Reseña de ‘La Visión: Visiones del futuro’

El tomo presentado por Panini
El tomo presentado por Panini

El hecho de que Visión tenga una serie propia responde, me temo, a las exigencias de la comercialidad más absoluta. El ser artificial favorito de niños y niñas ha ganado enteros entre el público masivo, gracias a su importante papel en el universo cinematográfico Marvel. La era de Ultrón nos presentaba al personaje, y en Civil War se asentaba la presencia de una de las personalidades más extravagantes dentro de Los Vengadores. Marvel, en un evidente intento de aprovechar el tirón de sus películas, recupera a este personaje, creado por Roy Thomas y John Buscema, como protagonista de una cabecera con su nombre. Lo curioso es que el contenido de La Visión está bastante lejos de ser un producto formulado y masticado para lectores llegados de las salas de cine. Al contrario, lo que esconden las páginas de este cómic es, posiblemente, algunos de los momentos más brillantes de la Marvel reciente.

Es un giro atrevido de Marvel, pero no inesperado. La Casa de las Ideas ha conseguido en estos últimos años algo casi olvidado en el mundo del cómic comercial americano: capacidad de sorpresa. Junto con los contenidos habituales de la editorial, se nos ha entusiasmado con cosa distintas, valientes, desconcertantes. El giro hacia la experimentación dado con Ojo de Halcón en la fantástica etapa de Matt Fractión y David Aja mostraba el camino a muchas series por venir. Se dejaba claro que lo comercial no ha de estar reñido necesariamente con la audacia narrativa. Aparecieron después series tan deliciosas como Ms. Marvel o la genial etapa de Mark Waid en Daredevil. Extravagancias divertidísimas como Chica Ardilla o la nueva cara de Silver Surfer en manos de Dan Slott son la otra cara de Marvel, más allá de lo evidente y repetitivo.

La Visión continúa por esos derroteros, gracias a una sorprendente historia donde los netamente superheroico queda en segundo plano. Lo cotidiano, lo pequeño, lo terriblemente rutinario se transforma en un polvorín en las manos de Tom King. La habilidad literaria de King a la hora de afrontar su relato es una brutal mezcla de construcción de personajes y ambientes, adornado con un macabro toque de humor negro bastante despiadado. La forma de afrontar cada detalle del relato hacen la lectura de La Visión una de las experiencias más excitantes que se puede encontrar en un cómic comercial.

La Visión y familia
La Visión y familia

Tras las polémicas Secret Wars el estatus de muchos personajes ha cambiado. No es que el evento haya tenido enormes repercusiones a gran escala en el universo Marvel, pero sí hay detalles indicadores de pequeñas pero importantes variaciones. No entraré en el análisis ahora, pero nuestro protagonista de hoy es ejemplo de esos cambios.

La nueva identidad de Visión como personaje comenzó hace unos meses en una historia escrita por Mark Waid. Ayudado por Mahmud Asrar en el tablero de dibujo, leímos este relato en el número #0 (en portada de la edición de Panini, número 63 de Vengadores), tras las mencionadas Secret Wars. En esa breve intervención en un número coral, Waid explicaba como Visión, abrumado por las capacidades de su memoria perfecta, eliminaba las emociones ligadas a sus recuerdos. Delante de Wanda, su ex mujer. Un romántico, el tipo. Con los chips limpios de su pasado, es en esta nueva colección, perpetrada por el guionista Tom King y Gabriel Hernández Walta al dibujo, donde vemos las consecuencias de aquella limpieza.

En Visiones del futuro, primera entrega en España de la serie, se nos describe la nueva realidad del sintozoide. Su papel en los Vengadores es la de enlace gubernamental, así que se ha mudado a un tranquilo barrio de clase media cerca de Washington. El colmo de la normalidad, de lo previsible, de lo absolutamente predecible. La Visión ha entrado de lleno en un casi desesperado camino hacia la integración a toda costa en el concepto más plano de humanidad. Incluso ha creado a su propia familia. Mujer e hijos, una casa a las afueras, traje y corbata, reuniones familiares a la hora de la cena… idílico. Claro está, esta imagen de perfección esconde algo mucho más sórdido.

Maneras de entrar en el instituto
Maneras de entrar en el instituto

Para empezar, la gente del barrio no ve con buenos ojos la presencia del elemento extraño. La existencia de estos seres más allá de toda lógica es motivo de nerviosismo y desconfianza por parte de unos vecinos acostumbrados a ver las mismas caras todos los días. La enervante lógica por la que la familia artificial rige sus vidas los transforman en auténticos marcianos a los ojos de la comunidad. El conflicto está servido, claro, cuando estos seres sintéticos buscan su identidad en un entorno que se presenta sorprendentemente hostil. King utiliza las tensas relaciones entre los habitantes del suburbio de clase media prototipo de la América literaria para la construcción de uno de sus niveles narrativos. La reacción ante lo desconocido, de la desconfianza a la violencia pura y dura, sirve al escritor para el retrato social tan sincero como hiriente.

King ahonda en la decostrucción sin piedad de la clase media, convertidos los Visión en el terrible y forzado simulacro de normalidad imposible. La tensión de la búsqueda de la humanidad que los integre entre sus vecinos, conduce a los miembros de la familia a un escenario totalmente fuera de cualquier cómputo. Quizá estos robots son más humanos, en el concepto terrible de la palabra, de lo que esperaban. La violencia, las mentiras, las convenciones sociales, el rechazo, y la fina frontera entre la normalidad y la locura son los pilares narrativos de King, artífice de un inicio de colección fascinante.

En La Visión, la oscuridad se desencadena entre cuatro paredes. Mientras el protagonista se parte el espinazo contra la enésima amenaza cósmica, su familia se queda en casa. En el instituto. Junto a sus vecinos y compañeros de clase. Ahí es donde King encuentra su conflicto. En los pequeños detalles, en los mínimos desencuentros, en la habilidad para el diálogo y la fabulosa presentación de personajes. El uso inteligente de la información y la elegante prosa de este sorprendente guionista hacen de La Visión una lectura muy literaria, pero repleta de ritmo.

Se asemeja al conjunto de una serie de TV, por el perfecto manejo de la tensión y los magníficos ganchos, heredera de la narración descomprimida que rige la escritura de cómics hoy en día. Pero King lleva este estilo un paso más allá. No renuncia al texto, no tiene miedo de usar la palabra sin que eso signifique ninguna renuncia a la acción. Hay equilibrio en la propuesta de King, que hará las delicias de esos que buscan un paso adelante en el cómic.

Momentos de extraña intimidad
Momentos de extraña intimidad

Gabriel Hernández Walta completa el conjunto con una muestra de comedimiento y servicio a la historia. El artista reconoce las implicaciones emocionales de su historia, la carga de tensión y su naturaleza como retrato familiar. Los personajes viven en la viñeta gracias a la fabulosa selección de recursos visuales, integrados a la perfección con las intenciones de King, uno de esos casos fantásticos de comunión entre palabra e imagen. La construcción del entorno donde se desarrolla la historia encaja con el ambiente de intimidad siniestra y camino hacia la locura que se respira en cada página de La Visión. El trabajo se redondea con la aportación de la magnífica colorista Jordie Bellaire, una de las mejores en su campo. Hay belleza en las viñetas de La Visión, donde domina lo mínimo. Espectacular y emocionante, tras la apariencia de obvio en esos paisajes reconocibles de postal americana.

La Visión cumple las expectativas de la editorial. Es ideal para atraer nuevos lectores, que no necesitan conocimientos enciclopédicos sobre el personaje. Con lo básico, esta obra se disfruta de la primera a la última página. Para el lector habitual de cómics de superhéroes, La Visión es un desafío, una propuesta fresca. La dificultad de ser diferente en viñetas, la humanidad reflejada en un simulacro. No dejará indiferente. Eso es algo que no vemos todos los días.

Tom King se he hecho un nombre como guionista de cómics gracias a su participación como escritor en la serie de DC Grayson. Ahora aterriza en las oficinas de Marvel como escritor de La Visión, gran éxito de crítica y público. Como detalle curioso, King es ex agente de la CIA, donde sirvió como agente de operaciones de contraterrorismo.

Gabriel Hernández Walta es un dibujante español que ha centrado gran parte de su carrera en Estados Unidos. Sus primeros trabajos fueron para el selo IDW. En España, su trabajo más reconocido ha sido el realizado con el guionista El Torres, en los celebrados El Velo y El Bosque de los Suicidios.

 

La Visión se edita en España de la mano de Panini, en la colección 100%. Libro con solapas de 140 páginas, contiene los números del #1 al #6 de la edición original americana. El precio de venta al público de 13,50 euros.

¡Llega una de las más aclamadas series del momento! La Visión quiere ser humano. ¿Y qué hay más humano que la familia? Ahora, la tiene. Una mujer y dos hijos. Se parecen a él, tienen sus poderes y la necesidad de confundirse con los demás. ¿Qué puede ir mal?

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