El final de la nueva película de Dan Trachtenberg abre la puerta a algo nunca visto en la franquicia Predator
El cazador ha vuelto… y no lo ha hecho solo. Predator: Badlands, dirigida por Dan Trachtenberg (Prey, Calle Cloverfield 10), acaba de aterrizar en los cines y ya está dando de qué hablar por su explosivo final. La cinta no solo ofrece una de las historias más completas del universo Yautja, sino que deja un cliffhanger que promete revolucionar la mitología de la saga con la introducción de un personaje hasta ahora inédito en acción real.
Predator: Badlands y el nacimiento de un nuevo linaje
El desenlace de Badlands lleva al joven Predator Dek a enfrentarse a su destino. Tras una brutal caza, descubre que la criatura que ha perseguido —el Kallisk— guarda un secreto biológico tan letal como valioso: su capacidad regenerativa. A su lado, Thia, interpretada por Elle Fanning, confiesa que su equipo de sintéticos de Weyland-Yutani no vino a exterminar a la bestia, sino a capturarla para sus experimentos.
A partir de ahí, la película se transforma en una montaña rusa de acción y lealtad. Dek y Thia unen fuerzas junto a Bud, una joven criatura alienígena que resulta ser la hija del propio Kallisk. Cuando todo parece perdido, el trío logra escapar del laboratorio sintético, pero a un alto precio: la muerte del monstruo adulto.
El momento más impactante llega cuando Dek regresa a Yautja Prime y reta a su propio padre a un duelo a muerte. El joven, considerado un paria por su linaje, logra imponerse con una ferocidad que recuerda al mejor Schwarzenegger de los ochenta. En un giro tan brutal como simbólico, Bud devora la cabeza del líder Yautja, proclamando el nacimiento de un nuevo clan.
La llegada de la primera Predator femenina
La escena final —una de esas que hacen que el público se quede pegado al asiento durante los créditos— muestra una flota de naves aproximándose al planeta. Thia pregunta quién lidera la invasión, y Dek responde con una sola frase que pone los pelos de punta: “Es mi madre.”
Ese detalle marca un hito en la saga, ya que, aunque los cómics y materiales extendidos han mostrado hembras Yautja, nunca antes habían aparecido en una película. Todo apunta a que Badlands 2 explorará el dominio matriarcal dentro de esta especie, donde las hembras son descritas como más fuertes y agresivas que los machos. Imagina el caos que eso puede generar en la jerarquía del planeta natal de los depredadores.
Trachtenberg parece decidido a dar un salto narrativo sin precedentes, algo similar a lo que hizo con Prey, pero elevando la escala al terreno espacial. Y con el éxito que está teniendo la película —que ya ha batido el récord de mejor estreno de la franquicia—, la secuela es prácticamente segura.
Un nuevo horizonte para la saga Predator
Más allá de la sangre y los trofeos, Badlands es una historia sobre identidad, herencia y redención. Dek no solo desafía a su especie, sino también su propia naturaleza. Su alianza con Thia, una humana sintética, añade un componente emocional poco habitual en la franquicia, lo que podría marcar una evolución temática hacia un tono más épico y complejo.
El joven actor Dimitrius Schuster-Koloamatangi encarna con intensidad ese conflicto interno, mientras Elle Fanning aporta humanidad y carisma a un personaje que equilibra la brutalidad del relato con una carga dramática genuina. La química entre ambos da a Badlands un aire de tragedia intergaláctica que recuerda a Aliens o Blade Runner.
El final abierto plantea múltiples posibilidades: un enfrentamiento entre madre e hijo, la exploración de la cultura Yautja femenina o incluso una guerra civil en su planeta natal. Y si algo ha demostrado Trachtenberg, es que sabe mantener viva la esencia del depredador mientras empuja sus límites más allá de lo esperado.
Con su mezcla de acción visceral, mitología expandida y personajes con peso emocional, Predator: Badlands no solo redefine la franquicia, sino que la prepara para su siguiente evolución. Y esta vez, parece que la verdadera cazadora aún no ha aparecido en pantalla.


