La actriz se convierte en una sintética de Weyland-Yutani en el nuevo capítulo del universo Predator
Cuando Elle Fanning se puso en la piel de una androide de Weyland-Yutani para Predator: Badlands, muchos pensaron que su principal referencia sería el clásico de Ridley Scott de 1979. Sin embargo, la actriz ha sorprendido al revelar que ninguna de sus mayores influencias fue la original. En una entrevista con GamesRadar+, Fanning explicó que las claves de su interpretación estaban en Prometheus (2012) y en la mítica Aliens (1986) de James Cameron.
Predator: Badlands y el legado de Alien
En la película, Fanning interpreta a Thia, una androide sin piernas que posee una empatía y humanidad inéditas dentro de la saga. “Dan [Trachtenberg] y yo hablamos mucho sobre Prometheus y sobre Bishop [Lance Henriksen]; queríamos que Thia fuera distinta, pero que pareciera provenir de ese mismo universo”, contó la actriz. “Aunque esta historia está ambientada más lejos en el futuro que ninguna otra, Thia es el modelo más avanzado que hemos visto hasta ahora. Tiene emociones más humanas, más desarrolladas. Tiene empatía”.
Esa conexión con Prometheus y Aliens no es casual. En ambas películas, los androides —David y Bishop— son personajes que juegan con la fina línea entre máquina y emoción, algo que Fanning retoma para dar vida a Thia. El propio Trachtenberg, director también de Prey (2022), quiso que su androide reflejara una evolución dentro del universo Alien-Predator, uniendo ambos mundos más que nunca.
Una alianza imposible
Predator: Badlands se sitúa siglos después de los eventos de Prey y presenta a Dek (Dimitrius Schuster-Koloamatangi), un joven Yautja repudiado por su clan que busca redimirse enfrentándose a un enemigo legendario, el Kalisk, considerado el mayor cazador de la galaxia. En medio de su peligrosa misión, Dek se cruza con Thia, una androide que parece todo lo contrario a lo que un depredador respetaría: optimista, curiosa y humana.
Aunque al principio chocan, la extraña pareja termina convirtiéndose en aliados improbables, desafiando el rígido Código Yautja, que establece que “un Depredador no es amigo de nadie”. El resultado es una aventura espacial que mezcla acción, humor y una inesperada reflexión sobre la empatía y la redención.
Inspiraciones y mitología
Schuster-Koloamatangi confesó que se sumergió por completo en la historia de los Yautja para dar profundidad a su personaje. “Me metí muy a fondo, incluso llegué a estudiar cómo su ritual de caza surgió de la liberación de sus antiguos opresores; ese fue su primer trofeo”, explicó el actor. “La caza no es solo violencia para ellos, es una forma de honrar a sus ancestros. Es un rito de paso. Podría hablar de esto durante horas”.
Esa dedicación se refleja en el tono de la película, que según los primeros adelantos es más introspectiva y filosófica que las entregas anteriores, sin renunciar al ADN de acción y supervivencia que caracteriza a la franquicia.
Un nuevo horizonte para la saga
Con su estreno previsto para el 7 de noviembre de 2025, Predator: Badlands promete abrir una nueva era para el universo Alien-Predator, explorando territorios temáticos poco habituales: la conexión emocional, la identidad sintética y la herencia cultural de los cazadores interestelares.
Además, Dan Trachtenberg vuelve a demostrar su habilidad para reinventar clásicos sin perder su esencia, como ya hizo con Prey. Aquí lleva la historia a un terreno más ambicioso, fusionando ciencia ficción pura con drama existencial, y confiando en un dúo protagonista que promete química y tensión a partes iguales.
Para Elle Fanning, el papel de Thia representa una oportunidad de romper moldes dentro de la ciencia ficción moderna. “Quería que se sintiera viva, que el público olvidara que es una máquina”, explicó. “Al final, lo que define a Thia no es su cuerpo, sino su capacidad de sentir”.
Con ese enfoque, Predator: Badlands podría convertirse no solo en una de las películas de acción más esperadas del año, sino también en la más emocionalmente compleja del universo Predator. Y si algo está claro, es que Fanning y Schuster-Koloamatangi no han venido solo a cazar… sino a redefinir lo que significa ser humano en una galaxia donde los depredadores también pueden tener corazón.



