Los 90 fueron una década para el anime que se reinventó año tras año sin pedir permiso
Mejor anime de los 90
Y aunque solemos recordar la década por sus series —Evangelion, Sailor Moon, Dragon Ball Z—, la fiesta real estaba también en las salas de cine, donde estudios como Ghibli, Gainax o Production I.G empezaron a demostrar que el anime no era “solo dibujos”. Era cine. Del bueno.
Un año después, el 91 estalló con una obra que, sin saberlo, estaba calentando motores para lo que vendría: Nadia: The Secret of Blue Water – The Motion Picture. Dirigida por un jovencísimo Hideaki Anno que ya estaba acumulando traumas creativos para Evangelion, la cinta mezcla estética clásica, aventura verneana y un encanto irresistible que le permite sobreponerse incluso al abuso de metraje reciclado. En términos de legado, fue el ensayo general antes del terremoto emocional de 1995.
Empiezan a llegar los pesos pesados
A partir de ahí, la década se puso intensita. En 1992 llegó Fatal Fury: The Motion Picture, representante suprema de la fiebre de adaptaciones de fighting games. Entre coreografías imposibles, músculos que desafiaban la física y un Terry Bogard más carismático que nunca, la cinta capturó algo que muchas adaptaciones posteriores nunca entendieron: la mezcla justa de exageración, corazón y puñetazos bien animados.
El 93, en cambio, se rindió ante Sailor Moon R: The Movie, un testimonio de cómo una franquicia puede ser adorable, emocionante y visualmente apabullante sin perder su esencia. Fue la primera vez que las Sailor demostraron que podían triunfar tanto en televisión como en pantalla grande, y de paso firmaron uno de los momentos románticos más recordados del anime noventero.
Y entonces llegó 1995 con Ghost in the Shell, la película que redefinió la ciencia ficción animada y dejó boquiabierto hasta a James Cameron. Con una estética melancólica, un discurso filosófico que daba para tesis doctorales y una banda sonora que todavía pone los pelos de punta, fue el punto de inflexión que convirtió el anime en fenómeno global. Nadie pudo competir ese año. Ni ese siglo, casi.
Criaturas, el bosque e historias más adultas
En el 96 volvimos al terreno de los clásicos con Black Jack: The Movie, la adaptación del eterno manga médico de Osamu Tezuka. Misterio, ética, drama y una dirección impecable se combinaron para recordar al mundo que el anime también podía contar historias adultas sin depender de explosiones o demonios gigantes.
El 98 abrazó la fiebre de los 90 con Pokémon: The First Movie, que marcó a toda una generación con la escena de Pikachu llorando sobre Ash. Debajo del merchandising, la película escondía una reflexión sorprendentemente madura sobre la identidad y la vida, y un arranque centrado en Mewtwo que sigue siendo oro puro.
Un broche de oro para la década
En conjunto, los 90 demostraron que el anime no necesitaba límites. Solo ganas de innovar… y, ocasionalmente, un lobo gigante en 2D corriendo por el bosque.


