Guillermo del Toro aclara el verdadero sentido de su Frankenstein y deja una frase para la historia

Guillermo del Toro
Panini

Guillermo del Toro sorprende en Venecia explicando qué teme realmente y cuál es la esencia de su película

Guillermo del Toro Frankenstein, Jacob Elordi Oscar Isaac, Mary Shelley adaptación, película Frankenstein 2025

Cuando Guillermo del Toro habla de monstruos, el público escucha. Su esperado Frankenstein, presentado en el Festival de Venecia, ha generado especulaciones sobre posibles paralelismos con la inteligencia artificial. Sin embargo, el cineasta mexicano ha dejado claro que esa no es la lectura que buscaba.

Las declaraciones de del Toro

Durante la rueda de prensa, del Toro confesó que no siente miedo por la inteligencia artificial, sino por algo mucho más cercano y cotidiano: “No tengo miedo de la inteligencia artificial. Tengo miedo de la estupidez natural”, declaró ante los periodistas. Su reflexión no solo arrancó sonrisas, también remarcó el verdadero corazón de la historia: qué significa ser humano y cómo enfrentamos nuestra propia imperfección.

Lejos de metáforas tecnológicas, el director defendió que su película intenta mostrar a personajes imperfectos y el derecho que todos tenemos a seguir siéndolo, incluso en tiempos marcados por la división y la opresión. “La pregunta seminal de la novela es: ¿Qué es ser humano? ¿Qué nos hace humanos?”, señaló con firmeza.

En su visión, la criatura de Mary Shelley y su creador no son simples símbolos de progreso científico, sino espejos de nuestras contradicciones. La cinta, que cuenta con Jacob Elordi, Oscar Isaac, Mia Goth y Christoph Waltz, se estrena en cines el 17 de octubre y llegará a Netflix el 7 de noviembre.

La pasión de del toro por los monstruos

La obsesión de Guillermo del Toro por retratar lo monstruoso viene de lejos. Basta recordar La forma del agua (2017), donde una mujer aislada encuentra el amor en un ser anfibio retenido en un laboratorio, o el ya legendario El laberinto del fauno, con criaturas como el Fauno o el espeluznante Hombre Pálido.

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En su filmografía también brillan títulos como Hellboy, Blade II, Crimson Peak o Pacific Rim, todos ellos explorando la delgada línea entre lo humano y lo monstruoso. Para muchos seguidores, era cuestión de tiempo que se adentrara en la historia definitiva sobre la creación de un ser vivo a partir de la ambición de un científico: Frankenstein.

Un clásico reinventado para nuevas generaciones

La novela de Mary Shelley, subtitulada El moderno Prometeo, es considerada por muchos como la primera obra de ciencia ficción. Publicada en 1818, advertía sobre los peligros de traspasar los límites de la naturaleza. Desde la mítica versión de 1931 con Boris Karloff hasta apariciones modernas como en Creature Commandos de DC, la criatura ha fascinado a generaciones enteras.

Del Toro, sin embargo, quiere alejar su propuesta de los clichés. Para él, lo aterrador no está en la apariencia del monstruo, sino en su inteligencia y en su deseo desesperado de amor y compañía. Esa mirada es la que promete diferenciar a su versión de tantas anteriores.

El monstruo más humano que nunca

A lo largo de la historia del cine, la criatura de Frankenstein ha pasado por transformaciones radicales: desde el rostro inmortalizado por Boris Karloff en 1931 hasta reinterpretaciones modernas en clave de terror, acción o incluso comedia. Sin embargo, del Toro insiste en que su versión va más allá del simple impacto visual. Para él, el monstruo no es un villano, sino un ser que refleja las contradicciones más profundas de nuestra especie: el miedo al rechazo, la necesidad de pertenencia y el dolor de la soledad.

Lo interesante es que, en palabras del propio director, el monstruo es quien más humanidad demuestra, mientras que el creador encarna la arrogancia y la indiferencia. Esta dualidad convierte la historia en una metáfora atemporal sobre la responsabilidad hacia lo que engendramos, ya sea un hijo, una idea o una invención. Así, la película se convierte en un recordatorio de que lo monstruoso puede estar en la falta de compasión, no en la apariencia.

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Entre Shelley y el presente

Aunque algunos críticos insistan en compararlo con los dilemas de la inteligencia artificial, del Toro subraya que el mensaje sigue siendo humano. Victor Frankenstein no solo violó la naturaleza al crear conciencia, sino que cometió el error más grave: abandonarla. Esa negligencia es la chispa del horror, y es ahí donde el director encuentra la relevancia de la obra para la sociedad actual.

Al final, Frankenstein no nos habla de máquinas o algoritmos, sino de nuestra incapacidad para entendernos y cuidarnos mutuamente. Y quizá por eso, la frase del director ha resonado tanto: el verdadero peligro no está en lo artificial, sino en lo humano.

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