Ni Jared Leto ni el regreso a La Red han conseguido rescatar a la franquicia de Tron
Fracaso en taquilla
Con este desplome, Tron: Ares apunta a cerrar su segundo fin de semana con unos 11 millones de dólares, alcanzando un acumulado de unos 54 o 55 millones en 10 días. Nada alentador para una superproducción de 180 millones de presupuesto (sin contar la promoción), que aspiraba a relanzar una franquicia dormida desde Tron: Legacy (2010).
Mientras tanto, el trono del box office se lo arrebató Black Phone 2, de Scott Derrickson, con 10,8 millones de dólares solo el viernes, situándose como número uno del fin de semana.
Un proyecto arriesgado desde el inicio
Desde que Disney dio luz verde a la película, Ares fue una apuesta difícil de justificar. Tron: Legacy ya había quedado por debajo de las expectativas, y la idea de revivir la saga en plena era del streaming se percibía como una maniobra nostálgica más que una necesidad real del público.
Las críticas mixtas tampoco han ayudado. Con un 52% en Rotten Tomatoes tras más de 180 reseñas, la película ha dividido a los fans entre quienes aprecian su ambición visual y quienes consideran que la historia no logra conectar emocionalmente.
El papel de Jared Leto bajo la lupa
Leto interpreta a Ares, un programa avanzado que cruza desde el mundo digital al real, en lo que se describe como el primer contacto entre humanos y una inteligencia artificial autónoma. Sin embargo, su reputación como actor polarizante y el recuerdo reciente de Morbius no han ayudado.
La Red se apaga
Sin embargo, ni la nostalgia ni el talento técnico han bastado para reavivar el interés. La película no ha conseguido conectar con las nuevas generaciones, ni emocionar a los fans veteranos.
¿Un adiós definitivo a la saga?
Todo apunta a que Ares podría convertirse en otro intento fallido de Disney por recuperar viejas glorias. Si su recaudación final queda por debajo de Morbius, el estudio podría archivar definitivamente la saga.
Aun así, el mundo de Tron siempre ha tenido un lugar especial en la cultura pop: su estética futurista, su reflexión sobre lo digital y lo humano, y su influencia en videojuegos y cine de ciencia ficción siguen siendo innegables. Quizá el problema no sea el concepto… sino la forma de contarlo en pleno 2025.


