Una versión cancelada The Elder Scrolls VI prometía un final trágico al estilo Star Wars… y nos hemos quedado con las ganas
Hace años que The Elder Scrolls 6 es poco más que una promesa, una silueta lejana entre montañas pixeladas. Pero una reciente entrevista ha sacado a la luz lo que pudo haber sido… y lo que Bethesda decidió no contar. El veterano desarrollador Kurt Kuhlmann, antiguo loremaster de la saga, compartió un concepto descartado para el juego que habría cambiado por completo el tono de la franquicia. Olvídate de elegidos con destino heroico: en esta historia, los malos ganaban.
Inspirado en El Imperio Contraataca, Kuhlmann imaginó un final sombrío para TES6, con los Thalmor dominando el continente y la humanidad tambaleándose al borde del colapso. Según sus palabras, la idea era cerrar con un pequeño rayo de esperanza, como la protección de un heredero, pero dejando el plato fuerte para una séptima entrega. Un movimiento valiente, sí. Pero también arriesgado. ¿Bethesda está preparada para una narrativa así?
El final perdido
El problema, como suele pasar, fue interno. Kuhlmann había recibido una promesa verbal de que lideraría el desarrollo de TES6, pero esa promesa se esfumó. Todd Howard le ofreció un papel “importante”, pero no el liderazgo. Y con ello, su visión terminó relegada al cajón de ideas perdidas. El propio Kuhlmann admite que, con los largos ciclos de desarrollo actuales, un cliffhanger no era viable: si pasan 15 años entre entregas, los fans necesitan una conclusión, no un “continuará”.
Y eso nos deja con la sensación amarga de lo que podría haber sido. En lugar de repetir la fórmula del “elegido” —esa figura omnipresente en casi todos los RPG de mundo abierto—, TES6 pudo haberse atrevido a romper el molde. Kuhlmann quería alejarse del tropo del héroe predestinado, un cliché que, aunque funciona, ya huele a viejo. En Skyrim, el Dovahkiin no solo es el salvador del mundo, sino el jefe de cada gremio y facción. Demasiado poder, muy poca credibilidad.
Los Thalmor iban a ganar
El concepto descartado también abría la puerta a explorar una narrativa más coral y menos centrada en el jugador. Algo que juegos como The Witcher 3 o incluso Baldur’s Gate 3 han demostrado que puede funcionar: darle peso al mundo, a las decisiones, y no solo al protagonista. Los fans de Oblivion recordarán cómo el verdadero “elegido” era Martin Septim, mientras nosotros éramos más bien sus escoltas. Esa fórmula dejaba espacio para un desarrollo más equilibrado, algo que Kuhlmann quería recuperar.
Pero Bethesda ha seguido otra ruta. Si nos guiamos por Starfield, parece que el estudio prefiere mecánicas pulidas y mundos enormes, aunque a costa de la identidad narrativa que marcó a Morrowind y Oblivion. Lo que antes eran mundos con alma, ahora corren el riesgo de volverse genéricos.
Y, aun así, cuesta no fantasear con ese TES6 que nunca veremos: uno en el que los Thalmor reinan, el Imperio cae, y la oscuridad se cierne sobre Tamriel. Un juego que pondría a prueba nuestras decisiones y nos haría esperar con ansias una secuela que devolviera la luz. Pero eso, parece, no encajaba en los planes de Bethesda.

Un futuro sin elegidos
Tal vez, con suerte, The Elder Scrolls 6 aún nos sorprenda. Puede que no con una derrota tan impactante, pero sí con un enfoque más arriesgado. Quizá no necesitemos ser el elegido de cada historia, sino alguien que lucha por sobrevivir en un mundo que no gira a su alrededor. Y eso, en un RPG, puede ser mucho más real.
Hasta que llegue ese día, solo nos queda mirar ese tráiler con paisajes montañosos y preguntarnos: ¿qué historia esconderán esas tierras? Porque, por ahora, lo más emocionante de TES6… es lo que no fue.


