La nueva precuela de Juego de Tronos para HBO juega con la historia Targaryen y prepara, en silencio, el legado de Aemon
La gracia de El Caballero de los Siete Reinos no está en dragones gigantes ni en guerras imposibles de seguir, sino en los detalles pequeños que cambian el significado de todo. Mientras la serie avanza con un tono más ligero y casi aventurero, hay un nombre que flota en el ambiente sin aparecer en pantalla… y que los fans veteranos reconocen al instante.
Porque sí, esta precuela ambientada un siglo antes de Juego de Tronos no necesita cameos evidentes para conectar con la serie madre. Le basta con sembrar el pasado de uno de sus personajes más sabios y trágicos, alguien que lo tuvo todo para reinar… y decidió no hacerlo.
Antes de llegar a Poniente como un anciano ciego en el Muro, Aemon Targaryen ya estaba tomando decisiones clave. Y El Caballero de los Siete Reinos se encarga de recordárnoslo, aunque sea entre líneas.

Aemon Targaryen en El Caballero de los Siete Reinos
Aunque Aemon Targaryen no aparece físicamente en la serie, su sombra es alargada. Es el hermano mayor de Aegon “Egg” Targaryen, el joven escudero que acompaña a Ser Duncan el Alto y que, contra todo pronóstico, acabará sentado en el Trono de Hierro.
La serie nos presenta al resto de los hijos de Maekar Targaryen: Daeron el Borracho, Aerion Fuego Brillante y el propio Egg. Falta uno. Y esa ausencia no es casual. En los relatos originales de George R. R. Martin se menciona que uno de los hijos fue enviado a la Ciudadela para convertirse en maestre. Los fans saben perfectamente quién es.
Ese joven es Aemon. El mismo que, décadas después, confesaría a Jon Nieve y Sam que renunció a la corona para servir al conocimiento y al deber. La serie no lo muestra, pero lo está construyendo narrativamente desde el minuto uno.
El rey que nunca quiso serlo
La historia de Aemon es, en el fondo, una anomalía en la dinastía Targaryen. En una familia obsesionada con el poder, él eligió desaparecer. Y eso es justo lo que hace que su figura resulte tan poderosa retrospectivamente.
Tras una sucesión caótica —muertes absurdas, juicios por combate y decisiones políticas discutibles—, Aemon era el siguiente en la línea de sucesión. Pero dijo no. Prefirió seguir siendo maestre antes que rey, dejando el camino libre a su hermano menor, Aegon V.
Ese gesto no solo cambió la historia de Poniente, sino que marcó el carácter del propio Egg. Aemon lo recuerda en Juego de Tronos como un joven alegre, muy distinto al rey serio y cansado en el que terminó convirtiéndose.
Una precuela que entiende Poniente
Aquí es donde El Caballero de los Siete Reinos acierta de lleno. En lugar de sobreexplicar, confía en la inteligencia del espectador. No hace falta ver a Aemon para entender su importancia. Basta con conocer el contexto, los silencios y las decisiones.
Frente a otras precuelas más grandilocuentes, la serie apuesta por una narrativa más íntima, centrada en personajes y consecuencias. Y eso la convierte en una precuela sorprendentemente efectiva, incluso para quienes ya conocen el destino final de los Targaryen.
Además, el formato más corto y fiel al material original juega a su favor. No hay relleno innecesario ni subtramas infladas. Todo está ahí para preparar el terreno de lo que vendrá después, desde la locura de Aerys II hasta la caída definitiva de la dinastía.
El valor de renunciar
Al final, Aemon Targaryen termina siendo uno de los personajes más lúcidos de todo el universo de Poniente precisamente porque nunca quiso gobernarlo. Vivió bajo nueve reyes, fue hijo, hermano y tío de reyes… y jamás se sentó en el trono.
El Caballero de los Siete Reinos no solo amplía el lore de Juego de Tronos, sino que reivindica que, a veces, el mayor acto de poder es saber apartarse. Y eso, en Poniente, es casi revolucionario.


