martes, abril 16, 2024

Desencantada: o mueres como princesa, o vives lo suficiente para volverte la bruja

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Panini

Desencantada es una obra emotiva, dulce, con una Amy Adams que prueba el dilema entre morir como princesa, y vivir lo suficiente para volverse la bruja

Durante noviembre del año pasado se estrenó en Disney Plus la secuela de Encantada: Desencantada; a cargo de Adam Shankman y protagonizada por Amy Adams, así como Patrick Dempsey y Gabriella Baldacchino en los papeles de Robert y Morgan, respectivamente.

La trama presenta los años posteriores a la boda de Gisselle y Robert, y el príncipe Edward con Nancy. Se revela cómo la pareja protagónica ha tenido un bebé y da rienda a su nueva vida; desafortunadamente, no se trataría de un cuento de hadas. El cansancio, la distancia de Morgan tras su entrada a la adolescencia, así como la nostalgia de Gisselle por el reino mágico que dejó atrás traerán a la familia un conflicto que demandará un cambio de rumbo.

Como la nueva secuela revival de Disney, Desencantada enfrentaría el escepticismo y la acidez de una audiencia cada vez más suspicaz, más luego de la decepción que trajo Abracadabra 2 (Fletcher, 2022). Sin embargo, nada quita que este relato, junto con la destacada interpretación de Adams, fue capaz de construir una experiencia firme, más un mensaje maduro que sabe cómo apelar, especialmente a los mayores. ¿Pero cuáles son estos aciertos?

Analizando la premisa de Desencantada

Desencantada
Sólo por Disney Plus

El inicio de la obra emula lo mejor de las introducciones clásicas del Ratón, con este padre ardilla contando el cuento de Gisselle a sus hijos. El dibujo en 2D sigue tan impecable como los artistas californianos saben, resaltado la paleta de colores al momento de componer la escena. El uso de tonos marrones y dorados generan esa sensación de confort, sumado a ese naranja cargado de calidez.

Aquel panorama fomenta un contraste radical con los dibujos de Nueva York, con esos grises y celestes que generan una sensación de frío, propio de una urbe moderna, enorme e indiferente para unos habitantes individualistas y presos de su propia inercia. De ese modo, Shankman plantea una de las problemáticas más comunes de la vida citadina: la sobrepoblación, adjuntando los suburbios como solución.

Desencantada
Nadie dijo que ser madre es fácil

Por otra parte, la entrada a Monroeville capta la fuerte diferencia con el entorno anterior, no sólo en ubicación y apariencia, también en su fotografía y composición. Su énfasis en el verde y los tonos tierra, así como en pistas pastel recalcan la diferencia entre la gran ciudad y las comunas rururbanas; léase: acogedoras, espaciosas, y una cápsula en el tiempo que retrata esos años antes de la actual explosión demográfica.

Aún así, tales diferencias no alcanzan su apogeo hasta que la tesis principal es puesta sobre la mesa: los tiempos pasados y nuestra relación con ellos.

El deseo de Gisselle

Desencantada
¡Miren cómo se miran esas dos!

Con la mudanza, Gisselle no busca sólo comodidad; principalmente busca escaparse a un plano más parecido a Andalasia, con canciones a toda hora y cada quien apegado a su papel. No en vano, la primera diferencia entre su mundo y este radica en la constante incertidumbre derivada del mismo.

Algo similar se desprende de Morgan, y más por la etapa que ahora experimenta: su adolescencia. Es sabido que esta época es delicada y Baldacchino no vacila en demostrarlo. Destaca su poca asertividad para comunicarse, usando la ironía como escudo y la crueldad para liberar su frustración, lastimando a Gisselle, quien solo quiere hacerla feliz.

Esa etapa en que ser imbécil es demasiado gratuito…

Ahora, volviendo a la tesis: cómo el escapar a “los buenos tiempos” toma lo mejor de las personas.

Cuando Gisselle pide a la varita que su vida sea como un cuento de hadas, todo parece ir en su sitio. Morgan es una risueña chiquilla amante de atender el hogar, cantar con las aves y soñar con su príncipe azul; lo mismo con los pobladores, que pasan a ser aldeanos encantados devotos de una reina hechicera. No obstante, el precio sería que Andalasia se destruyera y que Gisselle se convirtiera en una madrastra malvada. Graso error de su parte.

Este punto marca una inflexión en su personaje a la usanza del Doctor Jekyll y Mister Hyde, la cual es dirigida por Adams con precisión. Además que cierto juego de planos, aplicando un filtro sepia para el lado oscuro de Gisselle, enfatiza el conflicto en su cabeza, mientras denota a sus respectivas identidades.

Qué interpretación, señores.

Por otro lado, el punto que más llamó la atención fue su interpretación musical con la reina: Badder, una declaración de guerra entre dos supervillanas. La pieza no sólo luce una cadencia melismática llena de un tinte más lírico, refleja la soberbia de dos divas peleando por el control a pulso de elegancia. Incluso se toman el tiempo de señalar las artimañas más icónicas de las brujas de Disney, apelando a la nostalgia, pero de manera prudente.

Pero si esto no bastó para volver Desencantada una pieza admirable, la cruzada de Morgan ratifica lo expuesto. El “árbol de los recuerdos” marca la antítesis al escapismo de su madre; si bien recalca la belleza de los tiempos pasados, su propuesta toma otra ruta: atesorar lo vivido, pero sin quitarle al presente sus experiencias. Así, les brindan el espacio que se merecen, lección que ambas princesas aprenden y que enmienda el vínculo que sus orgullos les arrebató.

De esa forma, por más que los últimos revivals han dejado a Disney en una posición desfavorable, Desencantada logra sacar la cara y sorprender al público con una obra emotiva, dulce y que aborda las sensibilidades de su generación con respeto y madurez. Por lo mismo es que también es tan recomendable, en especial por el trabajo de Adams, quien se nota que aprendió de Nolan respecto al dilema entre morir como princesa, y vivir lo suficiente para volverse la bruja. No se la pierdan.

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