a nadie. Por primera vez, su afecto no está contaminado por la necesidad de ser querido, sino por la tranquilidad de simplemente estar.

Un fenómeno sin precedentes para Ghibli
El viaje de Chihiro no solo es una joya artística y filosófica, también es el mayor éxito comercial en la historia de Studio Ghibli. Con más de 396 millones de dólares recaudados en taquilla en todo el mundo, sigue siendo la película más taquillera del estudio, incluso tras el reciente estreno de El chico y la garza.
Aclamada tanto en Japón como en el extranjero, la cinta dirigida por Miyazaki en 2001 se coló en 2025 en la lista de “Las 100 mejores películas del último siglo” elaborada por The New York Times, ocupando un destacado noveno puesto. ¿Exagerado? Para nada. A día de hoy, sigue siendo redescubierta por nuevas generaciones que la ven por primera vez en plataformas como Max o Netflix.
Y es que, más allá de su deslumbrante animación, la película sigue conectando porque habla de cosas muy humanas: la identidad, el miedo al cambio, el valor de la memoria… y sí, también de lo difícil que es poner límites a quien no sabe quién es sin ti.

El poder de los secundarios silenciosos
Aunque Chihiro es la protagonista absoluta, Sin Cara se ha convertido en uno de los personajes más icónicos y comercializables del universo Ghibli. Su máscara blanca, su silueta flotante, su ambigüedad… todo en él es un símbolo. Y, como ocurre con los buenos símbolos, permite múltiples interpretaciones.
Algunos fans lo han visto como una metáfora del consumismo, otros como una representación del trauma, e incluso hay quien cree que refleja la ansiedad social. Pero con esta nueva declaración de Miyazaki, el enfoque se aclara: Sin Cara es el espejo de quienes dependen emocionalmente de los demás para definirse.
Y ojo, eso no le convierte en un “malo” en el sentido tradicional. Más bien, es un alma perdida que necesita una guía, un refugio, alguien que no se deje atrapar por su oro ni por sus promesas vacías. Exactamente lo que representa Chihiro.


